Me he topado con un artículo que me ha levantado de la silla. Titular: “Gerardus Mercator: por culpa de este señor, Europa se cree el ombligo del mundo”.

La culpa fue de Mercator. Atrevida afirmación. Bien es cierto que luego le descarga al pobre: “El flamenco no quiso engañar deliberadamente al mundo”, al tiempo que añade que “simplemente erró en las dimensiones al intentar plasmar un planeta esférico en una superficie plana, el gran reto, todavía sin resolver desde el siglo XVI, de los cartógrafos”. “Acertó con la forma de los continentes, pero no con los tamaños”, sentencia.

Mapa de Mercator.
Mapa de Mercator.

El eterno debate de las proyecciones

Surge en el artículo el eterno debate de las proyecciones, una cuestión que tiene mucho de geometría, que en el caso de la de Mercator deforma progresivamente la forma de las tierras emergidas conforme te acercas a los polos.

El dilema de la proyecciones y la situación de Mercator como “el malo” tiene mucho de simplificación. La opinión simplificada tenderá a situar así a Mercator como “un europeo imperialista y colonialista que puso a Europa en el centro del mapa y dibujó al continente de un tamaño muy superior a África, Asia y Latinoamérica”.

De este modo atribuirle a Mercator, por ejemplo, que hiciera más grande a la imperialista Europa, a costa de empequeñecer las tierras que colonizaba a sangre y fuego, para así justificar el colonialismo europeo está totalmente fuera de lugar. No parece que fuera era eso lo que buscaba el flamenco.

El mundo con proyección Mercator.
El mundo con proyección Mercator.

No es muy conocido que Gerardus Mercator llegó a hacer un mapa, en proyección cordiforme, susceptible de ser acusado de subvertir el orden religioso imperante en el Flandes de los años 40 del Siglo XVI. Tras la caza de herejes desatada en 1544 por las autoridades Habsburgo, Mercator acabó en prisión siendo juzgado por herejía.

Afortunadamente, salvó la vida y fue finalmente liberado. Pero acabó exiliado en Duisbourg (Alemania) donde en 1569 haría su famoso mapa, cuya fama es posterior a su muerte. Como tantos hombres ilustres, ni él mismo intuyó esa posibilidad.

Gerardus Mercator fue un retratista del mundo

Así que ver una intencionalidad en Mercator es cuanto menos difícil. No era un hombre alineado con corriente dominante alguna, sino un simple retratista del espacio físico circundante, un cartógrafo.

Tampoco la acusación de etnocentrismo tiene un pase. Mercator era un humano situado en un punto de la tierra, de manera que veía el mapa desde su punto de vista.

Mercator y Hondius, los dos cartógrafos más sobresalientes de la época.
Mercator y Hondius, los dos cartógrafos más sobresalientes de la época.

Tan etnocéntrico como quienes han hecho mapas a lo largo de la historia, desde cualquier lugar  y en cualquier cultura. De ahí a que la representación de Mercator del mundo se convirtiera en la versión dominante hay un gran salto. Pero me temo que en eso poco tuvo que ver el propio Mercator desde la tumba.

El problema no está en la proyección, sino en su uso unívoco

Así pues, el problema no está en la proyección en sí, que busca ser una representación de la tierra en el plano con un determinado fin (en el caso de Mercator facilitar la navegación). La política –y los mapas son pura política y poder- surge cuando una proyección es asumida como universal y unívoca, mucho más allá del fin para la que la pensó su autor.

Pero es bien sabido que los usos políticos de las proyecciones y las representaciones del mundo son infinitos. Aquí tienes unos cuantos ejemplos de mapas realizados con una finalidad política clarísima. Me temo que no es el caso de Gerardo. La culpa no es de Mercator.

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