Las estrechas fronteras de los Países Bálticos

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En estos últimos meses hemos venido publicando varios artículos monográficos sobre la geografía y la historia de los Países Bálticos. Es la manera con que denominamos a las tres repúblicas del norte de Europa situadas a lo largo de la ribera este del Mar Báltico.

A nivel general, en términos geopolíticos, económicos, turísticos, etcétera, se tiende a agrupar a Lituania, Letonia y Estonia como un bloque monolítico. Sin embargo, como hemos ido viendo, no es hasta sus sucesivas independencias, cuando comienzan  a conocerse colectivamente por ese nombre.

Aunque existen fuertes lazos entre los tres países y comparten aspectos geográficos y episodios históricos comunes, hemos visto preciso remarcar sus diferencias.

¿Cuáles son realmente los Países Bálticos?

Cultural, étnica y lingüísticamente, solo Letonia y Lituania pueden considerarse como pueblos «bálticos», ya que los estonios hablan una lengua finesa y muestran gran afinidad con los finlandeses. Los modernos letones y lituanos conservan las únicas lenguas supervivientes de los baltos, un grupo de tribus indoeuropeas que se establecieron entre el bajo Vístula y el alto Daugava y Dnieper hace 5.000 años.

Los lituanos, con plena conciencia nacional, compartieron porvenir desde los albores de la Edad Media, junto a polacos, bielorrusos y ucranianos. Sin embargo, letones y estonios, diluidos y sometidos por otros pueblos, no forjaron su identidad propia hasta finales del siglo XIX.

En 2018, se cumplió el centenario de la primera independencia de las Repúblicas Bálticas y por ello, estos tres países se coordinaron para emitir una moneda conmemorativa de 2 Euros:

Monedas de 2 euros comunes en su anverso de Estonia, Letonia y Lituania.
Monedas de 2 euros comunes en su anverso de Estonia, Letonia y Lituania.

Pequeños entre gigantes

Los desplazamientos de fronteras traen siempre cambios. Así, durante siglos, lituanos, letones y estonios fueron minorías dentro de estados multiétnicos mucho mayores. La desmembración de éstos y la conformación de sus propias repúblicas, transformaron en minorías a las antiguas “mayorías” (como alemanes y rusos).

De cualquier manera, la actual demarcación e idiosincrasia de estos tres países son el resultado de siglos de conflictos, cambios territoriales y dominación de otros pueblos del entorno unas veces y fructífera colaboración muchas otras. Repasemos brevemente la geografía de sus fronteras.

Lituania: resistencia ante la dominación extranjera

A diferencia de Estonia y Letonia, Lituania vive durante siglos de espalda al mar. Su territorio forma parte de la gran Mancomunidad de Polonia-Lituania que domina Bielorrusia y Ucrania durante siglos.

No se anexiona Kláipeda hasta 1923; la ciudad, con el nombre de Memel es alemana desde su fundación en 1252. En los alrededores de Vilna subsiste una importante minoría polaca, cuyos orígenes se remontan a los siglos XVI y XVII.

De hecho, la historia de Lituania está muy relacionada con la de Polonia y es por ello que se diferencia de sus dos vecinos bálticos (Estonia y Letonia) en aspectos como el cultural o el religioso. En concreto, los lituanos son mayoritariamente católicos, mientras letones y estonios son protestantes.

Las cinco regiones históricas de Lituania (Samogitia, Aukštaitija, Dzūkija, Suvalkija y Lituania Menor), han venido ocupando el mismo espacio desde que se tiene conocimiento del asentamiento de las primeras tribus bálticas en el territorio.

Su resistencia a las dominaciones extranjeras han motivado que los límites del pueblo lituano no se hayan movido durante más de un milenio. Quizá sea por ello también que, actualmente, de entre los países bálticos, Lituania sea el que tiene una población más homogénea (85% lituanos) y el lituano sea el idioma materno, y oficial, mayoritario.

Letonia: un pequeño país entre grandes imperios

De los países bálticos, Letonia es el país intermedio. Tanto por su propia localización geográfica, como por su número de habitantes y su superficie. Ni tan poblado ni extenso como su vecino del sur, Lituania, ni tan pequeño como Estonia.

El idioma letón, es junto al lituano, la única lengua báltica existente hoy en día. Pero, mientras que Lituania, se relaciona estrechamente con Polonia, la historia de Letonia está ligada a la de Estonia.

Letonia se organiza a ambos lados del caudaloso Daugava. En su desembocadura, Riga, la capital, alberga a un tercio de la población del a república. Antes de la independencia, al parte del país al sur del Daugava se llamaba Curlandia (capital, Mitau; en letón, Jelgava); la parte al norte formaba, con el sur de la Estonia actual, Livonia (capital, Riga).

Subsiste una gran proporción de rusos en la región de Daugavpils (Livonia interior), que fue unida a Rusia propiamente dicha en 1772. Los rusos son numerosos en esa zona y también en Riga, cuya población alemana y judía desapareció tras la Segunda Guerra Mundial. La frontera sur con Lituania no ha variado en esencia desde el siglo XIII. Por el contrario, la frontera norte con Estonia data de 1921.

Estonia: el más nórdico de los países bálticos

Habitada desde la prehistoria por los pueblos fineses, origen también de los actuales finlandeses, la historia de Estonia es pareja a la de su vecina Letonia. Sin embargo, el idioma estonio no guarda ninguna relación con las lenguas autóctonas de los otros dos estados bálticos, el lituano y el letón, las cuales son lenguas bálticas.

El estonio pertenece al grupo finés y ha estado muy influenciado por el alemán. Junto a ello, los estonios tienden a considerarse como un estado nórdico más. Su afinidad con Finlandia, un pasado como parte integrante de Dinamarca y de Suecia, y unos estándares de vida “escandinavos” motivan que los estonios busquen su adscripción a este selecto grupo.

La frontera oriental de Estonia data del siglo XIII; es una de las mas antiguas de Europa. Por contra, la frontera meridional se fija en 1921 siguiendo criterios étnicos. Los rusos son numerosos en el nordeste del país, en Tallin y en otras ciudades.

Las dos islas estonias son más conocidas por sus nombres escandinavos: Dagö (Hiiumaa) y Ösel (Saaremaa). Antes de la independencia de Estonia, Tallin y Tartu eran oficialmente denominadas por los nombres (germánicos) de Reval y Dorpat. Estonia mantiene un fuerte vínculo con Finlandia, y con el resto de países nórdicos a todos los niveles.

*Nota: toda la cartografía diseñada por Anne Le Fur, para Atlas de los Pueblos de Europa Central, 2008, Jean Sellier & André Sellier.

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