Los romanos pisaron la península Ibérica por primera vez a finales del siglo -III, en el contexto de la Segunda Guerra Púnica. Hispania sería el terreno en el que se pondría fin a la gran rivalidad de la antigüedad en el Mediterráneo occidental: Roma y Cartago.

La dos primeras guerras Púnicas (Wikipedia, Bourrichon)

Durante 7 siglos fue una provincia romana, una parte más de un estado al que dio varios personajes importantes: filósofos, escritores, naturalistas, gobernantes, políticos.

La región incluía los países actuales de España, Portugal, Andorra y la colonia de Gibraltar, además de Marruecos, algo del Sáhara Occidental y Mauritania después de la reforma de Diocleciano. La identificación de la provincia romana con el país actual de España es, por tanto, errónea. Huelga decir que los hispanos no se sentían más que romanos e hispanos en cuanto región de una entidad política superior.

La romanización y latinización en Hispania

Desde el mismo momento en que los romanos empiezan a asentarse en la península comienza el proceso de romanización. Este proceso se expandía al mismo tiempo que la dominación romana.

Conquista de Hispania (Wikipedia, HansenBCN)

Consistió en la asimilación de las costumbres, tradiciones, religión, instituciones políticas y sociales de los romanos por la población local. La República y el Imperio dejaron un legado cultural que ha perdurado hasta nuestros días.

El más palpable de todos ellos fue la latinización, consecuencia de la romanización. Si bien el latín no se imponía a la fuerza, era una herramienta de prestigio y ascenso social tal que se hizo imprescindible.

Las instituciones solo hablaban esta lengua, por lo tanto, en teoría, solo podías dirigirte a ellas en latín. En la práctica, el plurilingüismo de la sociedad romana en las zonas más remotas (y en otras que no lo eran tanto) era un hecho.

Del latín surgieron en la península el gallego-portugués (hoy gallego y portugués), el astur-leonés, el castellano o español, el navarro-aragonés y el catalán-valenciano, todas ellas con hablantes hoy día. Aparte de estas, ya se perdieron las lenguas mozárabes.

Lenguas en España y dialectos del español. Todas, excepto el vasco, vascuence o euskera, son latinas. El portugués también es latino

Curiosamente, no fueron los romanos quienes finalizaron la latinización de la península. Cuando cayó el Imperio, las zonas del norte estaban muy poco latinizadas. Fue la Iglesia, primero, y los refugiados que huyeron de la conquista musulmana árabe-bereber, después, quienes terminaron de instalar el latín en la boca de aquellas gentes.

Organización política del territorio hispano

La organización territorial y política de Hispania cambió a través de los más o menos 700 años de gobierno romano. Al principio, la península se dividió en dos provincias: Citerior, con capital en Tarraco (Tarragona), y Ulterior, con capital en Corduba (Córdoba).

Augusto, que terminó la conquista de la península, reorganizó el territorio en las provincias de Tarraconensis (casi toda la mitad norte, capital en Tarraco), Bética (más o menos la actual Andalucía, capital Corduba) y la Lusitania (comunidad autónoma de Extremadura y Portugal, capital en Emérita Augusta, actual Mérida).

Esta división estuvo vigente hasta finales del Imperio, salvo durante el gobierno de Caracalla, en que se creó una nueva provincia llamada Asturiae-Gallaeciae, sesgada de la Tarraconensis.

En el 298, Diocleciano dividió la Tarraconensis en tres provincias. Surgían la Cartaginensis, con capital en Carthago Nova (Cartagena) y la Gallaecia, con capital en Bracara Augusta (Braga). A finales del siglo III surge la provincia de Balearica (Islas Baleares).

División provincial de Diocleciano (Wikipedia, Rastrojo)

Se creaban también las prefacturas. El Imperio estaba dividido en cuatro, y la más occidental de todas era la Prefactura de las Galias. Las Prefacturas se dividían en diócesis, a la cabeza de la que se encontraban los vicarios. Las provincias de Hispania, junto con las del norte de África occidental, se englobaban en la diócesis de Hispania.

Cada provincia, además, se dividía en entidades menores llamadas conventos, cada uno con su capital.

Provincias y conventos en la división de Augusto (Wikipedia, Flappiefh)

Principales ciudades de la península

En Hispania hubo ciudades de importancia regional, porque las más importantes estaban en la parte oriental (esto nunca nos lo dijeron en el colegio, claro). Tenéis más información sobre demografía en Roma en este artículo.

La capital de Lusitania, Gallaecia, Tarraconensis, Bética y Cartaginensis eran, respectivamente: Emérita Augusta, Bracara Augusta, Tarraco, Corduba y Carthago Nova.

Es difícil saber la población que albergaban, aunque se ha calculado que Tarraco podría ser la ciudad con más almas, alrededor de 70 000. Vista esta dificultad, nos ayuda a saber su importancia la extensión que ocupaban (aunque no es decisivo).

Necrópolis de Tarraco (Tarragona)

Clunia, en la actual Burgos, ocupaba 100 hectáreas; Tarraco, Emérita y Astigi, 70; Gades, Itálica, Corduba, Caesar Augusta, Carthago Nova y Carmo, 50 (no están incluidas las ciudades portuguesas por falta de datos, aunque las más importante era Braga, Oporto y Lisboa).

Muchas de estas ciudades se encontraban cerca de recursos naturales de importancia. Y es que, de hecho, la guerra con Carthago fue una excusa que los romanos usaron, como prácticamente todas las guerras del mundo y la historia, para poder hacerse más ricos.

La minería en la Hispania romana

Era famosa en todo el Mediterráneo la minería de Hispania. Principalmente, para los romanos, las minas de plata que explotaban los cartagineses cerca de Carthago Nova. Roma explotó las minas por todo el territorio mediante empresas estatales. Más tarde se abrió una parte a la explotación privada, lo que enriqueció a algunas familias.

Las crónicas cuentan que la explotación minera en el siglo -II era ya de nueve millones de denarios (eso es mucho, más que la cifra que se consiguió anualmente con los saqueos durante la conquista).

Las Médulas, provincia de León, comunidad autónoma de Castilla y León, España

En las minas de Carthago trabajaban en época de César unos 40 000 esclavos. Extraían principalmente plata, cobre, hierro y plomo. En la Bética extraían plata, cobre, hierro y mercurio. El lapis specularis (un tipo de piedra) se sacaba de Toledo y Cuenca. Las Médulas, en León, eran una importante mina de oro a cielo abierto que ha dejado unos paisajes inconfundibles.

La agricultura y la pesca en la Hispania romana

La agricultura era otra parte fundamental de la economía peninsular. En Hispania destaca el cultivo de la aceituna, sobre todo en la costa de la Tarraconense y la Bética. Esta última se especializó en la producción de aceite de oliva (como hoy).

La vid produjo caldos de alta calidad, que se llevaban directamente a Roma, y otros de menor calidad que eran consumidos por la población local, más baratos.

Ruinas de Baelo Claudia, Bolonia, provincia de Cádiz, comunidad autónoma de Andalucía, España. Esta ciudad fue famosa por sus salazones y la fabricación de garum

Respecto a la pesca, los sectores más importantes eran la salsamenta, el pescado en salazón, y la fabricación de la salsa garum, hecha de tripas de pescado y que les encantaba a los romanos.

Las vías de comunicación de Hispania

Una de las cosas que más sorprende actualmente son las calzadas romanas. Las vías de comunicación tenían un trazado muy inteligente. Tanto, que hoy día muchas autopistas y carreteras pasan junto a los caminos imperiales.

La vía Augusta conectaba todo el corredor del Mediterráneo, desde los Pirineos hasta Carthago Nova, y conectaba directamente las ciudades del litoral con Roma. Desde Carthago Nova partía hacia el oeste adentrándose en la Bética hasta terminar en Gades (Cádiz).

Calzadas romanas en la península (Wikipedia, Redtony)

Otra ruta importante, y la que más fama tiene hoy día (hay una autopista con el mismo nombre), partía desde Asturica Augusta (Astorga, en León), hasta Emérita Augusta (Mérida), desde donde salía un ramal que conectaba con la vía anterior a través de Hispalis (Sevilla) e Itálica (cerca de Sevilla).

Actual red de autopistas autonómicas y estatales española. Los parecidos con el mapa de las calzadas romanas en Hispania es evidente. El gran cambio es la importancia geopolítica de Madrid

Entre estas dos vías principales corrían numerosos caminos de menor o mayor importancia. Caben destacar la que conectaba Asturica Augusta con Burdeos, en Francia, o también Astorga con la vía Augusta a la altura de Barcelona, que recorría el valle del Ebro.

Otras vías secundarias unían Braga con Lisboa, esta con Santarém, o Mérida con Zaragoza a través de Toledo. También existía una red secundaria que unía Cádiz con Cartagena por la costa: la vía Hercúlea.

Para terminar, y como curiosidad, aquí os dejo este mapa creado por Sasha Trubetskoy, aficionado a los mapas, que representa las vías romanas en Hispania con diseño de plano de metro.

Mapa que representa las vías romanas en Hispania con diseño de plano de metro. Autor: Sasha Trubetskoy,

Fuentes: Mayores ciudades de la Hispania romana, Vías de Hispania, Las calzadas romanas en Hispania.

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