Hace poco tiempo hubo una gran polémica relacionada con un documental del Imperio Romano en Reino Unido. Eran unos dibujos animados que explicaban la vida en la época, y el protagonista era un centurión africano y negro. Rápidamente, los más puristas saltaron con críticas del tipo de “la corrección política no debe estar por encima del rigor histórico”.

Fotograma de la serie de dibujos animados británica en la que parecen romanos negros.
Fotograma de la serie de dibujos animados británica en la que parecen romanos negros. Youtube.

Los historiadores se defendieron asegurando que Roma era un Estado, de hecho, multiétnico, y que es más que probable que hubiera no uno, sino bastantes centuriones negros, germanos, celtas, egipcios o de cualquier otra parte del territorio bajo su dominio.

La configuración étnica de Roma

La configuración étnica de Roma era muy variada, y en sus ciudades convivían diversas razas a causa del fenómeno nada moderno de la inmigración. Así, en Baelo Claudia, una pequeña aunque importante ciudad (en aquella época) de Andalucía, en el sur de España, de unos 4.000 habitantes, encontramos en el mismísimo foro un templo dedicado a la diosa egipcia Isis.

Ruinas de Baelo Claudia, en la actual provincia de Cádiz, con la playa de Bolonia al fondo.
Ruinas de Baelo Claudia, en la actual provincia de Cádiz, con la playa de Bolonia al fondo.

No parece muy realista pensar que la comunidad egipcia fue tan numerosa en Baelo para necesitar de un templo. Lo más probable es que el culto a esta diosa estuviera ampliamente difundido por todo el Estado. Pero es lógico pensar que movimientos migratorios desde Egipto a diversas partes del suelo romano llevaron su culto a tal posición de privilegio.

Si la influencia de la multietnicidad había llegado a esa pequeña ciudad de un rincón del Imperio, podemos imaginar cómo sería la situación en las grandes ciudades. En Roma capital, la mezcolanza debía ser algo parecido, en proporción a su población, tamaño y época, a lo que se vive hoy día en cualquier gran ciudad europea.

La población de las ciudades de la Antigua Roma

Y es que Roma, la capital, llegó a tener, en el siglo I d.C., aproximadamente un millón de habitantes. Con esa población, sería la tercera ciudad en España. La capital del Estado es famosa entre todo el mundo, pero no fue su única gran urbe.

Una maqueta de la Roma imperial
Una maqueta de la Roma imperial. Wikipedia.

Otras muchas ciudades prosperaron y crecieron bajo el mandato de los emperadores, y fueron adquiriendo importancia y población debido al comercio interno y externo. Alejandría, en Egipto, y Antioquía, en Turquía, se disputan la segunda posición.

Ambas estarían alrededor del medio millón de habitantes (más de lo que, por ejemplo, tiene la segunda hoy en día). Cartago y Pérgamo rondarían los tres cientos mil habitantes, Éfeso, dos cientos mil, Atenas, cien mil… en Hispania, Gades y Tarraco parecen ser las que albergaron más población, aunque hay muchas discrepancias dependiendo de la época en la que nos fijemos.

Reparto de la población por provincias romanas

Por provincias, Italia contaba con 8,1 millones de habitantes, Hispania, 7,5 millones; la Galia, 9 millones; Grecia, 3 millones, la cuenca del Danubio contaba con 4 millones; Asia Menor era la más poblada con 9,2 millones; Siria tenía 4,8 millones, Chipre, 200.000, Egipto, 5 millones , Cirenaica 600.000 y el Magreb 6,5 millones.

Mapa con la estimación de población del Imperio Romano.
Mapa con la estimación de población del Imperio Romano. Fuente: Aaron Roberts.

A esta población, más estable, se le ha sumado una cifra de 2,7 millones de otras tierras conquistadas. De este modo, el total del Estado Romano sería para el año 164 d.C. de alrededor de 61,2 millones de habitantes, según los cálculos del historiador Frier.

Importante inmigración en la Antigua Roma

Cabe destacar que la mortalidad infantil era tan grande que el saldo positivo de la población romana se debía a la inmigración.

Es fácil imaginar la cantidad de gente que entraba a diario en tierras romanas para ganarse la vida mejor que en su tierra natal. El latín era la lengua oficial del Imperio y la única en la que se redactaban documentos oficiales. Pero los romanos nunca tuvieron una política de represión linguística y nunca obligaron (directamente) a los pueblos sometidos a aprender su idioma.

Lor romanos de la decadencia.
Lor romanos de la decadencia. Thomas Couture.

Este convivió con muchísimas otras lenguas, la más importante de todas ellas, por supuesto, el griego. El griego no solo no perdió terreno con la llegada de Roma, sino que se vio favorecido por ella. Se convirtió en la lengua franca de toda la parte oriental del Estado, la de las transacciones comerciales e incluso con más prestigio cultural que el latín.

Solo la Dacia (Rumanía) se mantuvo más latina que griega en oriente. En occidente el latín no tenía rival, pero muchas comunidades continuaron hablando su lengua hasta la llegada del cristianismo, que convirtió la lengua del Lacio en su principal arma de expansión en estas latitudes.

Se mantuvieron las lenguas autóctonas

En la Galia, se conservaron y continuaron hablando muchas lenguas célticas, también en Hispania y Britannia. En la península Ibérica, además, el ibero y el lusitano continuaron hablándose hasta las invasiones bárbaras.

Las lenguas germánicas eran ampliamente habladas en la zona del limes, la frontera con Germania. Cabe destacar también la importancia, volviendo de nuevo a oriente, del copto. Era el descendiente directo de la lengua egipcia de los faraones. Se conservó y aún existe hoy día como lengua ritual de la rama de la cristiandad que lleva su mismo nombre: los coptos.

Fotograma de la película 'La caída del Imperio Romano'
Fotograma de la película ‘La caída del Imperio Romano’

La polémica del documental británico, en definitiva, no parecía en absoluto justificada. El Imperio Romano no es lo que nos muestran las películas de Hollywood, era una mezcla racial y linguística absoluta.

3 COMENTARIOS

  1. Italia es una creación del siglo XIX, hasta ese momento y desde el imperio sufrió múltiples ocupaciones, desde los normandos norteños hasta los bereberes africanos, sin olvidar a los reinos hispanos, franceses y germanos. Todo un rompecabezas.

  2. No se precisa nada sobre las razas en el imperio. Solo se precisan, generalizando, las diversas regiones (provincias) del Imperio. Naturalmente que tendría que haber componentes de raza negra en el ejército, sobre todo a partir de su apertura a las clases populares y a los nativos de las provincias. Ahora bien, el asunto de la diversidad de razas no preocupa más que a los racistas; y es obvio que la sociedad romana en su fase imperial fue fundamentalmente integradora.
    No debemos olvidar, tema del templo de Isis en Bolonia, la importancia del comercio y que el culto de Isis estuvo generalizado en todo el imperio, no pertenecientes únicamente a las retinas de ascendencia Egipcia.

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