La geografía de la mitología griega

Desde cierto punto de vista, podríamos interpretar que las diferentes mitologías de las religiones humanas son literatura fantástica. Muchos libros se han llenado a lo largo de la historia para intentar recopilar estas historias, que se han ido contando de generación en generación y nos siguen fascinando hoy día.

Todas estas historias ocurrían en lugares que algunos consideraban simples leyendas, pero que para otros eran y son reales incluso hoy en día. Los antiguos mitos griegos, romanos, escandinavos, hebreos o cristianos crearon otros mundos soñados que se alejaban de la vida terrenal y los poblaron de elementos fantásticos.

Una de las principales mitologías que sigue encandilándonos desde hace miles de años es la griega. Tenemos información de los mundos donde ocurrieron y podemos crearnos una imagen bastante buena gracias a sus descripciones.

El monte Olimpo

El primer lugar al que tenemos que acudir en la mitología griega es, de hecho, tan real como cualquier otro accidente geográfico del planeta: el monte Olimpo.

Se trata de la montaña más alta de Grecia y la segunda de toda la península de los Balcanes, con 2918 m. Tiene el título de Reserva de la Biosfera (el Patrimonio de la Humanidad de la naturaleza, podríamos decir).

Es una montaña aislada con una circunferencia de 150 km cuadrados y ocupa alrededor de 500 km cuadrados.

El monte Olimpo (Wikimedia Commons)

En la época en que vivieron los antiguos griegos, la montaña era hogar de leones, ciervos y osos, aunque ya no se encuentran allí. Actualmente la habitan cabras, corzos, gatos monteses, garduñas y ardillas.

Para los griegos precristianos, este monte era sagrado y era el lugar donde vivían los dioses más importantes de su panteón en palacios de cristal.

Zeus gobernaba junto a Hera, su esposa. El resto de dioses eran Poseidón, Afrodita, Ares, Atenea, Hermes, Apolo, Artemisa, Hefesto, Deméter y Hestia.

No obstante, estos 12 dioses estaban sujetos a cambio. Con el tiempo, se añadieron algunos otros, como Heracles (Hércules), y desaparecieron algunos de los originales.

El Hades: el inframundo griego

Hades era el inframundo griego, gobernado por el dios homónimo. El dios Hades no vivía en el Olimpo porque, al tratarse del dios de los muertos, no terminaba de estar bien visto por el resto de dioses, a pesar de ser uno de los más importantes. Gracias a él, que combatió junto a sus hermanos Zeus y Poseidón, se pudo derrotar a los titanes en las guerras primigenias.

La imagen que tenemos del Hades en la cultura popular es la de un lugar oscuro y de tormento, pero no todo el reino de los muertos era así.

Lo primero que encontraban los difuntos al llegar era el río Aqueronte, donde debía cogerse una barca gobernada por el barquero Caronte, que exigía el pago de una moneda. Si el cadáver no tenía dinero, esperaba en la orilla 100 años. Al otro lado del río se encontraba el can Cerbero, un perro de tres cabezas.

Esta tierra estaba regada por cinco ríos: el Aqueronte (el río de la pena), el Cocito (de las lamentaciones), el Flegetonte (del fuego), el Lete (del olvido) y el Estigio (del odio).

La zona donde se encontraban los muertos, y donde las personas malvadas eran torturadas, era el Tártaro.

Paolo Vetri, Dante y Virgilio ante la barca de Caronte (Wikimedia Commons)

Los Campos de Asfódelos

Como su nombre indica, eran unos prados donde la única vegetación que había era el tipo de flor asfódelo, el alimento favorito de los muertos.

Allí habitaban las almas que no habían sido ni buenas ni malas, y trabajaban en sus labores rutinarias durante el resto de la eternidad.

En algunos textos se describe como un lugar oscuro y fantasmal, mientras que en otros lo consideran una tierra neutral.

Algunos autores mencionan que los difuntos que allí habitaban bebían de las aguas del río Lete, por lo que perdían para siempre el recuerdo de sus vidas pasadas.

También era considerado como el sitio al que van la mayoría de las almas cuando las personas morían en el mundo de los vivos.

Para algunos, formaba parte del Hades, para otros no, hay quien lo equipara al propio Hades y hay quien dejó escrito que, en realidad, estos son los propios Campos Elíseos.

La mitología griega, como la inmensa mayoría, está lejos de tener una sola versión.

Los Campos Elíseos

Más allá del gran océano occidental (el Atlántico), cuando acababa el mundo, se llegaba a una tierra de praderas verdes iluminadas por un esplendoroso sol (puede que a algunos os recuerde al Valinor de Tolkien en el Señor de los anillos y no sería arriesgado afirmar que el profesor inglés se inspiró en este mito para el continente de su Legendarium).

La entrada a este paraíso estaba reservada y no todos tenían cabida, aunque la admisión fue variando con el tiempo.

En sus primeras etapas, solo los dioses o personas que estuvieran relacionadas con ellos podían entrar. Con el tiempo, también los grandes héroes o los virtuosos acabaron en el Elíseo, y con el tiempo pasó a ser el lugar al que iba cualquier mortal que durante su vida hubiera sido justo, heroico o bondadoso.

Según el autor, podría ser una isla, un archipiélago o un continente. Sus gobernantes varían, pudiendo ser Radamantis o Cronos.

En esta tierra no se conocía la maldad, la muerte o el deseo terrenal.

Carlos Schwabe, Campos Elíseos (Wikipedia)

El jardín de las Hespérides

Me gustaría mencionar para terminar este lugar mágico. Para algunos cultos griegos (la religión griega, en realidad, cambiaba mucho de unas ciudades a otras, aunque tuvieran unos dioses en común, que no eran todos), este jardín acabó sustituyendo a los Campos Elíseos, pero no fue un cambio generalizado.

Lo interesante de este jadrdín, que estaría localizado en el límite del mundo, es decir, en las columnas de Hércules, o sea, o en la península ibérica o en el norte de África, es que era aquí donde crecían las manzanas de la inmortalidad.

Este jardín era el huerto de Hera, diosa que quiso proteger su terreno con un dragón de 100 cabezas que nunca dormía. El undécimo trabajo de Hércules fue robar las manzanas de este jardín.

La geografía de El señor de los anillos

Bibliografía

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