Venus, en Roma, era la diosa del amor, y la helenización de las clases altas romanas acabó equiparándola a la Afrodita griega.

Como deidad del amor, Venus (Afrodita) podía ser también colérica, iracunda, vengativa y cruel.

El amor de Venus es fuego, y este puede encontrarse perfectamente en el planeta homónimo. Aunque está más alejado del Sol que Mercurio, tiene la temperatura más cálida de todo el sistema solar. Puede que esto sea un don de la diosa a su tocayo.

Venus es el segundo entre los planetas del sistema solar, y es un planeta telúrico, es decir, con superficie rocosa. En esta clasificación también entran Mercurio, Marte y, claro, La Tierra.

Venus desde fuera

Lo primero que destaca en Venus es su órbita. Es la más circular de todas, casi esférica. También es el planeta que más se acerca a la Tierra. Lo más próximo que lo hemos tenido, con registro, ha sido a 39.514.827 km, en 1850. Volverá a acercarse mucho en 2101.

La órbita casi circular de Venus

Otra curiosidad que, además, no tiene explicación, es que es el único planeta que gira en dirección contraria a la de la Tierra. Es decir, de este a oeste. Este fenómeno se conoce como movimiento retrógrado.

Es, junto a Mercurio, el único planeta que podemos ver en contraste con el Sol, como una mancha negra en la superficie del astro. Por desgracia, es muy poco frecuente.

La Tierra tarda 24 horas en girar sobre sí misma, o sea, un día. Venus tarda 243 días terrestres, casi un año para nosotros. Sin embargo, su año dura 224 días. Es decir, que pasa un año antes de que pase un día. Esto tiene una explicación muy sencilla: el movimiento de rotación es muy, muy lento.

A Venus se le llama el planeta hermano de la Tierra por su tamaño: el diámetro de nuestro hogar es de 12.742 km, el de Venus, 12.103.

Comparación de tamaño entre Venus y la Tierra

La atmósfera del planeta hermano

Su atmósfera está formada principalmente de dióxido de carbono y su presión es 90 veces la de la Tierra. Esto es, la que sentimos si nos sumergimos en el océano 1 km de profundidad. O sea, que si ponemos un pie en Venus moriríamos aplastados al instante.

Está cubierto completamente por nubes formadas de dióxido de azufre y ácido sulfúrico que impiden contemplar su superficie. Además, estas nubes se mueven constante y muy rápidamente debido a los vientos de más de 350 km/hora que las sacuden. Por si no fuera poco, están soltando perennemente lluvia ácida.

Vista de Venus eliminando la capa de nubes perpetuas que lo cubre

Un planeta de extremos

Es el planeta más caliente de todo el sistema solar. Incluso más que Mercurio, que está más cercano al Sol. En la superficie, la temperatura nunca baja de los 400º y puede superar los 470º.

Y eso que no recibe la luz del Sol porque la gruesa capa de nubes la refleja hacia el espacio. Este reflejo hace que sea el planeta más brillante de todo el sistema solar. El resultado de esta temperatura extrema es que podríamos fundir plomo dejándolo en el suelo.

La superficie de Venus es un auténtico infierno ardiente y caótico. Se calcula que, como mínimo, hay 1600 volcanes. La mayoría no están activos, pero algunos todavía erupcionan.

Geografía de Venus

Tiene dos masas de tierra elevada, que podríamos considerar continentes. En el norte, Ishtar Terra, de un tamaño aproximado al de Australia, y en el sur, Maxwell Montes, más o menos como Sudamérica.

La mayor montaña de Venus está en Ishtar y es un par de kilómetros más alta que el Everest. Todos los demás accidentes geográficos tienen nombres de mujeres mitológicas.

Mapa de la altimetría de Venus

El interior del planeta también es parecido al nuestro: núcleo de hierro de cerca de 3.000 kilómetros cuadrados y un manto rocoso que cubre toda la superficie.

Al parecer, en Venus hubo tanta agua como en la Tierra, y fue un planeta habitable durante, como mínimo, 2000 millones de años. Pero la cercana radiación del Sol, sin ningún filtro que lo protegiera, hizo que el agua se evaporara y se llegara a la situación en la que se encuentra actualmente.

Venus para la humanidad

Venus es fácilmente observable a simple vista, pero solo por la mañana y por la noche, nunca a mediodía. Esto hace que desde la antigüedad haya estado documentado y haya tenido importancia en las sociedades humanas.

Los mayas tenían muchos datos sobre él, y los griegos y los romanos le daban nombres de deidades. El hecho de que solo se pueda ver por la noche y por la mañana hizo pensar que se trataba de dos astros diferentes.

Como curiosidad, y enlazando con el artículo que escribí sobre la Tierra Media, Tolkien pensó en Venus para su mundo de fantasía. En El Silmarillion, Eärendil, el medio elfo, lleva en su frente uno de los Silmarils, una joya de increíble valor y poder, y viaja por el cielo para ser la luz de la esperanza de los hombres por mandato de Manwë (un dios).

Es, pese a su modernidad, uno de las explicaciones más bellas que se han dado sobre nuestro planeta hermano.

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