Mercurio era el dios romano encargado de las transacciones comerciales, entre otras muchas cosas. Gracias a este aspecto, ganó mucha importancia entre las naciones conquistadas por los romanos, ya que esta actividad económica era fundamental para todos los pueblos del centro y occidente europeos.

Los celtas o los germanos ayudaron a Mercurio a ganar popularidad y a expandirse entre la población de todo el estado romano.

Pero los dioses nunca se contentan con reinar sobre un concepto, son caprichosos, siempre quieren más. Mercurio era también un dios mensajero, y como tal, volaba, era rápido, ágil, escurridizo.

Es pequeño y está muy cerca del sol

El nombre le viene perfecto al planeta del que trata el artículo, el más pequeño y el más rápido de todos los de nuestro sistema solar. Su radio ecuatorial es de 2440 km, frente a los 6378 de la Tierra.

El sistema solar. Mercurio es el planeta más cercano al sol

Es uno de los cuatro planetas interiores o telúricos, con una superficie de rocas y tierra, junto a la Tierra, Marte y Venus. También es el más cercano al sol, con una distancia media de 57 910 000 km. Puede parecer una distancia enorme, pero si lo comparamos con la nuestra veremos una diferencia significativa: 149 600 000 km. Es casi una tercera parte.

Como es el planeta más cercano al sol, no es extraño que pensáramos que es el más cálido. Pues, sorprendentemente, no lo es.

La temperatura máxima en la parte iluminada por el sol puede llegar a los 430º pero, como su atmósfera es tan débil, no retiene el calor. Así, por la noche podemos encontrar bajadas del mercurio (ja, ja, ja…) hasta los 170º bajo cero. El planeta más cálido es Venus, que se mantiene estable en los 400º.

Una superficie casi lunar en Mercurio

La superficie recuerda mucho a nuestra Luna. Su atmósfera es tan fina que los asteroides la pasan fácilmente hasta chocar y formar grandes cráteres. De hecho, es el planeta con más cráteres de todo el sistema solar. Estos accidentes geográficos reciben nombres, normalmente, de escritores famosos, como Cervantes, Dickens o Bronte. Pero destaca uno, colosal, el llamado Caloris, con un diámetro de 1550 km.

En su superficie también son apreciables muchísimas arrugas, de hasta casi un kilómetro de altura, provocadas por los continuos y potentes movimientos geológicos.

Un planeta pequeño y frío

Este planeta no solo es el más pequeño del sistema solar, sino que, además, no para de encoger. Según los últimos cálculos, ha perdido alrededor de 10 km en los últimos 3850 millones de años.

Estructura del planeta

Parece que el ritmo es lento, pero constante. Esto ocurre porque su núcleo es proporcionalmente enorme, el 85% de su masa, y su corteza muy fina. En consecuencia, ambas partes se enfrían a la misma velocidad y se contraen.

Es también el segundo planeta más denso después de el nuestro, con un núcleo lleno de metales isótopos radiactivos. Este núcleo, además, es líquido.

El curioso fenómeno del amanecer doble de Mercurio

Para algunos, el dato más curioso de Mercurio es su doble amanecer. En algunos puntos del planeta el sol sale, vuelve a desaparecer casi por el mismo sitio, sale de nuevo y continúa su tránsito hasta el día siguiente. En los puntos del planeta donde el sol no se oculta, es igualmente apreciable ver que se detiene, vuelve hacia detrás y después continúa su camino.

La órbita de Mercurio, Venus y la Tierra

Esto no es magia, claro, tiene su explicación en las leyes de Kepler. Todos los planetas se desplazan en elipsis alrededor del sol. En el caso de nuestro enano, la órbita elíptica es la más pronunciada, estando en su punto más cercano al sol a 46 millones de km y a 70 en el más lejano.

En un momento de esta elipsis, la velocidad orbital de Mercurio (la velocidad a la que gira alrededor del sol) es igual a la velocidad rotacional (velocidad a la que el planeta gira sobre sí mismo). Ahora bien, la velocidad orbital aumenta según se acerca al perihelio (la zona de la elipsis más próxima al sol), por lo que se adelanta y parece que el sol vuelve atrás.

Hay otro dato muy curioso. Un día de Mercurio son 58,7 días de la Tierra, y un año son 88. Es decir, que dos días son más largos que un año.

Parece que Mercurio, de tanto volar a tanta velocidad, acabará desapareciendo. Pero aún tenemos tiempo de poner allí un pie y maravillarnos con su doble amanecer.

2 COMENTARIOS

  1. Gracias por este artículo, escueto pero concreto, sobre este planeta desconocido. Siendo pequeño, ¿como consigue no “caer” en el sol por la fuerza gravitacional?

    • Hola, José Luis.

      Según sé (solo soy un aficionado al tema, no un experto), todos los planetas se ven atraídos por la fuerza del sol. Es la velocidad a la que orbitan a su alrededor la que frena esa atracción, provocando una fuerza centrífuga. Por eso, los planetas que están más cerca giran, normalmente, más rápido. Y aquí tienes a Mercurio, que es el más veloz.

      Un saludo.

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