En el extremo noroccidental de Cáceres, la Sierra de Gata, ha conservado durante siglos un carácter propio. Ese carácter está protegido por su geografía e histórica lejanía de las grandes rutas. Así, el aislamiento de esta región «periférica», en buena parte provocado por su difícil accesibilidad y en parte por un retraso en su desarrollo e inversión en infraestructuras, vino a proteger esta lengua.
La Sierra de Gata es una zona limítrofe con Portugal, al otro lado de ‘la raya’, que es como aquí llaman a la frontera. Esta comarca se despliega entre una naturaleza en la que son protagonistas los olivares de manzanilla cacereña, los castaños y los robledales. Un entorno donde aún anida la cigüeña negra. En estas tierras serranas se alzan pueblos con casas de piedra que han visto pasar el tiempo sin perder su esencia.
En tres de esos pueblos pervive ‘a fala’, una lengua minoritaria que ha encontrado en este aislamiento su mejor aliada para llegar intacta hasta hoy. La mayor parte de los especialistas ubica ‘a fala’ en el subgrupo galaico-portugués, con rasgos del asturleonés por contacto histórico.
Sobre sus orígenes, hay hipótesis complementarias: repoblaciones medievales desde Galicia y vínculos muy estrechos con Portugal por la geografía de frontera. Lo indiscutible es que el aislamiento relativo del valle favoreció su conservación.
‘A fala’ es una lengua iberorromance que no es ni castellano, ni portugués, ni gallego. Se usa de manera cotidiana en tres municipios del Valle del Jálama (Val de Xálima), río que discurre por parte de la comarca de la Sierra de Gata. Se trata concretamente de San Martín de Trevejo (Sa Martín de Trebellu), Eljas (As Ellas) y Valverde del Fresno (Valverdi du Fresnu). Allí, es posible verla inscrita en rótulos de calles, señalética y, sobre todo, escuchar cómo se habla en plazas y bares.

Bien de Interés Cultural sin oficialidad
‘A fala’ es Bien de Interés Cultural declarado por la Junta de Extremadura en 2001, por su valor como “habla viva” del Valle. Pero no es un idioma “oficial”, motivo por el cual no cuenta con la protección con la que cuentan este tipo de lenguas.
El reconocimiento subraya su importancia cultural, aunque no implica su enseñanza reglada en el sistema educativo, por ejemplo. El habla es por tanto un idioma relegado al entorno familiar, que pervive de generación en generación. Y a pesar de no contar con un sustento oficial, ha conseguido sobrevivir.
Se calcula que unas 6.000 mil personas la hablan, si bien los cálculos elevan la cifra hasta las 10.000 personas si se tienen en cuenta a las personas emigradas, que también ‘falan’. Esto es más personas, por ejemplo, que los cerca de 3.000 hablantes con que cuenta el aranés, la lengua occitana del Valle de Arán (Lérida), que sí es lengua co-oficial en Cataluña.
Cada pueblo conserva su propia variedad, plenamente intercomprensible entre sí: mañegu (San Martín), lagarteiru (Eljas) y valverdeiru (Valverde).
Durante décadas, el uso de la fala fue principalmente oral. Hoy existen materiales, prensa local y proyectos de estandarización. En 2024 se difundió una propuesta de normativa ortográfica impulsada desde la Universidad de Extremadura, un paso práctico para facilitar publicaciones, señalética y enseñanza no formal.
Puntos clave de la Sierra de Gata
La Sierra de Gata cuenta en su conjunto con el encanto de haber estado durante mucho tiempo aislada. Pero algunos de sus pueblos destacan: es el caso de San Martín de Trevejo, con sus calles empedradas. Las casas se conservan en muy buen estado y se respira ese aire a tradición preservada. El agua corre por sus calles en forma, capaz de dar frescor incluso en el cálido verano.
Al otro lado de un sinuoso puerto formado por un bosque de castaños está otra de las joyas de esta comarca: Trevejo. Conserva las ruinas de su castillo, que fue destruido durante la Guerra de la Independencia.

A día de hoy se conserva su torre del Homenaje que observa vigilante la llanura que se extiende bajo la Sierra de Gata. Un ramillete de casas conducen hasta el castillo, desde la plaza. Son todas casas de piedra, que consiguen un efecto como en las que el tiempo parece haberse detenido.
Robledillo de Gata: un pueblo con encanto serrano
Robledillo de Gata es otro de los imprescindibles de esta zona de Extremadura. El pueblo, ya cercano al límite con Salamanca, está enclavado sobre el valle que forma el río Arrago.
El agua es sin duda protagonista en este pueblo que conserva todo el encanto serrano y que está entre los más aislados de la comarca de la Sierra de Gata. Calles empinadas, con una piscina natural en la parte superior del pueblo y una pequeña cascada en la parte inferior que es una de las imágenes más fotografiadas de esta zona.

Otro de los pueblos con encanto en esta Sierra de Gata es Hoyos. Su casco histórico presenta un grupo de casonas que nos habla de la pujanza de la localidad. Hoyos cuenta con casas decoradas con escudos en sus fachadas y calles engalanadas con flores, entre las que destaca la Casa de las Conchas. Hoyos tiene también en su término municipal una piscina natural, que es un refugio muy adecuado en los meses de estío para sacar todo el partido a la Sierra.
La Sierra de Gata es un lugar que ha conseguido permenecer aislado. Y aún hoy, cuando las conexiones e infraestructuras ya han mejorado notablemente, uno puede pasear por sus calles sin notar en exceso la presión turística que ahoga otros muchos rincones de España. La Sierra de Gata es un secreto bien guardado y la pervivencia de ‘a fala’, un testigo de su autenticidad. Esperemos que dure mucho tiempo.

Excelente artículo que rescata la Historia y la Geografía de esa región tan pintoresca de España. Soy profesor de Historia y Geografía. Y desde Argentina (Provincia de Misiones), disfruto tus artículos muy bien investigados y redactados. ¡Envío mis saludos desde el otro lado del Atlántico! Omar.
Muy agradecido por tu esfuerzo para suministrarnos a tus lectores tanta y tan buena información. Te sigo desde hace años y espero seguir haciéndolo mientras continúes con esta oferta cultural.Gracias y !adelante!/Gregorio