Villa y corte: la capitalidad y población de Madrid

Madrid es sede de gobierno desde el siglo XVI. Felipe II decidió fijar allí la capital, que hasta entonces era itinerante. Hasta ese momento, tanto en Castilla como en Aragón, la capitalidad era un concepto borroso.

Las capitales de Aragón y Castilla

En Aragón, la ciudad más prestigiosa institucionalmente podría decirse que era Zaragoza, lugar donde también se coronaba al rey. No obstante, el rey de Aragón tenía que jurar los fueros en cada reino. La ciudad de Barcelona fue donde los reyes pasaron la mayor parte del tiempo y donde se instaló el archivo general.

La península ibérica antes de la conquista de Granada (Wikimedia Commons)

En Castilla parece que la situación era aún más difusa. No había ninguna ciudad a la que el rey tuviera que acudir para ser coronado. Eso no quiere decir que no hubiera ciudades más relevantes que otras. Burgos siempre tuvo el título de caput castellae (cabeza de Castilla), aunque era un título que solo le valía para ser la primera ciudad en tomar la palabra cuando se reunían las cortes. Valladolid fue la sede de la Cancillería Real, así que podríamos adjudicarle el título de capital judicial. Esto mismo pasó con Granada después de la conquista por parte de los Reyes Católicos, en ese momento hubo dos sedes de la cancillería. En la ciudad andaluza, además, se instaló la capitanía general del ejército.

El caso de Toledo es el más famoso, ya que Carlos I parecía tener alguna preferencia por ella. No obstante, este rey no paró de viajar durante todo su reinado hasta su retiro en el monasterio de Yuste, así que tampoco se puede decir que Toledo fuera capital del reino, aunque era centro del arzobispado más importante del reino.

En resumen, ni Aragón ni Castilla tenían una capital como lo entendemos ahora y como sí tenían otros reinos en ese momento como Portugal, Inglaterra o Francia.

Madrid, capital

No tenemos ningún documento en que se nos indique por qué Felipe II eligió Madrid como capital. Cuenta la leyenda que antes de elegir una sede fija escribió una carta a su padre, y este le respondió:

Si quieres conservar tus reinos deja la capital en Toledo, si quieres aumentarlos, llévala a Lisboa, y si quieres perderlos, trasládala a Madrid.

Sin embargo, no parece más que eso, una leyenda, ya que la frase no aparece en ningún documento y además es anacrónica: Toledo no era capital, de hecho, ni siquiera tenía una institución real exclusiva como sí tenían otras ciudades. Lisboa, por su parte, no fue una ciudad bajo dominio de la monarquía hispánica hasta después de la muerte del rey Carlos I.

Otro tópico que se escucha bastante es que Madrid era una ciudad irrelevante antes de ser escogida por Felipe II, pero tenemos que recordar que era una ciudad con presencia en las cortes, y solo las ciudades más importantes del reino tenían este privilegio. Por lo tanto, Madrid, quizá, no era tan importante como Valladolid, Toledo o Sevilla, pero era una ciudad que tenía cierta relevancia.

Palacio de Santa Cruz, erigido en el siglo XVII como cárcel (Flickr)

Además, la ciudad estaba geográficamente bien situada, dado que su posición central la hacía un buen núcleo de caminos. Su cercanía a la sierra hacía que fuera abundante en agua y caza (muy preciada esta por las monarquías) y, quizá lo más importante, estaba lo suficientemente lejos de Toledo como para no tener que aguantar a su importante arzobispo entrometiéndose en los asuntos reales.

A todas estas bondades de la villa y futura corte, hay que añadir que, parece, la esposa de Felipe II tenía predilección por esta población, donde había, según su parecer, mejor ambiente que en Toledo.

Madrid en la Edad Moderna

La llegada de la corte supuso un auténtico aluvión de gente para la ciudad. Se calcula que en el reinado de Felipe II la ciudad pasó de tener 40 000 a 60 000 habitantes. Para que todos los recién llegados: funcionarios, cortesanos, artistas… tuvieran un techo bajo el que hospedarse, se obligó a los habitantes a ceder la planta superior de sus casas, en caso de tenerla. Así comenzaron a surgir las llamadas casas a la malicia, construcciones que tenían una sola planta o intentaban disimular la segunda. Debido a este tipo de construcciones, la ciudad creció rápidamente.

Se estima que en la segunda mitad del siglo XVIII  ya habitaban la ciudad alrededor de 180 000 personas.

Madrid en la Edad Contemporánea

El siglo XIX fue testigo de un gran aumento de la población. A mediados de la centuria la ciudad rondaba los 260 000 habitantes, y el comienzo de la industrialización y la mejora en las comunicaciones hizo que el número creciera rápidamente.

Un ejemplo de ello es la estimación de población que hizo Carlos María de Castro, encargado del plan de ensanche de la ciudad: en 1857 la ciudad contaba con 271 254 habitantes, y el urbanista estimó que la población llegaría a 450 000 en los próximos 100 años. Sin embargo, en 1887 ya se había alcanzado esa cifra, apenas 30 años más tarde.

Mapa de Madrid de 1848, antes del inicio de los ensanches (Flickr)

La capital continuó su incremento poblacional de una forma sostenida hasta que llegó la dictadura. En 1940, Madrid tenía poco más de un millón de habitantes, en 1970 había superado los 3 millones y superado a Barcelona, que desde la industrialización del siglo XIX era la ciudad más poblada. Más de dos millones de personas en 30 años. La urbe no pudo integrar a los inmigrantes que venían de todos los rincones del país, y se crearon una gran cantidad de barrios marginales y de chabolas en sus alrededores. Todavía quedan algunos restos de aquel fenómeno.

Curiosamente, durante la década de los años 80 del siglo XX, la ciudad perdió población, ya que la clase media empieza a buscar viviendas más baratas en los núcleos colindantes. A partir del siglo XXI, la población vuelve a aumentar gracias a la llegada de inmigrantes nacionales y extranjeros.

Actualmente, la ciudad de Madrid tiene alrededor de 3 200 000 habitantes, la segunda más poblada de la Unión Europea después de Berlín, y un área metropolitana de más de 6 000 000, la segunda de la Unión Europea después de París (depende del estudio, a veces por detrás del área metropolitana del Rin y a veces, también, de la de Milán).

Bibliografía

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