Las claves de la relación entre población y territorio en España

La población española actual presenta un reparto territorial desigual. A ello se suma un bajo crecimiento natural acentuado desde la crisis de 2008. También unos movimientos migratorios caracterizados por la pluralidad de corrientes interiores y la alta significación de la inmigración extranjera a partir de mediados de la década de 1990.

Además, la estructura demográfica española se encuentra fuertemente envejecida y, desde el punto de vista económico, ha incrementado su tasa de actividad, así como la orientación creciente hacia la ocupación en las actividades terciarias.

Factores de la distribución de la población en España

Han sido muchos los factores que han intervenido en la distribución actual de la población desde los más puramente físicos hasta otros de índole totalmente socioeconómica.

Los orígenes de la distribución de la población española

España, tradicionalmente ha basado su economía en el sector agrario. Por eso, los factores naturales tuvieron más peso en la distribución de la población desde tiempos remotos hasta mediados del siglo XIX.

De tal manera, las mayores densidades se situaban en las zonas de relieve llano y baja altitud; clima templado cálido; y proximidad al mar o a los ríos, fundamentales para el desarrollo de la vida.

Sin embargo, también influían factores humanos, sobre todo la coyuntura económica, que atraía población hacia las áreas más dinámicas. Así, en el siglo XVI, el descubrimiento de América dio a Castilla gran prosperidad económica, convirtiéndola en la zona más poblada de la Península.

Migrantes gallegos con destino a América. Fuente: La Nueva Crónica

Distribución de la población en los albores del siglo XVII

Tiempo después, en el siglo XVII, la crisis económica y demográfica, más pertinaz en tierras castellanas, originó migraciones hacia la periferia, donde se desarrollaba un floreciente comercio marítimo.

La consecuencia fue clara: a partir del s. XVII la situación se había invertido. Las densidades más altas estaban en las regiones litorales y en los archipiélagos, y las más bajas, en el interior.

Entre mediados del siglo XIX y la crisis del petróleo

En lo que se considera la época industrial en España (entre mediados del siglo XIX y la crisis de 1973), se consolidó una economía industrial y urbana, por lo que los factores naturales perdieron peso. En esta época, se agudizaron los contrastes en la distribución demográfica española.

Mapa 1:2.500.000 de densidad de población de España por partidos judiciales según el censo de 1860. El mapa está basado en los datos geográficos de Francisco Coello pero la autoría no figura. Fuente: IGN.

Así pues, Madrid, capital y centro financiero del estado, y las regiones periféricas aumentaron su peso viéndose favorecidas por la instalación de actividades económicas y también por su elevado crecimiento natural.

Las regiones de interior, con mayor peso de las actividades agrarias y servicios de baja cualificación mantuvieron bajas densidades a causa de la emigración hacia las áreas urbanas más dinámicas (éxodo rural).

Hacia la distribución actual de la población

A partir de 1975 son nuevos factores los encargados de explicar la actual distribución demográfica tales como la tendencia a la difusión espacial de la población y de algunas actividades económicas. También se suman las políticas de desarrollo territorial endógeno puestas en marcha por las comunidades autónomas.

Así, en esta etapa se refuerzan los contrastes en la distribución de la población. La mayor concentración se sitúa en Madrid y en los ejes Mediterráneo y del Ebro donde los nuevos factores de desarrollo (servicios avanzados y tecnología) son clave, junto al peso que ejerce la inmigración.

Los desequilibrios territoriales en la población española

Actualmente, todas las comunidades autónomas españolas cuentan con bajas tasas de natalidad y de mortalidad y con un crecimiento natural reducido o negativo.

No obstante, existen ciertos contrastes debidos a la diferente estructura por edades, resultante de causas heredadas y de otras actuales como el dinamismo económico y la inmigración.

De este modo, las comunidades autónomas con mayor dinamismo demográfico cuentan con crecimiento natural superior a la media por tener tasas de natalidad ligeramente mayores y tasas de mortalidad algo menores. Estas son Murcia, Andalucía, Navarra y las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla que tienen una tradición más natalista.

Otras en cambio deben su dinamismo a su base económica pasada o bien presente tales como Madrid, Cataluña, Baleares, Andalucía, Navarra o Canarias. Aquí la recepción de jóvenes inmigrantes colabora a aumentar ligeramente la natalidad y a reducir la tasa de mortalidad.

En la otra cara de la moneda están las comunidades autónomas con menor dinamismo demográfico. Son Galicia y las comunidades del interior, Asturias y Cantabria. En este caso las causas explicativas de una estructura demográfica envejecida están representadas por la larga tradición emigratoria que las dejó desnatalizadas o envejecidas, el estancamiento económico industrial o la menor incidencia de la inmigración extranjera durante la década de 1990 seguida de la crisis de 2008.

Mapa de España de densidad de población (2018). Fuente: Wikipedia.

El futuro de la población española

Con esta visión general donde España ha experimentado profundas transformaciones demográficas se prevén ciertas tendencias de cara a un futuro próximo. Por un lado, las migraciones de la población española mantendrán el número de movimientos interiores intraurbanos y dentro de la propia provincia o comunidad, mientras que descenderán las migraciones entre comunidades autónomas.

Por otro lado, la emigración exterior, incrementada con la crisis de 2008 volverá en unos años a reducirse paulatinamente. La inmigración extranjera es más difícil de prever, ya que depende del número de retornos y del mantenimiento de España como destino inmigratorio. Ambos factores estarán condicionados por la evolución de la situación económica española, las transformaciones en los países de origen de los inmigrantes y el surgimiento de nuevos destinos.

La importancia del estudio de la población en Geografía

El análisis de la distribución espacial de la población es tarea esencial en Geografía. La cartografía de la distribución y localización de los habitantes es, con frecuencia, el primer eslabón para multitud de estudios demográficos y también de las actividades y asentamientos humanos.

Por eso, el estudio de la población en Geografía tiene un carácter eminentemente práctico. Sea cual sea el aspecto de la población que analicemos, siempre es necesario acudir a diversas fuentes estadísticas, que nos proporcionarán datos para iniciar nuestra investigación.

Estos han de ser valorados utilizando las técnicas adecuadas que nos permitan analizarlos, así como relacionarlos con otras poblaciones y con los múltiples factores que los condicionan.

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