El río como defensa: el Tajo medio y la fortaleza de Castros

El ser humano ha sabido conjugar a la perfección lo constructivo con lo natural hasta el punto de llevarlos a convivir en armonía. Esta consonancia suele sobrecoger a los amantes del patrimonio cultural en su conjunto.

Los ríos, parte fundamental de ese medio natural, han jugado una interesante baza a la hora de proporcionar un abundante espectro de recursos arqueológicos que forman parte de nuestro patrimonio arquitectónico.

Prueba de ello es la imponente fortaleza de Castros, ubicada estratégicamente al borde de los abruptos desfiladeros socavados a lo largo de los siglos por el río Tajo y por el arroyo del Pedroso en la provincia de Cáceres. En las siguientes líneas os acercamos a su historia.

Arroyo del Pedroso. Imagen: Pedro Casas

Los ríos de la marca media de Al-Ándalus

Para situarnos, nos debemos remontar a tiempos de Al-Ándalus cuando el emirato omeya ponía todos sus medios para defender aquellas tierras situadas al sur del Tajo frente al perseverante avance cristiano.

De esos recursos han quedado para la Historia y para el Patrimonio Nacional una serie de fortificaciones, atalayas, y otros restos defensivos como esta Fortaleza de Castros ubicada en tierras extremeñas.

El conjunto de Castros forma parte del sistema defensivo destinado a proteger y a salvaguardar la zona, de gran valor para los viejos emires cordobeses. De hecho, en las cercanías, existen otros vestigios que atestiguan la importancia de estas tierras a lo largo de la Historia, como la imponente Ciudad de Vascos.

Esta, fue el asentamiento más importante de la zona en aquella época (S. X) y de la que quedan abundantes pruebas en excelente estado de conservación.

Por otro lado, los topónimos “Castros” o “Vascos” nos pueden despistar pues hacen alusión al origen, en época prerromana, de otra serie de restos de antecesoras tribus de vettones y celtíberos que habitaron las riberas del Tajo y que coinciden con estas posteriores ruinas musulmanas.

Fortaleza de Castros

Fortaleza de Castros, un escenario ideal entre dos ríos

El agua, ese bien imprescindible, ha sido el responsable de buena parte del patrimonio arqueológico surgido junto a los grandes ríos, -y no tan grandes- pues la Fortaleza de Castros está protegida hidrográficamente por todos sus costados.

Al norte, el imponente Tajo hace gala de su nombre creando un espectacular desfiladero que bien podría ser considerado un gran foso difícilmente penetrable. Al sur, otro desfiladero, el de su afluente menor, el arroyo del Pedroso. Este último era el encargado de dotar de energía a los viejos molinos de agua encomendados a moler el cereal, base de la alimentación de aquella época.

Junto a la fortaleza, sin apenas restos visibles, una pequeña medina que albergaba a las gentes de la zona, y aguas abajo un impresionante salto fluvial conocido como el salto de la gitana.

Una pequeña cascada que, además de ser objeto de leyenda, configura a la perfección el recinto protegido en el que se alzan los restos defensivos de la fortaleza de Castros.

Cómo llegar hasta la fortaleza de Castros

Tanto el reciento defensivo como la fortaleza de Castros están bajo la demarcación de una finca privada por lo que la opción más recomendable es realizar una visita panorámica desde el margen derecho del río Tajo, donde sin duda, se tienen las mejores vistas del conjunto.

Desde aquí también se pueden visitar los restos (pilas) de un gran puente de piedra sobre el Tajo que daba acceso a la Fortaleza de Castros.

Para llegar hasta este lugar se ha de partir del cercano municipio toledano de El Puente del Arzobispo a través de un sendero que tan solo dista unos 20 minutos a pie desde el centro urbano de este.

Por otra parte, la visita al salto de la gitana puede hacerse cruzando el imponente puente medieval que da nombre al municipio y recorriendo después un sendero al borde de las escarpadas laderas en las que se pierde el Tajo. También se trata de un recorrido de corta duración y de escaso nivel de dificultad.

Puente medieval del Arzobispo Tenorio

Leyenda del salto de la gitana, la auténtica

Como otros muchos parajes del mundo, el desfiladero del Pedroso ha sido objeto de leyenda. Esta cuenta que, en tiempos pasados, un día caluroso de verano una gitana lavaba la ropa en las cristalinas aguas del arroyo del Pedroso. Junto a ella, su hijo pasaba el rato jugando entre los grandes bloques rocosos del desfiladero.

El niño ascendió a la roca más alta desde la que se precipitó accidentalmente al vacío mientras la madre observaba atónita la espeluznante escena. Se dice que esta, al ver caer a su hijo al fondo del barranco gritó de impotencia y que los ecos de aquel grito desolador aún pueden escucharse cada año durante la medianoche de San Juan entre las abruptas paredes que forman este desfiladero.

Salto de la Gitana en el desfiladero del Pedroso

Pero las leyendas, leyendas son. En este caso se trata de una pequeña narración que ha ido transmitiéndose de generación en generación entre los lugareños.

No cabe duda de que este destino es demasiado apetecible, ya sea por la dilatada historia que atesoran estas ancestrales rocas o por la belleza que emana de todo su conjunto.

“Los ríos son lugares que renuevan nuestro espíritu, nos conectan con nuestro pasado y nos vinculan directamente con el flujo y el ritmo del mundo natural”. Ted Turner.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Ir arriba