Pocos años después de la llegada de Colón a América, Pedro Mártir de Anglería, cronista de Indias de los Reyes Católicos, escribió una obra titulada “Décadas del Nuevo Mundo”. Es una de las obras historiográficas más interesantes de los años sucesivos al Descubrimiento de América.

En un punto de esa obra, el autor describe varios mapas que le habían llegado de Ultramar, realizados por los nativos, y que representaban el territorio mexicano. Anglería nunca puso un pie en México, pero la observación y descripción de esos mapas le fue suficiente para hacerse una idea de aquellas lejanas tierras, y, sobre todo, para admirar la destreza que tenían los mexicanos a la hora de realizar mapas.

Esta mención nos lleva a preguntarnos algo que no se ha desarrollado demasiado: ¿cómo era la cartografía precolombina en Mesoamérica? ¿Hubo una cartografía indígena? ¿Por qué no sabemos casi nada de ella?

Mesoamérica: una compleja red de pueblos y culturas

En primer lugar, debemos ponernos en situación: ¿qué era lo que hoy conocemos como Mesoamérica? Básicamente, el término se corresponde con los actuales México y Centroamérica, un amplísimo territorio que aglomeraba un enorme acervo cultural. En lo que se define como el período clásico, aproximadamente desde el 250 al 900 d.C. (fecha relativa y maleable), las rutas mesoamericanas conectaban diferentes pueblos, culturas y contextos geográficos, en una compleja red de vías que eran compartidas por miles de personas.

Mapa que muestra los territorios de Mesoamérica. Fuente: Wikipedia

Se piensa que ya en esta época, quizás por necesidades comerciales y prácticas, hubo una cartografía definida y desarrollada. Pero debemos enfrentarnos a un problema asociado a los mapas anteriores a la conquista: la falta de ejemplos.

Lamentablemente no han sobrevivido mapas originales del período precolombino, por lo que todo con lo que contamos son conjeturas, teorías y, lo que ha resultado muy útil para los investigadores, menciones a mapas indígenas en los relatos de la conquista, como el de Pedro Mártir de Anglería y, sin ir más lejos, el propio Hernán Cortés.

Gran destreza técnica en la elaboración de mapas

Una lectura de estas menciones ha permitido a los estudiosos saber que, efectivamente, los indígenas mesoamericanos realizaban mapas con una gran destreza técnica y profesionalidad, y que eran relativamente habituales en la Mesoamérica precolombina.

La mayoría de los mapas indígenas que se han conservado datan del siglo XVI, después de la llegada de los europeos, y están influidos por la cartografía de los mismos. De hecho, como ya hemos comentado, las referencias que tenemos de los mapas hechos por los nativos mexicanos son descripciones hechas por los españoles, es decir, consideraciones externas, realizadas desde el punto de vista europeo.

No podemos saber con certeza cómo eran los mapas precolombinos, ni siquiera podemos estar seguros de la manera que tenían los nativos de entender los mapas; ¿eran para ellos objetos autónomos, como lo son para nosotros? ¿O eran más bien un tipo de texto, o de pintura, definidos fundamentalmente por la función que desempeñaban?

Son muchas las incógnitas que tenemos sobre los mapas realizados por los mesoamericanos antes de la llegada de los europeos. En cualquier caso, los ejemplos que conservamos del siglo XVI nos pueden dar pistas de la tradición cartográfica precolombina.

Las cuatro categorías de mapas mesoamericanos

A partir de todos estos factores (entre otros), los estudiosos han logrado identificar cuatro categorías de mapas mesoamericanos, dependiendo de su función y representación:

  • Mapas que narran acontecimientos históricos.
  • Mapas que representan propiedades, planos de ciudades, y posiblemente itinerarios.
  • Mapas cosmográficos.
  • Mapas celestes, mostrando las estrellas y constelaciones.

Ejemplos de mapas mesoamericanos

Para hacernos una idea de ello, veamos varios ejemplos de mapas indígenas realizados en el siglo XVI. Como ya hemos comentado, son mapas ya relativamente influídos por la visión cartográfica europea, pero un breve recorrido por los ejemplos más importantes nos puede servir de ilustración de la manera en que los mesoamericanos representaban el mundo y el entorno.

Códice de Xolotl

Los mapas que narran acontecimientos históricos eran realmente importantes para la autoconciencia de los diferentes pueblos mesoamericanos. Muchas comunidades hicieron los suyos, uniendo el tiempo y el espacio para mostrar los orígenes y desarrollo de su pueblo. Como podemos suponer, eran historias narradas gráficamente por las élites, y se trataba de contar las historias desde su propio punto de vista, subjetivo e interesado.

Uno de los más interesantes es el Códice de Xolotl. Realizado alrededor de 1542, este códice es uno de los mapas de narración histórica más antiguos que conservamos. Se trata de diez láminas de papel amate, material típico del México prehispánico. Narra cronológicamente, en idioma náhuatl, los hechos ocurridos en el Valle de México desde la llegada de los chichimecas a Acolhuacan bajo el reinado de Xolotl en 1224 hasta la guerra contra los Tepanecas en 1427-28.

Códice Xolotl, c. 1542. Biblioteca Nacional de Francia.

Cada página del códice cuenta la historia a través de elementos visuales tales como dibujos, jeroglíficos y símbolos, y es un documento de gran interés para la historia precolombina del Valle de México.

Códice de las Propiedades de Don Miguel Damián

Se han conservado varios mapas destinados a mostrar propiedades y terrenos, sobre todo del Valle de México, en los primeros tiempos de la Conquista. No tenemos evidencias de ejemplos anteriores, con lo cual no podemos asegurar el uso continuado de estos mapas por parte de las sociedades prehispánicas. No obstante, es posible que los modelos gráficos y textuales prehispánicos usados en disputas sobre propiedades se adaptaran tras la llegada de los europeos y se siguieran utilizando cuando los españoles reclamaron su posesión de las tierras.

Mapa de las propiedades de Don Miguel Guzmán, s. XVI. Chicago, Newberry Library, Ayer MS 1901.

Un ejemplo es el conocido como Códice de las Propiedades de Don Miguel Damián, realizado en 1576 en Xochimilco y actualmente en la Newberry Library de Chicago. Se cree que este mapa fue usado como documento en el litigio entre los Damián, una familia nahua de clase alta, y la nativa Pedronilla Francisca.

En la parte inferior del mapa vemos a Don Miguel Damián sentado, con su mujer Ana mirándolo y un tercer miembro de su familia, quizás su hermana. A modo de árbol genealógico, el segundo nivel está ocupado por sus cuatro hijos. En la parte superior vemos sus propiedades, tanto su casa como sus huertos y el resto de sus pertenencias, todas con los nombres de los diferentes hijos, es decir, herederos. Se trata de una muestra muy interesante de la creación de mapas desde un punto de vista judicial en la Mesoamérica del s. XVI.

Códice Féjervary-Mayer

Los mapas cosmográficos precolombinos son, quizás, los que encierran un mayor nivel de significado y complejidad. Los mesoamericanos compartían una cosmografía relativamente común, más allá de fronteras y barreras culturales entre los diferentes pueblos.

Los sabios mexicas, guiados por la posición del sol, entendían el mundo como un cuadrado, cada lado representando un punto cardinal. En el centro de este cuadrado, que flota sobre las aguas primordiales y bajo las cuales se sitúa el inframundo, el gran árbol del mundo actúa como eje principal, y en cada esquina del cuadrado se situaban también los árboles. El árbol del mundo central es el que separa la tierra del cielo. Según esta disposición, el este estaba en la parte superior, algo que podemos ver también en los mapamundi de la Europa medieval.

Cada punto cardinal tenía un nombre y una función específicas: el este era conocido como tlahuiztlampa, rumbo de la luz, donde aparece el sol. El norte se conocía como mictlampa, lugar oscuro, tierra de los muertos, el reino del sacrificio y la muerte. El oeste, reino de las mujeres, era llamado cihuatlampa. Los aztecas pensaban que era ahí donde iban las mujeres que fallecían durante el parto. Por último, el sur, huitzlampa, era donde se refugiaron los dioses de las estrellas meridionales al combatir contra el dios de la guerra.

Para entenderlo mejor, observemos la portada del famoso Códice Féjervary-Máyer, códice Azteca realizado en el siglo XV y que forma parte del conocido como Códice Borgia, uno de los mejores ejemplos de arte manuscrito precolombino.

Mapa cosmológico del Códice Fejérvary-Mayer. Museo de Liverpool, M12014, p. 1.

Un mapa que muestra la cosmovisión mexica

Este manuscrito contiene un precioso mapa cosmológico que muestra esa cosmovisión. El mapa nos muestra la superficie de la tierra como una cruz de Malta; dentro de cada cruz nos encontramos los cuatro árboles del mundo, que evitan que el cielo caiga sobre la tierra.

En la base del árbol que se encuentra en la parte superior, que corresponde al este, vemos el sol naciendo. En la parte izquierda del mapa, que representa el norte, vemos el árbol correspondiente en cuya base hay una vasija que indica el sacrificio. En la base del árbol correspondiente al oeste (parte inferior del mapa), tzitzitl, un demonio de la oscuridad (o del anochecer), espera por las almas de los muertos.

Por último, el árbol de la parte derecha, es decir, del sur, emerge de las fauces abiertas del monstruo de la tierra. Se trata de una iconografía compleja y variada, que muestra, como decimos, de qué manera los mesoamericanos entendían el cosmos que les rodeaba, y en el que el tiempo y el espacio eran totalmente inseparables.

Los mapas mesoamericanos como reflejo de una sociedad

Estos ejemplos no son más que una muestra de los mapas realizados por una civilización culturalmente compleja, rica y de enorme interés. Hemos visto varios ejemplos de la manera en que las sociedades mesoamericanas del contexto prehispánico pudieron desarrollar cartografía.

Como ya hemos comentado, nos faltan los documentos anteriores a la Conquista, destruidos y desaparecidos a lo largo de los siglos, pero los casos que nos han llegado no dejan de demostrar una cuestión que ya hemos tratado en otros artículos. Siempre debemos tener en cuenta: el fundamental valor de los mapas como reflejo de una sociedad, de una cultura, y, en último término, de las civilizaciones humanas.

La cartografía de los pueblos precolombinos tiene una gran complejidad. Su estudio es un tema en desarrollo, y este artículo no ha pretendido ser más que una muy breve visión basada en el contexto mesoamericano.

Bibliografía para profundizar en los mapas mesoamericanos: 

Existen varios trabajos interesantes al respecto a los que podemos acudir para ampliar información.

Ya en la primera mitad del siglo XX, las investigaciones de Eulalia Guzmán abrieron el camino de los estudios sobre los mapas precolombinos, como por ejemplo “El arte cartográfico entre los antiguos mexicanos” (Revista Mexicana de Geografía, 1939, pp. 80-94).

Otra referencia importante es el artículo de C.A. Burland, “The Map as a Vehicle of Mexican History” (Imago Mundi, nº 15, 1960, pp. 11-18) y, sobre todo, los trabajos, más recientes, de Barbara E. Mundy, autora del capítulo dedicado a la cartografía mesoamericana en el proyecto “History of Cartography” (vol. 2, tomo 3, 1998, pp. 183-256).

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