El verano de 2018 ha sido extraño en lo meteorológico en Europa. La sequía, que el año pasado se cebó con España, ha encontrado latitudes más septentrionales. Tanto es así que con la sequía en Europa han quedado a la vista las conocidas como “rocas del hambre”.

Normalmente sumergidas en el río Elba a su paso por el norte de la República Checa y Alemania, se trata de unas inscripciones en las que puede leerse “Cuando me veas llora”. Son rocas que están situadas en los fondos de los ríos y lagos.

Piedra del hambre en el río Elba, a su paso por Děčín, en la República Checa.
Piedra del hambre en el río Elba, a su paso por Děčín, en la República Checa. Foto: Norbert Kaiser (Wikimedia)

Las piedras del hambre tienen su origen en la Edad Media, cuando se labraron inscripciones que tenían por objetivo avisar de que si las aguas volvían a bajar tanto como en el momento en que se grabaron porque se aproximaban tiempos de sequía, y por tanto de hambre, enfermedades y muerte.

Las consecuencias dramáticas de la sequía en ciertas partes del mundo son algo más controlables hoy en día que entonces. Pero aún así, a pesar de vivir en un mundo ya muy globalizado, con acceso al transporte de bienes de consumo generalizado, las rocas a la vista reflejan en cierta medida cómo la situación se complica.

Y ocurre también hoy. Por ejemplo, los precios de los cereales ya han experimentado notables subidas en el continente.

La anomalía en las temperaturas en el verano de 2018

Los siguientes mapas, elaborados por el geógrafo y colaborador de Geografía Infinita, Dominic Royé, muestran la anomalía en las temperaturas registradas en Europa este verano meteorológico (del 1 de junio al 31 de agosto), respecto a los valores normales.

Es la “Land Surface Temperature” medida por el satélite Terra/Aqua MODIS, esto es la temperatura en la superficie, no en el aire. Refleja claramente la mayor radiación en el norte del continente lo que se traduce en una mayor temperatura en superficie.

Anomalía en las temperaturas en superficie del verano 2018 en Europa
Anomalía en las temperaturas en superficie del verano 2018 en Europa.

El siguiente mapa compara las temperaturas medias en superficie registradas durante el verano de 2018 (mapa de la izquierda) frente a las temperaturas medias registradas en los veranos del periodo histórico 2001-2018.

También se puede observar como en el norte de Europa las temperaturas medias en superficie este verano han sido considerablemente más altas. Es claramente palpable en Gran Bretaña y con más intensidad en Francia, Alemania, Polonia o la República Checa, entre otros países de Centroeuropa.

Las temperaturas medias registradas este verano de 2018 y en el periodo 2001-2018. Dominic Royé.

La anomalía en la nubosidad del verano Europa

Los siguientes mapas muestran la anomalía en la nubosidad registrada en Europa este verano, otra clave para poner de manifiesto cómo la sequía se dejó notar de manera muy clara en el verano de 2018 en Europa.

El norte del continente ha vivido mucho más alejado de las nubes (y sus consiguientes precipitaciones) de lo que es habitual.

Las anomalías en la nubosidad media en el verano europeo muestran en los valores rojos hasta más de un 25% menos nubosidad de lo que es habitual para el periodo. Los valores verdes muestran más nubosidad de la habitual por esas fechas. El blanco, se mantiene en valores similares.

En el sur de Europa destaca la fachada atlántica de Portugal e Italia, con más nubosidad media en verano de lo habitual. España tuvo un verano bastante normal en cuanto a nubosidad. En cambio, en los países del norte de Europa la anomalía en la nubosidad se deja notar con especial fuerza en Alemania, Francia y los países escandinavos, especialmente en el sur de Noruega.

El mapa inferior muestra, por su parte, una comparativa entre la nubosidad habitual en Europa en los meses de verano del periodo 2001-2018 (derecha) y los meses de verano de 2018 (izquierda). Así, un valor 100% sería completamente nuboso y un valor 0% sería completamente despejado.

Destaca la presencia de días más despejados en el norte, los países que fueron afectados por la sequía.

Estos mapas de falta de nubosidad dejan a la luz como las nubes han hecho mucho menos acto de presencia de lo que es habitual en el norte del viejo continente. Es muy clara la diferencia en las Islas Británicas, pero también en Noruega o en la costa del Mar del Norte y en general en toda la fachada atlántica.

Según valora el meteorólogo José Miguel Viñas, “estos mapas ponen de manifiesto la situación especial que se ha vivido, con muchos más días despejados de lo que es normal en el centro y norte de Europa, en consonancia con la ola de calor y la sequía asociada”.

Un verano “bastante anómalo” en Europa

Viñas detalla que el verano en Europa “ha venido marcado por una situación bastante anómala, en la que durante gran parte de su primera mitad, las altas presiones se han reforzado en el norte y centro del continente”. Esto ha provocado que de disparen allí las temperaturas, alcanzándose registros históricos.

El resultado: “una ola de calor sin precedentes (al menos desde que tienen registros) que afectó de lleno a Escandinavia, alcanzando también a otras muchas zonas como las Islas Británicas otros muchos países de Europa”.

Pantano de Stocks, en el condado de Lancashire, en el noroeste de Inglaterra
Pantano de Stocks, en el condado de Lancashire, en el noroeste de Inglaterra. Imagen de Julio. Fuente: Geograph.org.uk

España y el Mediterráneo han sido la excepción

“La excepción justamente la hemos tenido en los países ribereños del Mediterráneo, donde el tiempo ha sido muy inseguro, con una destacada actividad tormentosa y temperaturas por debajo de lo normal”, añade Viñas.

Así transcurrieron los meses de junio y julio. En agosto se fue normalizando la situación, llegando también aquí al sur los fuertes calores.

La sierra de Grazalema, donde la lluvia es muy abundante.
La sierra de Grazalema, en el noreste de la provincia de Cádiz, donde la lluvia es muy abundante.

De este modo, en España, a principios de año “íbamos camino de una sequía ciertamente extrema, pero todo empezó a cambiar en febrero”. En este sentido, “la circulación atmosférica cambió de signo y se abrió el camino a las borrascas atlánticas, que hasta ese momento estaban bloqueadas por la barrera anticiclónica que teníamos sobre nuestro país”.

¿Hay relación con el cambio climático?

Se han hecho ya algunos estudios preliminares de atribuciones que confirman esa relación. Solo la variabilidad natural no explica las grandes anomalías de este verano, en particular la ola de calor del norte de Europa.

Preguntado sobre si veremos más sequías en el norte de Europa, pronostica que es difícil saberlo. “Las proyecciones climáticas apuntan más al sur, a nuestra zona, donde las sequías aumentarán de frecuencia e intensidad”, detalla.

Pero esto no impide que también afecte a otras zonas, según aclara este experto. Lo que Viñas tiene claro es que “los fenómenos extremos, de distinta naturaleza, irán a más, todo ello asociado al aumento de la temperatura global del planeta”.

¿Cómo será el otoño 2018 en España y en Europa?

Como de costumbre ocurre con las predicciones estacionales, Viñas aclara que “es aventurado hacer este tipo de predicción, pues es muy alta la incertidumbre”.

El de 2017 va camino de ser uno de los otoños más secos de la serie histórica
Imagen de un bosque en otoño.

No obstante, “si nos fijamos en la tendencia que va trazándose en los últimos años, lo más probable (no seguro) es que tengamos un otoño cálido (uno más), en el que los episodios de calor pueden extenderse hasta bien entrado octubre, e incluso noviembre”.

Respecto a las precipitaciones, “todo dependerá del tipo de circulación atmosférica que nos afecte”. “Lo bueno de este año es que a estas alturas (en España) contamos con unas reservas hídricas bastante mayores que las que teníamos el año pasado por estas fechas, lo que nos da un cierto margen en el caso de que los temporales atlánticos se dejaran ver poco”.

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