Antes de la conquista de América, sin lugar a dudas, el Atlántico cumplía una función limítrofe fundamental. Era una especie de gigantesca frontera líquida entre lo que se conocía y el vacío, la oscuridad absoluta.

Y esa mirada del Atlántico como lo ignoto perduró en Europa por mucho tiempo. Hasta que Colón se embarcó hacia “las Indias” desde el puerto de Palos en el verano de 1492.

Tal y como anunciábamos en Geografía Infinita hace unos días, un seminario abordó el pasado 27 y 28 de febrero en la Universidad de La Laguna (Tenerife) el tratamiento del Atlántico y sus islas en el contexto medieval.

Vesconte de Maggiolo
Vesconte de Maggiolo.

En el simposio, diferentes ponentes, tanto de La Laguna como nacionales e internacionales, hablaron de la idea que se tenía de este océano en la Edad Media desde diversas perspectivas.

Lo cierto es que esta parte del mundo era una referencia fundamental de los extremos más alejados de la tierra, lo que se encuentra más allá de todo lo que conocido.

Kevin R. Wittmann, del Instituto Universitario de Estudios Medievales y Renacentistas de la Universidad de La Laguna y participante en el congreso explica que la visión del Atlántico en esa época se correspondía «con la relación que nosotros tenemos con el espacio exterior».

Era visto como «algo enorme, inconmensurable para nosotros, algo que ejerce una gran atracción, pero a lo que no todos estamos dispuestos a enfrentarnos». Era la última frontera de la Edad Media.

La herencia clásica en la representación del Atlántico

La representación geográfica, y por tanto cartográfica, del Atlántico en el período precolombino «le debe muchísimo a la herencia clásica», según explica.

«A partir de las teorías de, sobre todo, Isidoro de Sevilla (que a su vez se basaba en autores tardoclásicos como Plinio), los geógrafos medievales coincidían en que el orbe estaba rodeado circularmente por el océano, en un concepto de continuidad y de eternidad que tiene un claro trasfondo cristiano», detalla el experto.

Los autores diferenciaban el Océano, en términos generales, con los océanos, desde un punto de vista particular, prosigue Wittmann.

Subdivisiones dentro del Atlántico

Así, incluso en ocasiones establecían una subdivisión dentro del océano occidental (es decir, el Atlántico). De esta forma, nos encontramos no solo con el Atlántico, sino a su vez con el Océano Británico, Galo, Etíope, etc.

En este sentido, este doctorando de la Universidad de La Laguna explica que «los límites occidentales de la ecúmene siempre tuvieron un cariz tan terrorífico como atractivo; Isidoro de Sevilla decía que, si bien el Sol sale por Oriente, se esconde por Occidente».

Portulano de Dulcert
Portulano de Dulcert

 

Esos límites occidentales serían «una de las puertas del orbe, escondiendo el sol y sumiendo al mundo en la oscuridad y las tinieblas».

«Creo que es una imagen bastante potente del Atlántico en la mentalidad medieval, y esa oscuridad, metáfora del desconocimiento, explica que abunden las referencias al Atlántico como “mar pedregoso”, “mar verde de la melancolía”, etc., siempre incidiendo en su carácter violento, amenazador y continuamente cambiante por las mareas».

«El peso de este recuerdo del mar y, por extensión, del océano exterior (como también se le llamaba, en contraposición al mar interior, al mare nostrum, es decir, al Mediterráneo) resulta evidente en varios dichos populares presentes en determinadas fuentes, tales como Elogiad el mar, pero permaneced en la orilla o Quien se echa a la mar aprende a rezar».

La longue durée atlántica

La longue durée es un término planteado por los historiadores de la escuela francesa de los Annales y desarrollado sobre todo por F. Braudel en su obra ‘El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II’, en el que aplica a ese mar una concepción histórica mucho más amplia que, pudiéramos denominar, tradicional.

Se basa en analizar, en su caso, el Mediterráneo y las culturas que interactúan con él (y a través de él) desde una óptica holística, tomando en consideración diversos elementos que se interrelacionan entre sí y que van moldeando la realidad mediterránea desde tiempos inmemoriales.

Carta Marina de Olaus Magnus.
Carta Marina de Olaus Magnus.

En el congreso se planteó la necesidad (y viabilidad) de trasladar ese concepto a la historia atlántica. Algunos estudiosos han hablado de “prehistoria atlántica” a la hora de referirse al Atlántico precolombino.

«Pero nosotros nos planteamos continuar con una línea analítica que intenta desterrar la idea de que el Atlántico, y la relación del hombre con ese océano, nace espontáneamente en el siglo XV, de la nada», relata Wittmann.

«Si leemos los estudios al respecto publicados hasta mediados del siglo XX, parece que el Atlántico no existía antes de las navegaciones pre-modernas, o por lo menos no había ninguna relación con ese espacio», reconoce este historiador. Y añade: «Son planteamientos que se están superando por nuevos puntos de vista surgidos al respecto».

1492 no surgió de la nada

La llegada de los europeos a América a finales del XV, y por tanto el conocimiento progresivamente directo del océano, «es el resultado de un larguísimo camino de autoconciencia geográfica, de referencias interconectadas entre diferentes culturas».

Y ahí entraría en juego el concepto de longue durée tal y como lo entendemos, aplicado al Atlántico: «una visión que supere los análisis basados en cronologías, fechas y períodos, y tenga en cuenta el Atlántico como un personaje básico de esta historia».

Evidentemente, 1492 es una fecha clave, «pero deberíamos replantearnos el hecho de que no surgió de la nada, espontáneamente, sino que es el producto de un proceso que se fue gestando durante muchísimos siglos».

2 COMENTARIOS

  1. Europa no era el mundo, sino la egoísta posición del imperio. Al llegar, por ultima instancia, no por conocimiento directo hasta las playas insulares, de una de las tantas islas regadas entre el hoy llamado atlántico y mar nuestro, ese mar interior conocido antes que llegara la degradación del europeo, como Karib, por nuestros aborígenes, no solo dio pie a una nueva visión terrenal, sino que hizo estallar en mil pedazos lo que ya estaba destruido: las europas. Desde una nueva visión del ignoto, y diferente, hasta la exuberancia de formas de vida vegetal y animal, una nueva cosmogonía, una filosofía de vida diferente, y lo que intentaron destruir a toda costa: una nueva, ya vieja, sociedad y una cultura. Una nueva visión, ya establecida por la experiencia de la misma existencia, de la Pachamama, y un nuevo poder espiritual en sus seres: su Dios. El invasor quiso, como todos, destruir lo construido por siglos, pero eso fue lo que salvó, el cemento que unió lo que ya se estaba destruyendo. Hoy todavía, por oscuridades impuestas, que han podido aceptar.

    • Estimado Sr. Cogollo Bernal:
      ¿Porqué no deja el discurso político chavista-bolivariano de lado en una publicación puramente técnica? Sería muy considerado de su parte ya que este tipo de comentario agresivo no es del estilo de esta prestigiosa y por demás seria publicación……..y además es de un terrible mal gusto mezclar la corrupción venezolana con el Atlántico.

      Saludo a usted con las consideraciones de mi mayor estima (obviamente ésto último encierra una enorme hipocresía de mi parte)

      Alvaro Kröger
      Montevideo- Uruguay

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