De todos los reinos medievales de España, en la actualidad, el leonés es el más desconocido y olvidado. Para comprobar este extremo no hace falta más que echar una ojeada a cualquier libro de texto del país o incluso a cualquier manual generalista de historia de España.

Este olvido es más sangrante si observamos que el león heráldico ocupa el segundo cuartel del escudo nacional. Es decir, es considerado el segundo reino en importancia, tan solo por detrás de Castilla.

Detalle de la puerta del cordero, en la basílica de San Isidoro de León.
Detalle de la puerta del cordero, en la basílica de San Isidoro de León. Autor: José Luis Cernadas.

El reino de León existió al menos desde el año 910 hasta 1230. Durante la mayor parte de ese tiempo fue el principal poder político de la Península.

En su seno tuvieron lugar hechos muy relevantes. Allí surgieron las leyes escritas con validez para todo un reino (1017) o nacieron de las Cortes (1188). En este artículo pretendemos dar un rápido vistazo a la historia del reino de León.

Su existencia va indisolublemente unida a la ciudad homónima. La ciudad de León nació como campamento militar de las Legios romanas VI y VII.

Para comprender los orígenes del reino de León, conviene echar un vistazo a las épocas prerromana y romana. También a los periodos inmediatamente posteriores.

Los orígenes: los ástures

Los ástures recibían su nombre del río Ástura (actual Esla), que constituía su frontera oriental. Habitaban, a grandes rasgos, la mayor parte de las actuales provincias de Asturias y León. Pero también la mitad occidental de Zamora y algunas áreas del nordeste portugués y del occidente gallego.

Mapa Asturia
Mapa de la zona de influencia de los ástures. Autor: Ricardo Chao Prieto.

Junto a los cántabros, los ástures fueron el último pueblo hispano en ser conquistado por Roma. Ello aconteció durante las guerras astur-cántabras, del 29 al 19 a.C. En ellas Octavio Augusto se empleó a fondo, utilizando nada menos que unas siete legiones (en torno a 80.000 hombres).

Además hizo uso de la flota de Aquitania, que hostigó a cántabros y ástures desde la costa. A pesar de haber sido derrotados, los dos pueblos continuaron levantándose en armas durante bastante tiempo.

Legio VII

Tenemos noticias de una rebelión ástur en torno al año 65 d.C. Tres años más tarde Galba formó una nueva legión, la Legio VII, para luchar contra Nerón. En el año 74 esta legión se asentó en el anterior campamento de la Legio VI entre los ríos Bernesga y Torío.

Este emplazamiento se convertiría en definitivo, siendo la Legio VII la única legión estacionada en la península hasta el final del imperio romano de occidente.

Campamentos estables del Imperio Romano
Campamentos estables del Imperio Romano. Autor: Ricardo Chao Prieto.

Con el tiempo la legión se dotó de torres y murallas para protegerse, convirtiéndose en un bastión casi inexpugnable para cualquier enemigo de la época. A nivel administrativo, la legión se encontraba en el Conventus Asturum.

Tenía su capital en Asturica Augusta (Astorga), dentro de la provincia Tarraconense. A partir de Diocleciano (298) y hasta el final del Imperio fue parte de la nueva provincia de Gallaecia.

Murallas romanas de León
Murallas romanas de León. Autor: José Luis Cernadas.

Reino suevo de Gallaecia (409-585)

En el 409 tres pueblos penetran en la península ibérica: suevos, vándalos y alanos. Los primeros se asentaron en la Gallaecia, en el noroeste de la península.

Al principio no fueron capaces de tomar las principales ciudades. Pero fundaron un reino con capital en Braga que perduró hasta el año 585, cuando fue absorbido por los visigodos.

Mapa de la División de Diocleciano 298 dC
Mapa de la División de Diocleciano 298 dC. Autor: Ricardo Chao Prieto.

Por el Parroquial Suevo y por la arqueología sabemos que la ciudad de Léon acabó formando parte de este reino suevo, y que en ella se llegó a acuñar moneda de oro.

León bajo el dominio visigodo (585-711)

Los visigodos mantuvieron la división administrativa del reino suevo. Respetaron la provincia de Gallaecia, compuesta a su vez por los diferentes conventus jurídicos (Asturiense, Bracarense y Lucense).

Reino de los Suevos Gallaecia
Reino de los Suevos Gallaecia. Autor: Ricardo Chao Prieto.

Al frente de cada provincia había un dux (o duque), cuyas funciones eran eminentemente militares, aunque acabarán teniendo también competencias fiscales y judiciales.

De la provincia de Gallaecia se acabó desgajando el llamado ducado Asturiense, creado entre 653 y 683, y cuya capital fue Astorga. Esta ciudad además es la única sede episcopal en toda la Asturia de la que tenemos constancia en este periodo.

La importancia del fuero juzgo

Uno de los grandes avances del reino visigodo, y que tendrá una enorme repercusión para el futuro reino de León, fue la promulgación del “Liber Iudiciorum” (Libro de los Jueces) en el año 654 por el rey Recesvinto.

Este corpus legislativo unificó las leyes para toda Hispania, fusionando el Derecho romano y el germánico. El libro recibió múltiples nombres a lo largo de su historia. Fue denominado “Liber Iudicum”, “Fuero Juzgo”, “Liber Gothorum”, “Libro Juzgo de León” o simplemente “Libro de León”.

Fuero Juzgo. Manuscrito de 1241 que es traducción del Liber Iudiciorum del año 654. Fuente: Biblioteca Nacional de España

Estas dos últimas denominaciones se deben a que fue recuperado como legislación básica del reino asturleonés en el siglo IX. Y siguió funcionando como tal a lo largo de toda la existencia del reino de León, incluso después de la unión con Castilla en 1230.

Tras incorporar el reino suevo, y expulsar a los bizantinos asentados en el sur, los visigodos lograron unificar Hispania bajo su mando, aunque constantemente tuvieron que hacer frente a las rebeliones de ástures, cántabros y vascones. La capital visigoda fue Toledo, en el centro mismo de la península.

La invasión musulmana y los inicios del reino de los ástures

En el año 711 los musulmanes cruzan el Estrecho, y en un avance militar fulgurante completan la conquista de la península en pocos años. La intención de los invasores era expandir su fe por toda Europa, pero fueron detenidos por Carlos Martel en la batalla de Poitiers (732).

Mientras tanto, en torno al año 722 ya se había iniciado la resistencia cristiana en las montañas de los Picos de Europa. Comenzó tras la victoria de Covadonga capitaneada por Pelayo.

Mapa de la Expansión del Reino de Asturias
Mapa de la Expansión del Reino de Asturias. Autor: Ricardo Chao Prieto.

Nacía así el llamado reino de Asturias, si bien las crónicas de la época lo llamaron el reino de los ástures. Este reino acabó expandiéndose hacia el sur, aprovechando los momentos de debilidad del emirato de al-Ándalus.

En la época de Alfonso II (791-842) se descubrió la supuesta tumba del apóstol Santiago, que se convirtió en un destino religioso para peregrinos procedentes de toda Europa. Este rey también restableció el Liber Iudiciorum y asentó la capital definitivamente en Oviedo.

Del reino de los ástures al reino de León (910)

Durante el reinado de Ordoño I las conquistas se extendieron por la submeseta norte, llegando hasta la ciudad de León. Esta debía conservar sus murallas romanas casi intactas.

No ha de extrañar que los monarcas asturianos pasaran en ella cada vez temporadas más largas. Alfonso III (866-910) conquistó la estratégica ciudad de Zamora, llevando la frontera hasta el Duero.

Su hijo García I (910-914) trasladó la corte a León, que sería la capital del reino hasta 1230. Este traslado es aprovechado por los historiadores para fijar el final del reino de Asturias y establecer el comienzo del reino de León.

Sin embargo es una clasificación totalmente arbitraria que ni siquiera aparece recogida en las crónicas de la época: los reyes, la dinastía, las instituciones, etc. seguían siendo los mismos, y no se percibió ningún tipo de ruptura.

Ordoño II y Ramiro II

García fue sucedido por su hermano Ordoño II (914-924), quien realizó incursiones tan profundas en al-Ándalus que hasta las lejanas ciudades de Badajoz y del Algarve portugués se vieron obligadas a fortificarse.

Tuvo que hacer frente al emir Abderramán III, que se proclamaría califa en el año 929. Ordoño obtuvo grandes victorias, como la de Castro Moros (San Esteban de Gormaz), pero también sufrió derrotas como la de Valdejunquera (920), a pesar de haberse aliado con el pequeño reino de Pamplona.

Ordoño II de León

Las guerras civiles en el Reino de León

Tras la muerte de Ordoño II se sucedió una época de guerras civiles en el reino leonés. Esta etapa finalizó en el 931, con la subida al trono de Ramiro II (931-951).

Este monarca centró sus esfuerzos en Toledo, tomando varias poblaciones para establecer un cerco sobre la antigua capital visigoda. Una de estas poblaciones fue Magerit, la futura Madrid.

Se fueron sucediendo las victorias y las derrotas entre cristianos y musulmanes. Harto de esta situación, Abderramán III proclamó la yihad en el año 939.

Reunió además al ejército más grande de la historia de al-Ándalus. Un total de 100.000 infantes y un número indeterminado de soldados a caballo. Probablemente se disponía a borrar del mapa al reino de León, o al menos su capital.

Pero la suerte le fue adversa y Ramiro lo venció en la localidad vallisoletana de Simancas, a pesar de estar en una clara inferioridad numérica.

Los musulmanes acabaron huyendo para ser nueva y definitivamente derrotados en Alhándega, donde Ramiro II estuvo a punto de capturar al mismísimo Abderramán III.

Reino de León después de la batalla de Simancas
Reino de León después de la batalla de Simancas. Auntos: Ricardo Chao Prieto.

Estas victorias supusieron una ampliación de fronteras del reino de León, ya que inmediatamente se cruzó el Duero y se llegó hasta el Tormes, repoblándose poblaciones como Salamanca o Baños de Montemayor.

A esta campaña le sucedió un tiempo de paz, aunque poco después se reiniciaron las hostilidades. Ramiro II todavía obtendría otra victoria en Talavera (950), aunque en enero del año siguiente renunció al trono para morir poco después.

Medio siglo de desastres

Tras la muerte de Ramiro II y de su hijo Ordoño III se sucedieron los desastres para el reino leonés. Los principales se debieron a guerras civiles, como la que enfrentó a Sancho I contra Ordoño IV o a Ramiro III contra Bermudo II.

Estas circunstancias provocaron que los monarcas y los condes buscasen la paz con el califato de Córdoba, comprometiéndose al pago de tributos.

Además los vikingos acosaron las costas del reino en el año 968, aunque ya habían realizado otras incursiones desde mucho tiempo atrás. La diferencia fue que en esta ocasión saquearon toda Galicia y se establecieron allí durante tres años, llegando incluso a Tierra de Campos.

Las campañas de Almanzor

Por si fuera poco en el último cuarto del siglo X comenzó a descollar en al-Ándalus la figura de Almanzor, hayib o primer ministro de Hisham II que trató de atacar a las principales ciudades del reino leonés.

Al principio no le sonrió el éxito, pero a raíz de la guerra civil entre Ramiro III y Bermudo II (982-985) sus campañas se convirtieron en auténticos paseos militares.

Así, destruyó ciudades tan importantes como Salamanca, Zamora, León, Astorga, Santiago de Compostela, Pamplona, Barcelona, etc.

De todas formas sus victorias fueron fútiles, porque a diferencia de al-Ándalus los reinos cristianos se caracterizaban por su ruralidad, por lo que la destrucción de las ciudades no supuso su derrota.

Tras la muerte de Almanzor (1002) y de sus hijos (1008) al-Ándalus se dividió en multitud de reinos de Taifas, y el reino de León se recuperó con rapidez.

Alfonso V y el Fuero de León (1017)

Alfonso V (999-1028) sucedió a su padre, Bermudo II, siendo apenas un niño. Durante la minoría de edad estuvo a merced de las decisiones de su madre y de los principales nobles. Pero en cuanto pudo se deshizo de las ataduras y según el cronista musulmán Ibn Jaldún “reemplazó a los condes por personas que le eran devotas”.

Los reinos de la Península en la época del Fuero de León de 1017.
Los reinos de la Península en la época del Fuero de León de 1017. Fuente: Ricardo Chao Prieto

Tuvo que sofocar algunas rebeliones y combatir en persona contra una nueva oleada vikinga. En esta ocasión estuvo dirigida por Olaf Haroldsson, futuro rey y santo con el nombre de San Olaf.

Poco después, para facilitar la reconstrucción y el repoblamiento de la capital promulgó el llamado Fuero de León. Concedía una serie de concesiones y privilegios para sus habitantes.

Este Fuero fue copiado y versionado por toda Hispania y además incluía una serie de ordenamientos para todo el reino. Convirtió a León en pionero en asuntos legislativos. Alfonso V murió tempranamente al recibir un flechazo durante el cerco de Viseo (Portugal).

Bermudo III y Fernando I

A Alfonso V le sucedió su hijo Bermudo, de corta edad. Tuvo la mala suerte de coincidir en el tiempo con Sancho Garcés III de Pamplona, un rey que fue haciéndose con Castilla y otros condados leoneses.

Con el tiempo, Bermudo III recuperó gran parte del terreno perdido, si bien tuvo que aceptar a Fernando, el hijo menor de Sancho Garcés, como conde de Castilla. Quizás para eliminar tiranteces este Fernando fue casado con Sancha, la hermana de Bermudo, y en sus documentos siempre reconoció a su cuñado como su rey y señor.

Bermudo III de León
Bermudo III de León

Contra lo que se suele decir, Fernando nunca se declaró rey de Castilla, ni recibió tal título de su padre. En cualquier caso, al poco tiempo los dos cuñados llegaron a las armas.

En la batalla de Tamarón (1037) Fernando se impuso a Bermudo, que falleció en la contienda al acometer prácticamente en solitario a las tropas enemigas.

Fernando I (1037-1065), infante pamplonés y conde Castilla, se hizo así con el reino de León gracias a su esposa doña Sancha. La consignaría siempre en sus documentos como portadora de la legitimidad dinástica.

Tardó varios años en pacificar el reino, ya que al principio no fue recibido con simpatía por los leoneses.

Reino de León durante el reinado de Sancha y Fernando I
Reino de León durante el reinado de Sancha y Fernando I. Autor: Ricardo Chao Prieto

Mientras tanto, el califato de Córdoba había desaparecido y se había dividido en las taifas, docenas de pequeños reinos que comenzaron a guerrear entre sí.

Esta situación benefició a los reinos cristianos. Aprovecharon la ocasión para imponerles las parias, es decir, tributos en oro a cambio de ayuda militar o sencillamente por seguir permitiendo su existencia.

Nuevas conquistas y amplios territorios

León seguía destacando en la Península por la amplitud de sus territorios, pero además Fernando I los amplió con nuevas conquistas en el norte de Portugal y al este de Castilla, e incluso recuperó algunas comarcas castellanas que todavía estaban en manos pamplonesas.

El oro que recibía de las taifas le sirvieron para embellecer el reino con construcciones como la basílica de San Isidoro (cuyo cuerpo se trasladó desde Sevilla a León) y el Panteón de los Reyes.

Antes de morir Fernando decidió dividir el reino entre sus tres hijos varones. Al primogénito, Sancho, le entregó Castilla, es decir, el condado que había recibido de su padre.

Al segundo, Alfonso, que según todas las crónicas era el hijo favorito, le concedió León, con el territorio más amplio y la capital del reino, lo que le situaba en una posición de preponderancia. Y al último hijo, García, le dio Galicia.

Con este reparto Castilla ascendía de condado a reino, si bien esta situación duraría apenas siete años.

División de reinos a la muerte de Fernando I.
División de reinos a la muerte de Fernando I. Autor: Ricardo Chao Prieto

Alfonso VI (1065-1109) y Urraca I (1109-1126)

Tras varios conflictos Sancho II se hizo con el control de los tres reinos en 1072, se coronó en León y desterró a sus hermanos. Pero su dicha duró poco, porque en octubre murió asesinado mientras asediaba Zamora, la ciudad que permanecía fiel a Alfonso VI.

A su muerte Alfonso regresó del destierro y fue reconocido como único rey por todos los nobles. García, muy impopular incluso entre sus súbditos gallegos, fue encarcelado de por vida.

Alfonso VI supo aprovechar muy bien las disensiones entre las taifas para lograr enfrentarlas, cobrarles parias e ir arrebatándoles territorio sin tener casi que arriesgar tropas.

Un súbdito que no supo comprender esta política fue Rodrigo Díaz, el Cid, cuyas torpezas y desaires al rey le valieron varios destierros a pesar de ser el principal militar de su época.

Mapa de los ataques almoravides a Alfonso VI
Mapa de los ataques almoravides a Alfonso VI. Autor: Ricardo Prieto Chao.

El principal logro de Alfonso VI fue la conquista de Toledo y toda su taifa en 1085. Este hecho provocó que los andalusíes llamaran en su ayuda al imperio almorávide. Los almorávides, integristas musulmanes subsaharianos que controlaba todo el norte y oeste de África, cruzaron el Estrecho y obligaron a replegarse a Alfonso, si bien fueron incapaces de recuperar Toledo.

El inédito reinado de una mujer en la Europa medieval

A pesar de sus cinco matrimonios y de sus relaciones extramaritales Alfonso VI  no tuvo ningún hijo varón que le sobreviviera. Así, a su muerte (1109) le sucedió su hija Urraca.

Hacía dos años que había quedado viuda al morir su marido, el noble francés Raimundo de Borgoña. Fruto de ese matrimonio tuvo dos hijos, Sancha y Alfonso: éste último llegaría a reinar como Alfonso VII de León.

Al reinar una mujer en solitario se dio una situación inédita en la Europa occidental medieval, por lo que los nobles del reino la convencieron para que se casara rápidamente con Alfonso I “el Batallador”, el rey de Aragón.

En el contrato matrimonial se estipulaba que en el caso de tener descendencia el hijo heredaría ambos reinos. Pero eso no ocurrió a pesar de la fertilidad de Urraca (que ya había tenido dos hijos del matrimonio anterior).

A Alfonso I no se le conoce ningún hijo legítimo o ilegítimo, y algunos cronistas insinúan que era homosexual. En cualquier caso el matrimonio acabó en desastre. Hubo malos tratos por parte del aragonés y guerras continuas entre los dos ex-esposos.

Alfonso I invadió Castilla. Logró mantenerla bajo su dominio hasta los tiempos del reinado de su hijastro, Alfonso VII.

Alfonso VII “el Emperador” (1126-1157)

Como ya se ha dicho, Alfonso era hijo de un anterior matrimonio de Urraca. A la muerte de su madre fue coronado en León como Alfonso VII, y rápidamente fue recuperando los territorios ocupados por los aragoneses.

También tuvo que hacer frente a las rebeliones de su tía Teresa, una hija bastarda de Alfonso VI que había sido nombrada condesa de Portucale (norte de Portugal).

Alfonso se casó en 1128 con Berenguela, hija del conde barcelonés Ramón Berenguer III, y hermana por tanto de Ramón Berenguer IV, el fundador de la corona de Aragón.

En 1135 se coronó emperador en la catedral románica de León, “puesto que el rey García, el rey de los musulmanes Zafadola, el conde Raimundo de Barcelona, el conde Alfonso de Tolosa y muchos condes y duques de Gascuña y Francia le obedecían en todo”, tal y como narra su Crónica.

Mapa de la la Península en la época de Alfonso VII el emperador
Mapa de la la Península en la época de Alfonso VII el emperador. Autor: Ricardo Prieto Chao.

Pero Afonso Henriques, hijo de Teresa de Portucale, se mostraba cada vez más independiente, y aunque se reconoció vasallo de Alfonso VII, acabaría proclamando la independencia de Portugal en 1139, que le fue reconocida en el Tratado de Zamora de 1143.

Alfonso VII realizó una gran cantidad de conquistas: Coria, Ciudad Rodrigo, etc. Incluso con la ayuda de Zafadola tomó Córdoba y otras ciudades andalusíes. En 1147 logró conquistar Úbeda, Baeza y Almería.

Pero pronto perdió muchas de sus conquistas a manos de los almohades, otros musulmanes integristas del norte de África que estaban dispuestos a coger el relevo de los almorávides.

En 1155 decidió que a su muerte se repartiría el imperio entre sus dos hijos: Sancho III recibiría Castilla y Toledo, y Fernando II León y Galicia. Alfonso moría dos años después, en 1157.

Fernando II (1157-1188) y Alfonso IX (1188-1230)

Fernando II es de los reyes más desconocidos de la historia de España, a pesar de haber ostentado una clara hegemonía sobre el resto de territorios cristianos. Y es que a la muerte de su hermano Sancho en 1158 se convirtió en el tutor de su sobrino, Alfonso VIII.

También fue el tutor de Alfonso II de Aragón, con lo que Fernando se intituló “Rex Hispanorum” y “Rex Hispaniarum”, es decir, rey de los hispanos y de las Hispanias, aunque sin atreverse a usar el título imperial de su padre.

En su época el reino de León tuvo que hacer frente a tres enemigos: los almohades en el sur, los portugueses al oeste y, más tarde, los castellanos al este. Fernando tomó las principales ciudades de la actual Extremadura.

Pero fueron recuperadas por los musulmanes en la ofensiva de 1174. Aunque obtuvo importantes victorias frente a los almohades, el rey leonés no logró reconquistar Cáceres, que constituía la llave de Extremadura.

Mapa de la Península en tiempos de Fernando II y comienzos del reinado de Alfonso IX
Mapa de la Península en tiempos de Fernando II y comienzos del reinado de Alfonso IX. Autor: Ricardo Prieto Chao

El nacimiento del parlamentarismo

A su muerte su hijo Alfonso IX subió al trono tras algunas dificultades iniciales. En algún momento de ese mismo año convocó curia plena en el claustro de San Isidoro, en la capital del reino.

Interior del Panteón de los Reyes en la Basílica de San Isidoro de León
Interior del Panteón de los Reyes en la Basílica de San Isidoro de León

Por primera vez tenemos constancia de que acuden representantes del pueblo llano, elegidos por las ciudades, convirtiéndose así en las primeras cortes de la historia. La UNESCO ha reconocido este hecho otorgando a León el título de “Cuna del Parlamentarismo”. Es el precedente más antiguo del sistema parlamentario.

Las guerras con Portugal, Castilla e incluso Aragón fueron continuas. No dejaron margen de maniobra a Alfonso IX durante muchos años. Pero en los comienzos del siglo XIII pudo rehacerse.

Comenzó a centrarse en la recuperación de Extremadura. Si bien no logró hacerse con la ciudad de Cáceres hasta 1229, entre ese año y el siguiente tomó Badajoz y Mérida. Dejaba así libre el camino hacia Sevilla.

Pero en el mes de septiembre de 1230, cuando se estaba dirigiendo a Santiago de Compostela, se sintió repentinamente enfermo. Acabó muriendo en Sarria el día 24.

A pesar de los numerosos hijos bastardos que tuvo, complicó mucho su sucesión. Dejó como herederas del reino a sus hijas Sancha y Dulce.

En contra de su voluntad, y tras muchas dudas y luchas civiles, le acabó sucediendo su hijo Fernando III. Ya estaba gobernando en Castilla. Por eso se considera que en ese momento surge la Corona de Castilla.

Mapa de la Corona de Castilla en los siglos XIV y XV.
Mapa de la Corona de Castilla en los siglos XIV y XV. Autor: Ricardo Chao Prieto

A pesar de ello León continuó teniendo sus propias instituciones y una gran autonomía. En su territorio siguió estando vigente el Libro de los Jueces o Fuero Juzgo. Las Cortes de León y de Castilla se reunieron por separado hasta mediados del siglo XIV.

El último rey de León

Todavía hubo un último rey de León, Juan I, hijo de Alfonso X el Sabio. Se intituló rey de León, Galicia y Sevilla desde 1296 a 1300. Emitió documentos y moneda, siendo reconocido como tal por los reyes de Portugal y de Aragón.

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Ricardo Chao Prieto (León, 1975) es profesor de Geografía e Historia en el colegio Nuestra Madre del Buen Consejo PP. Agustinos de León. Licenciado en Historia, diplomado en Biblioteconomía y Documentación, y especialista en Archivística, centra su atención en la Medievalística, y más concretamente en la historia del reino de León. En la actualidad realiza el Doctorado sobre heráldica real leonesa. Autor de "Alfonso VI de León y su reino" (Ed. Búho Viajero, 2010), "El encargo del rey" (Cultural Norte, 2012), y recientemente "Historia de los reyes de León" (Rimpego, 2017). Ha participado con relatos ambientados en la Edad Media en varios libros, como "Leyendas de León contadas por…", y "Cuentos de León narrados por…" (ambos de Ed. Rimpego). Ha colaborado en varios documentales, exposiciones y ciclos de conferencias. Codirige el espacio semanal dedicado a la historia de León en el magazine "Hoy por hoy León" de radio León cadena SER.

23 COMENTARIOS

  1. Hasta hace poco me he interesado por saber de la historia de nuestra madre patria, soy mexicana y estoy fascinada por estos relatos. Encuentro cierta resistencia a reconocer desde tiempos remotos a los “condados catalanes”, siempre que de territorio de trata habrá que ser fieles a la verdad.

  2. Es un buen resumen y le felicito por publicarlo. A mi juicio le ha faltado una reseña sobre la creación del Reino de Castilla, que es bastante importante para incardinar el crecimiento de Castilla y la superposición del reino castellano sobre el leonés. La Castilla naciente, rural, y poblada por colonos de cualquier parte, en una tierra inestable, prestos a defenderse pero libres. Castilla fue una especie de tierra de promisión medieval, que curiosamente se impone al reino más característico; León. Otra cosa que observo es un detalle de no poca importancia, que viene a ser una falsificación histórica, que conviene desterrar. LOS CONDADOS CATALANES, antes del Tratado de Corbeil no fueron conocidos jamás por ese nombre, sino como CONDADOS DE LA MARCA. Puestos a ser rigurosos seámoslo sin dar ocasión al nacionalismo que envenena las páginas de historia.

  3. Siempre la misma historia los Condes juegan a Reyes, ¡¡Pero nunca lo pueden ser!!. Para ser Rey, no hay que quererlo, “hay que serlo”

    • Es que Ýilliqiyah no es Galicia en el sentido étinico, tampoco Gallaecia o “Gallaetia” (en latín tardomedieval con ultracorrección, donde ya vemos que Ke,Ki y Te,Ti se pronunciarían como Ce, Ci, quizá con “ts” como las zz italianas). Y hablan del “Emir” de “Luyún”, tambien pasa con las crónicas cristianas que sitúan León en la Galaecia. No descubres la pólvora… afirmar que eso es Galicia es como decir que el Reino Visigodo de Toledo era España porque lo situaran en Hispania como contexto geográfico tomándolo de la misma división romana.

  4. Ahora mismo acababa de estudiar el tema de oposiciones sobre el nacimiento y expansión de los reinos cristianos, y este artículo me ha servido para reforzar las ideas que ya había aprehendido.

    Es bueno conocer la Historia de España, y artículos como este, tan didácticos y bien elaborados ayudan a ellos.

    Enhorabuena al autor por la documentación gráfica en forma de mapas que aporta.

  5. Excelente artículo, rica la historia de donde vengo, le he leído con regocijo desde mi querida y amada Venezuela, sepa que lo leo y lo doy como referencia de este lado del Atlántico. Dios lo guarde. Saludos Cordiales.

  6. Cuando unimos geografía e historia hay que tener cuidado con los anacronismos. En los mapas desde el año 900 a 1100 no hace más que repetirse la ficción de los “condados catalanes” . Que esto lo refiera un profesor de Historia me parece grave. Simplemente el corónimo Cataluña todavía no existía, con lo que esos territorios y sus condes, mal podían llamarse catalanes. Ha sido un “invento” propio de la manipulación histórica catalanista muy posterior, tan falso como exitoso y hecho a medida para alumbrar una Cataluña “milenaria”. Me parece muy bien que los nacionalistas lo propalen, pero que les facilitemos la tarea no me parece inteligente, sino descuidado, ignorante y perezoso.

    Le rogaría al autor que reflexionara.

    • Se hace por comodidad, lo mismo que hablar de País Vasco con anterioridad del s. XX, en vez de Vascongadas, etc. Coincido en que es poco preciso, y puede que incorrecto, pero entonces tampoco podríamos hablar de reino de Asturias, y ni siquiera de reino de León hasta épocas más tardías de las habituales (no empieza a usarse “reino de León” como tal hasta el siglo XI, si mal no recuerdo)

      • Es perezoso e incorrecto en un historiador. En un no historiador es mera ignorancia. Pero el tema cala y ahí queda.
        Los historiadores están para averiguar hechos y contexto. Aquellos condes ni sabían que era eso de catalán o Cataluña y sus lenguas eran dialectos germanos. Lo mismo que la mayor parte de su tropa.
        En lo que respecta a los otros corónimos digo lo mismo.

      • Disculpe la pregunta.
        Si no se puede hablar de reino de Asturias, ni de reino de león hasta el siglo XI. ¿Por qué lo hace usted?

    • Le invito a que eche un vistazo al Atlas de Historia de España de Fernando García Cortázar, Premio Nacional de Historia de 2008, como comprobará, si se interesa por este autor, está muy lejos de considerarse nacionalista y tiene mapas que hacen referencia a los Condados Catalanes en los Siglos VIII y IX. Yo no defiendo nada, pero cuando se realiza un discurso como el suyo, lo mínimo que se debe hacer es dar referencia bibliográficas.

      • La región del norte peninsular dominada por Carlomagno la denominó la Marca Hispánica o Hispana. Los jefes de los destacamentos militares eran los ‘cómites’ de donde se derivó la denominación conde y condado. Eran germanos o francos, lo mismo que sus tropas. Llamar en esos tiempos ‘condados catalanes’ a los territorios de la Marca es un dislate. En todo caso, condados que con el paso de los siglos formaron la actual Cataluña.

    • los candados catalanes si que han existido lo que pasa es que nunca han sido un reino independiente de España por eso ahora se quieren independizar

      • Un condado mal puede ser un reino. Y un condado ‘catalán’ mal puede serlo siglos antes de que naciera el corónimo Cataluña que aparece en la historia por primera vez en el testamento de Alfonso II, refiriendose de manera indirecta a sus acaptos, los marquesados de Lérida y Tortosa.

  7. Enhorabuena por el artículo puesto que es excelente! Pero no hay que perder la perspectiva ya que más allá de los diferentes reinos cristianos surgidos. Sólo hubo una realidad que todos ellos incluido el de León fueron criaturas del mismo anhelo recuperar el perdido reino visigodo de Toledo.

  8. ¡Excelente artículo! Una duda: siempre he leído “astures” en lugar de “ástures”, ¿se puede decir de ambas formas? Y otra cosilla: las fronteras de los mapas difieren en algunos casos de las propuestas en atlas históricos (como el interactivo Geacron), entiendo que será debido a la diversidad de fuentes y a la inexistencia de documentos inequívocos…

    • Muchas gracias por el comentario. Sabemos que la “u” de ASTŬRA y ASTŬRES era una vocal breve, por lo que la vocal tónica –aquella en la que recae el acento– tenía que ser necesariamente la precedente (en latín la tonicidad depende mecánicamente de la cantidad de la sílaba). Es decir, en la época sabemos que se pronunciaba ástur y ástures, pero la costumbre ha llevado a astur y astures.
      Y lo que dices sobre las fronteras, efectivamente depende de las fuentes que se consulten. Dibujar líneas en un mapa es muy fácil, pero en la época las fronteras eran un concepto mucho más difuso.

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