El imaginario colectivo suele asociar los terremotos al denominado Cinturón de Fuego del Pacífico. Japón, Chile o Indonesia forman parte de esa gran franja sísmica y volcánica que rodea este océano y que concentra cerca del 90 % de los terremotos registrados en la Tierra. Pero el mapa mundial de los terremotos es mucho más complejo.
Allí se registran algunos de los terremotos más intensos y destructivos del planeta. Pero el riesgo sísmico está mucho más repartido de lo que solemos pensar. El Mediterráneo oriental, Turquía, el Himalaya o el Caribe forman parte también de ese mapa invisible de tensiones tectónicas que recorre la superficie terrestre.
Sabemos qué regiones del planeta se encuentran sobre límites de placas, conocemos las grandes fallas activas y podemos identificar las zonas donde se concentra el peligro sísmico. Lo que sigue escapando a nuestra capacidad es determinar el momento exacto en que se producirá el próximo gran terremoto.

Una herramienta para explorar los terremotos
Antes de entrar a detallar las zonas sísmicas principales del planeta, vamos a detenernos en una herramienta que resulta de mucho interés para localizar los principales terremotos ocurridos desde 1980.
Se trata de Seismic Explorer, una sencilla herramienta web, que, con una interfaz muy intuitiva, nos permite elegir el rango temporal de los eventos sísmicos y la magnitud que deseamos visualizar sobre un mapa global en el que podemos hacer zoom en cualquier zona del mundo.

Además, la función «Draw Cross-section» crea un volumen 3D que se puede rotar y que muestra los terremotos en profundidad. La herramienta está basada en Seismic Eruption, un programa desarrollado por Alan L. Jones de State University of New York en Binghamton y los datos de los terremotos provienen del USGS. He descubierto la herramienta gracias al blog de Jorge Ginés.
Un planeta fragmentado en enormes piezas
Lo cierto es que la superficie terrestre no es una capa rígida y continua. En cierto sentido, el mapa tectónico puede entenderse como un entramado de cicatrices y costuras que recorren el planeta. Son líneas invisibles para la mayoría de nosotros, pero sobre ellas se concentra buena parte de la actividad geológica de la Tierra.
De este modo, el planeta está dividido en una serie de enormes bloques, conocidos como placas tectónicas, que se desplazan lentamente sobre el manto terrestre. Son movimientos diminutos a escala humana, por lo general de apenas unos centímetros al año, pero suficientes para transformar la geografía del planeta a lo largo de millones de años.
La mayoría de los terremotos se producen precisamente en los límites entre estas placas. Allí es donde se generan fricciones, choques y desplazamientos que acumulan enormes cantidades de energía. Así, existen tres grandes tipos de límites tectónicos:
- Los límites convergentes, dos placas chocan entre sí. En ocasiones, una de ellas se introduce bajo la otra en un proceso denominado subducción. Son las zonas capaces de producir los terremotos más potentes del planeta y también las responsables de algunas de las principales cadenas montañosas y arcos volcánicos.
- Los límites divergentes, las placas se separan lentamente y permiten el ascenso de materiales procedentes del interior terrestre. Aunque también generan actividad sísmica, sus terremotos suelen ser menos destructivos.
- Los límites transformantes, dos placas se desplazan lateralmente una respecto de la otra. La fricción impide que el movimiento sea continuo y la energía se acumula hasta liberarse bruscamente en forma de seísmo.
El gran anillo sísmico del Pacífico
El Cinturón de Fuego del Pacífico constituye la mayor concentración de actividad sísmica del planeta. Se extiende a lo largo de unos 40.000 kilómetros y bordea prácticamente todo el océano Pacífico.
La costa occidental de América, desde Alaska hasta Chile, forma parte de este inmenso arco tectónico. También lo hacen las islas Aleutianas, la península de Kamchatka, Japón, Filipinas, Indonesia, Papúa Nueva Guinea y Nueva Zelanda.

La mayor parte de estas regiones se encuentran situadas en zonas de subducción, donde una placa oceánica se introduce bajo otra. Este tipo de límites es capaz de acumular tensiones durante siglos y liberarlas de forma repentina mediante terremotos de magnitudes extraordinarias, como los registrados en Chile en 1960 o Japón en 2011.
La gran franja sísmica que une el Mediterráneo y el Himalaya
Aunque menos conocida, existe una segunda gran banda de actividad sísmica que se extiende desde el Mediterráneo hasta el sudeste asiático.

Su origen se encuentra en la colisión entre las placas africana, arábiga, india y euroasiática. Esta compleja interacción tectónica explica la elevada sismicidad de países como Italia, Grecia o Turquía y se prolonga hacia el este a través de Irán, Pakistán y el Himalaya.
El Himalaya constituye uno de los ejemplos más impresionantes de la capacidad de las placas tectónicas para remodelar la superficie terrestre. La cordillera se ha levantado por el choque entre la placa india y la euroasiática, un proceso que continúa en la actualidad y que convierte la región en una de las áreas sísmicamente más activas del planeta.
El Caribe, otra frontera tectónica menos conocida
El Caribe suele quedar fuera de los mapas mentales que asociamos al riesgo sísmico. Sin embargo, constituye otra importante región de contacto entre placas.

La placa del Caribe interactúa con las placas Norteamericana y Sudamericana mediante una combinación de procesos de subducción y deslizamiento lateral. Como consecuencia, países como Haití, República Dominicana, Puerto Rico o Venezuela se encuentran expuestos a una actividad sísmica significativa.
La historia reciente ha demostrado que algunas de las catástrofes sísmicas más devastadoras también pueden producirse en esta región aparentemente alejada de los grandes focos de atención del riesgo sísmico mundial.
Un mapa que conocemos cada vez mejor
La gran paradoja de la sismología moderna es que conocemos con bastante precisión la geografía del peligro, pero seguimos sin poder establecer un calendario de los grandes terremotos.
Sabemos cuáles son las principales placas tectónicas, dónde se encuentran sus límites y qué regiones concentran las mayores tensiones geológicas. Podemos identificar las fallas activas y estimar qué territorios presentan una mayor probabilidad de sufrir grandes seísmos.
Lo que sigue escapando a nuestra capacidad es determinar el momento exacto en que la energía acumulada en las rocas terminará liberándose.
En realidad, la Tierra ha dibujado desde hace millones de años un mapa bastante preciso de dónde volverá a temblar. Lo único que aún permanece oculto es la fecha de la próxima sacudida.

Una sinopsis muy bien escrita con mapas muy aclaratorios que facilitan la lectura.
Gracias Gonzalo.
Excelente explicacion, gracias!!
Muchas gracias, interesante siempre, aunque se me hace corto.
Un saludo