El misterio de la R francesa y su expansión por Europa

Cada lengua suena diferente. Cada una tiene su particular entonación y sonidos. Por supuesto, también su gramática y su léxico, pero eso pasa desapercibido para el oyente que no la sabe. Su fonología y sus rasgos suprasegmentales o, como son más conocidos, prosódicos (entonación, ritmo, acento, duración…), son el primer contacto que tenemos y lo que más nos llama la atención.

Es sobre estos rasgos sobre los que formamos los tópicos o los que nos atrevemos a imitar para referirnos a un hablante de otro idioma que no hablamos. Más concretamente, sus sonidos.

Por supuesto, no todos nos llaman la atención. Cuando un español escucha a un italiano hablando no encuentra extraños sus sonidos, porque son muy parecidos. Nos resulta curioso la cantidad de veces que repiten uno que para nosotros es menos común, el representado por la grafía <ch> en español o <ce, ci> en italiano. Encontramos raro el de la <r> francesa, y no es casualidad que cuando imitamos a un francoparlante exageremos precisamente en ese aspecto: es lo que consideramos más diferente de nuestro propio idioma.

Esquematización de la cavidad bucal. El verde muestra la zona donde se pronuncia la R en español. En amarillo, en francés. Wikipedia.

Por eso la caracterización de un idioma puede cambiar según la lengua nativa del que lo oye. Así, para un hablante de una lengua que tenga el mismo sonido que la <r> francesa o uvular, este no será nada ajeno.

La <r> española, tan difícil para hablantes de francés, inglés o alemán, no debe resultar ninguna sorpresa para un hablante de rumano (aunque la cantidad de vibraciones producidas sea diferente en ambas lenguas, ningún sonido es igual a otro, ni siquiera si un mismo hablante lo produce dos veces seguidas, pero es un asunto complejo que no se puede abordar aquí).

Hay sonidos que, además, resultan un auténtico misterio. ¿Por qué aparecen? El cambio fonético, aunque, como cambio lingüístico que es, sigue siendo en parte un misterio, puede entenderse desde un punto de vista histórico, al menos su parte física: los órganos, la fuerza espiratoria, la masa y el volumen del aire… son analizables y, en cierto modo, algunos de ellos, medibles. Hoy vamos a hablar de uno de estos sonidos cuyo origen nos plantea un enorme interrogante y que ya hemos mencionado: la <r> francesa.

La <r> en francés antiguo y moderno

El francés es una lengua latina o romance, es decir, es la continuacion del latín hablado en la zona norte de Francia. No vamos a entrar en la polémica de si era una lengua hablada o fue una lengua creada como lingua franca escrita durante la Edad Media.

Como todas las lenguas romances, su <r> sonaría como en latín, aunque tenemos alguna duda de si en latín era lo que tradicionalmente se llama vibrante simple (la <r> de pero) o múltiple (la <r> de perro).

En resumen, el francés tuvo, la mayor parte de su historia, algo parecido a una vibrante simple o múltiple que cualquier hispanohablante encontraría de lo más normal. El cambio a su sonido actual, aunque no se sabe con precisión cuándo empezó, podemos sospecharlo.

El escritor francés Molière (Wikimedia)

La literatura a veces nos da pistas, cuando no contamos con textos de gramáticos que nos hablen directamente de las características de la lengua que hablan. Los tenemos desde época griega, aunque no con tanta frecuencia como nos gustaría. Molière, el afamado dramaturgo francés, en su obra El burgués gentilhombre, dice lo siguiente (acto IV, escena V):

Y la R llevando la punta de la lengua hasta lo alto del paladar, de manera que,  al  ser  rozada  por  el  aire  que  sale  con  fuerza,  cede  ante  él  y  vuelve siempre al mismo sitio con una especie de temblor.

Lo que nos está diciendo Molière en boca de su personaje es que, en el siglo XVII, cuando se escribió, la <r> francesa se pronunciaba de manera muy parecida a la actual española.

Las interpretaciones sobre el origen de la R uvular en el francés

Pese a todo lo evidente que puede parecer este fragmento, en realidad siempre hay duda. Los profesores se dedican a enseñar la lengua estándar, culta o de prestigio y censuran los fenómenos que no caben en ella. Así, este testimonio podría no tratarse de lo que los franceses de su zona decían, sino de lo que consideraban que había que decir.

Como ejemplo de esto en nuestros tiempos: una amiga argentina que estudió en la escuela primaria en los años noventa me comentó que su profesora les enseñaba en clase que había que decir la <ll> como sonido lateral palatal (es decir, como en portugués o en las zonas no yeístas del castellano/español) y la <y> como se pronuncia en cualquier parte del español no rioplatense (generalizando). En los años 90 en Buenos Aires, como ahora, ninguno de los dos sonidos existía, ya que la pronunciación de ambas letras es como actualmente, con su característico rehilamiento.

Sabemos que en la segunda mitad del siglo XVIII, en la zona de París, el sonido de la actual <r> estaba ya generalizado. Dado que los cambios lingüísticos son lentos, no sería de extrañar que este sonido estuviera gestándose en época del dramaturgo, un siglo antes.

Los sonidos y los préstamos

Los sonidos son un préstamo rarísimo entre lenguas. Es decir, así como pasar palabras de un idioma a otro es lo más común y pasar rasgos gramaticales es raro, transferir sonidos es rarísimo. Pero pasa. Se planteó si no podría haber sido influencia alemana o de otra lengua germánica.

Los idiomas que tienen una <r> similar a la actual francesa en su norma son el alemán y el danés. Lenguas que no lo reconocen en su variedad culta pero donde está extendida geográficamente son el holandés, el sueco, el noruego e incluso una pequeña zona de Inglaterra. Entre las lenguas romances, solo el portugués reconoce un sonido parecido en su norma, y dialectalmente lo conocen el piamontés, el italiano y… el español. Sí, el español, pero dejamos aquí el misterio para otro artículo.

Expansión de la R uvular en Europa. Las zonas más oscuras significan mayor preponderancia, las más claras, un menor uso. En las marrones no es un fenómeno común (Wikimedia)

El fenómeno es más común por superestrato. Es decir, la lengua poderosa que se instaura en la zona de otra con menos prestigio le da rasgos. Por ejemplo, el bretón, lengua celta hablada en la península de Bretaña, o algunas variedades de las lenguas occitanas, en el midi francés, han adoptado actualmente el sonido del que tratamos, el de la <r> de la todopoderosa lengua francesa, cuando tradicionalmente su sonido en ambas lenguas era vibrante alveolar como en español.

Conclusiones

No parece que haya sido un fenómeno de superestrato, ya que ninguna lengua ha podido competir en prestigio con el francés en Europa hasta el siglo XIX, cuando empezó el vertiginoso ascenso del inglés.

El surgimiento debió nacer dentro del seno de la lengua francesa, pero resulta un misterio desde un punto de vista de la articulación. Podemos entender, por ejemplo, por qué surgió el sonido de la <ch> en español desde una lengua que no lo tenía, el latín, pero no en el caso de la <r> gala.

La lingüística histórica continúa estudiando el fenómeno y existen teorías de todo tipo, algunas más factibles, otras menos. Quizá, algún día, surja algún Einstein de la fonética que nos resuelva el misterio.

Molière El burgués gentilhombre

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