Sobre el cambio lingüístico y el origen del seseo (y del ceceo)

Las lenguas cambian. Es una verdad indiscutible y contra la que poco se puede hacer. El cambio, además, suele ocurrir entre las capas más bajas de la sociedad, lo que siempre hace que sea rechazado por los hablantes más conservadores, normalmente los más educados y cercanos a la norma en su habla.

¿Cómo surge el cambio lingüístico?

Las dos posibilidades finales cuando surge el cambio lingüístico

Sin embargo, el cambio se instala en la sociedad, y durante un tiempo la forma conservadora y la innovadora conviven en el tiempo y el espacio. Al final, después de un tiempo que puede ser mucho o poco, solo una de las dos quedará. Hay cambios rápidos, hay otros lentos. Algunos de ellos increíblemente lentos. Por ejemplo, la confusión entre complemente directo y complemento indirecto, el famoso “la dije” de Castilla, es tan antiguo como el propio español. También el intercambio de posición entre los pronombres “me se ha caído” es tan viejo como el propio idioma. ¿Son cambios que aún no se han decidido, o son dos sistemas diferentes establecidos que coexisten? Difícil pregunta sin respuesta sencilla.

Pero hay que tener cuidado, no todos los cambios surgen en las esferas menos instruidas de la sociedad. En la Edad Media no existía la terminación de superlativo -ísimo, tan común hoy día, y fueron las personas que sabían latín las que la intrudujeron la lengua, literaria, primero, común, después.

Aunque el leísmo es general en toda la península en determinadas circunstancias, es un fenómeno especialmente fuerte en Castilla, donde además se mezcla con el laísmo y loísmo

Por lo tanto, el cambio no es siempre espontáneo, como pueda ser “la dije” o “me se ha caído”, también puede ser voluntario y planeado, como “-ísimo”. Uno de ellos está estigmatizado, el otro no. No es difícil averiguar por qué.

Pero, ¿todos los cambios planeados son abiertamente aceptados? La respuesta es, evidentemente, no. Tenemos el ejemplo claro del pronombre “elle”, que se usa para evadir el género de las palabras. Es rechazado categóricamente por la mayoría de la sociedad, o al menos por una amplia parte. Los motivos, como siempre, no son lingüísticos.

Desde un punto de vista lingüístico, el pronombre “elle” no supone ningún problema (desde el punto de vista lingüístico no hay ningún cambio que suponga un problema, un lingüista describe, no juzga, y la lengua cambia y se reestructura constatemente). El motivo es, claro, social. En este caso un cambio es rechazado con una vehemencia proporcional al rechazo que causa el colectivo que lo introduce.

La razón por la que aceptamos un cambio y otro no es extralingüística, es decir, no suele tener nada que ver con la lengua, sino con la valoración que hacemos de ella. Es algo social.

¿Por qué surge el cambio lingüístico?

Ya hemos visto que las lenguas cambian y no se puede hacer nada en contra, para desgracia de los más puristas. Pero, ¿por qué cambian? ¿Qué motiva el cambio lingüístico?

El inglés es una lengua que ha sufrido grandes cambios a lo largo de su historia. Si nosotros tenemos dificultades para leer textos del siglo XIII, para un angloparlante sería prácticamente imposible

Se ha hablado de cuestiones culturales, se ha hablado de cuestiones físicas, es decir, articulatorias, se ha hablado de la economía lingüística (uno de los múltiples tópicos que se creen sobre la lengua que tienen difícil aceptación entre la comunidad científica)… y no se ha podido demostrar que ninguno de ellos tenga un carácter fundamental en su desarrollo.

El cambio, esa gran verdad incuestionable, es hoy un día un misterio. No sabemos por qué cambian las lenguas. Actualmente, es la sociolingüística la rama que se encarga con más ahínco de su estudio, porque se presupone que el motivo debe estar más relacionado con la sociedad que con la estructura del idioma.

El español o castellano ha sufrido, como todas sus hermanas romances y como todas las lenguas del mundo, grandes cambios desde que era latín. Porque podría interpretarse que el español es latín, una forma de latín, al menos.

Cambios que provocaron que la lengua tuviera que sufrir grandes procesos de reestructuración: la palatalización, que hizo que se tuviera que cambiar todo el sistema fonológico, la pérdida de las declinaciones, que provocó un reajuste total sintáctico y morfológico…

Pero el español no surgió tal como lo conocemos hoy día del latín. En la Edad Media tenía el sonido de la x gallega, de la j francesa, de la lh portuguesa (aún se conserva esta en zonas tanto de la península como de Latinoamérica).

Uno de los cambios que marcan una gran diferencia entre las diferentes variedades del español es el seseo. ¿Cuál es su historia? ¿Cuándo surgió? ¿Cómo?

Historia del seseo (y del ceceo)

En castellano medieval existían sonidos que ahora ya no tenemos. Normalmente, y para este caso, los sonidos se juntan en parejas. Cada sonido se opone a su pareja.

Es normal encontrar, en textos medievales, las grafías çe, çi, ya que se pronunciaban igual que ce, ci y la vacilación era constante. Así, por ejemplo, siempre se escribía Mio Çid (mío Cid)

/s1/ – /z1/ = el fonema /s1/ era igual que el actual de la península ibérica excepto Andalucía (en este artículo se explica la diferencia entre los dos tipos de <s>). Y esta diferencia es fundamental para lo que pasará después, así que tenedla en cuenta. El fonema /z/ es el de la francesa maison, es decir, igual que la /s/ pero moviendo las cuerdas vocales. La diferencia gráfica entre los dos sonidos era igual que actualmente en francés, portugués, catalán o italiano. Si iba entre vocales era sonora /z1/, en cualquier otra posición era sorda /s1/. Existe el debate sobre la realización de <s> a final de palabra cuando la siguiente empezaba por vocal. Viendo su comportamiento en portugués, francés, catalán e italiano, lo esperable es que fuera, también, /z1/. Un fonema /s1/ entre vocales se escribía <-ss->. No era una /s1/ doble, sino una /s/ simple, como diríamos hoy, normal.

/ts/ – /dz/ = el fonema /ts/ estaba representado gráficamente por <ce, ci, ç>, y /dz/ por <z>. Así, por ejemplo, García, se pronunciaba algo así como /Gar.’tsi.a/, y cabeza como /ca.’be.dza/. El primer sonido es el que encontramos en el italiano pizza, mientras que el segundo es su variante sonora, es decir, moviendo las cuerdas vocales.

Aunque todavía faltan algunas, para el tema que nos incumbe este era el sistema de consonantes sibilantes del castellano medieval. Lo que ocurrió después, y que lleva a nuestra situación actual, es lo que se llama tradicionalmente el reajuste de las sibilantes.

El reajuste de las sibilantes

Un factor muy importante que debemos tener en cuenta es que los cambios en la lengua son muy lentos, al menos en la mayoría de los casos. El cambio que describo a continuación empezó en el siglo XV y terminó en el XVII, ocurrió antes en algunos lugares y más tarde en otros, y en algunas clases sociales antes que en otras. Nadie se levanta un día hablando diferente que el día anterior, y pocas generaciones hablan diferente a su predecesora (estructuralmente hablando, las palabras cambian rápida y continuamente).

El cambio para las zonas con distinción actual <s/z> fue así:

En el siglo XV se dio el primer cambio. Los fonemas /ts/ y /dz/ desaparecieron, y en su lugar surgieron /s2/ (la actual de Andalucía y Latinoamérica) y su correspondiente /z2/, sonora (moviendo las cuerdas vocales). En este momento tenemos, por lo tanto, dos sonidos que hoy entenderíamos como <s> y sus correspondientes sonoras (moviendo las cuerdas vocales como en maison).

Simplificación del reajuste de sibilantes en español

En la primera mitad del siglo XVI, la /s1/ castellana, la actual de la península excepto Andalucía, le comió terreno a su variante sonora /z1/, que acabó desapareciendo. En el siglo XVI, por lo tanto, encontramos que existían dos sonidos /s/ diferentes, uno que venía de /ts/ y es el actual de Andalucía y Latinoamérica /s2/, y otro que es el típico del resto de la península, /s1/. Este sonido /s2/, originario de /ts/, se seguía escribiendo <ce, ci, ç>.

En la segunda mitad del siglo XVI desapareció la variante sonora de /s2/ proveniente de /ts/, por lo que es el momento en que conviven plenamente las dos /s/, la actual castellana 1 y la actual andaluza/latinoamericana, la 2. Una que había sido /s-z/ (1) y la otra venía de /ts-dz/ (2).

Es el siglo XVII cuando surgen los fenómenos actuales. Probablemente con origen en Castilla, la /s2/ que venía de /ts-dz/, la que sonaba como la andaluza y latinoamericana, se transformó en el actual sonido que escribimos <ce, ci, z> tan característico del español europeo, mientras que la otra se mantuvo tal y como era y es hoy día.

Ya tenemos el origen de ese y de la zeta en español de Europa. ¿Qué pasa con el seseo?

En Andalucía, alrededor de Sevilla, la evolución fue diferente. Con la simplificación de /ts/ en /s2/, las dos /s/ que existieron en Castilla en el sur pasaron a ser una sola, mientras que los dos sonidos sonoras /z/ provenientes de /z-dz/ pasaron a ser también uno solo. Mientras que al norte de Despeñaperros había dos oposiciones /s-z/, aquí solo hubo una.

El seseo y el ceceo en Andalucía

Esto explica la confusión gráfica en los textos de la zona durante esa época y su expansión por Canarias y Latinoamérica. En el siglo XVI, cuando se perdió la variante sonora, solo quedó un sonido /s2/, el que en el norte evolucionó a <ce, ci, z> actuales, pero que en el sur se había “comido” a la variante castellana y se había quedado tal cual. En el siglo XVII, a la vez que surgía la zeta castellana, esta /s2/ evolucionó en algunos lugares al mismo sonido, lo que dio lugar al ceceo, mientras que en otro se mantuvo /s2/.

Y así llegamos a la situación actual.

Estas fechas son meramente orientativas. Como indiqué, los cambios se producen muy poco a poco tanto temporal, como geográfica y socialmente. Por lo tanto, es mejor tomar las referencias temporales que he dado como orientativas de cuándo se asentaron los cambios, más que de cuándo surgieron.

Conclusiones

Como se ve, el seseo o el ceceo no son la consecuencia del nivel educativo, de la cultural ni del aprendizaje de la lengua española o castellana. Son, simplemente, el resultado de una evolución propia del español cuya explicación es meramente histórica.

Desgraciadamente, hasta que no sepamos por qué existe el cambio lingüístico, no podremos explicar por qué, con el devenir del tiempo, se alteraron estos sonidos. Visto lo visto, es mejor sentarse para la larga espera que todavía nos aguarda.

7 comentarios en “Sobre el cambio lingüístico y el origen del seseo (y del ceceo)”

  1. Hola Eugenio: Muy interesante el estudio filológico sobre la lengua española y como evoluciona a través de las épocas y la sociedad. Pero, sería valioso, como ya te lo han sugerido otros lectores de éste tema, un audio de la pronunciación.
    Muchas gracias Eugenio ! Julius, Tandil, Argentina

  2. sr. Ríos : en aprox. 1/3 de la prov. de Cádiz ( la Janda, Chiclana, Puerto Real…) ni se cecea ni se sesea, sino que se JEJEA (¿?) tiene ud. toda la razón : no es cuestión de nivel ni de clase social. Cuando afirman algo, dicen “jí” ( por sí) y caminan por los “jendero’h” ( por senderos) por poner dos ejemplos. esto no sé de dónde sale , pero es curiosísimo que a nueve kms. ceceamos y ellos no. siempre me ha parecido, además, que son perfectos candidatos para aprender holandés o afrikaans pues es una variedad del castellano de las más guturales que existen y la conversación les saldría sola. salu2.-

    1. Bernardo Ríos

      Hola, Héctor:

      Tanto en Chiclana como en Puerto Real y otras zonas de la Janda o la provincia de Cádiz en general (y otras de Andalucía) existe el heheo o jejeo, pero es, de los fenómenos que se encuentran en las hablas andaluzas, el menos localizable de todos geográficamente. Es decir, existe en todas partes pero no predomina en ninguna. Yo mismo, de Cádiz capital, nivel socioeconómico medio y educación superior, digo “hí, ahín” en vez de “sí, así”.

      Podemos tener experiencias personales diferentes, pero de todas las personas que conozco de Chiclana o Puerto Real, por mencionar las poblaciones que tú mismo has puesto como ejemplo, ni una sola hehea. Es un fenómeno reducido y en franco retroceso según todos los estudios dialectológicos andaluces a los que he tenido acceso. No quiere decir esto, por supuesto, que no existan zonas, ambientes o estratos sociales donde se conserve y siga bien vivo.

      Además, ese sonido es el mismo que tenemos el resto de gaditanos en palabras como “jirafa, gente, jaleo”, por lo tanto, no parece que tuvieran más ventajas que el resto a la hora de pronunciar otra lengua.

      Como último apunte, me gustaría mencionar que no es un caso exclusivo del andaluz. Un buen amigo, oriundo de Cantimpalos, provincia de Segovia, es también heheante y pude comprobar que es un rasgo que abunda en su localidad y alrededores.

      Un saludo y gracias por el comentario.

  3. Hola Bernardo, interesantísimo el artículo. Sería posible acompañarlo de un audio, a modo demostrativo? Porque para los que no estamos habituados a interpretar los signos fonéticos, se nos complica. Muchas gracias y abrazo. Daniel, Tandil, Argentina.

    1. Bernardo Ríos

      Hola, Daniel:

      Pues, para ser sincero, ignoro totalmente si es posible. Tendré que consultarlo. Desde luego, facilitaría mucho la comprensión del texto.

      Muchas gracias por el excelente aporte.

      Un saludo.

  4. ¿Por favor, podrías hacer un artículo similar en Youtube para que te oigamos? Es porque aquí los no lingüistas no nos enteramos de nada.
    El tema del artículo me ha parecido super interesante.
    Muchas gracias

    1. Bernardo Ríos

      Hola, Eugenio:

      Tenemos podcasts de algunos artículos, aunque de este todavía no hay. A ver si un futuro es posible realizarlo.

      Gracias por el comentario.

      Un saludo.

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