El hombre controla la tecnología y la tecnología parece dominar el mundo. Pero no siempre. Muchos son los casos que nos demuestran cómo la naturaleza nos puede dejar a su merced. Es el caso de las epidemias que paralizan sociedades o nevadas que paralizan ciudades. También el de tormentas de arena que provocan que un barco paralice un punto geoestratégico clave para el comercio mundial, como el de Suez.

Son infinidad las situaciones que demuestran cómo la geografía y el mundo físico que nos rodea juegan un papel fundamental en las relaciones internacionales.

Pero no es menos cierto que considerar la geografía o la naturaleza como un factor decisivo y condicionante en el curso de la humanidad genera a menudo el rechazo de algunos círculos intelectuales. Afirmar que la naturaleza nos limita es dejar caer que es más poderosa que el ser humano. También supone inferir que nuestro control sobre el medio tiene un límite.

Como suele ocurrir, la realidad no es negra o blanca. Nadie duda de que la tecnología rompa barreras: lo ha hecho el auge de la aviación o la conectividad a través de Internet. Pero tampoco parece discutible que la geografía y la influencia del medio siga siendo crucial para entender el mundo de ayer, el de hoy y el de mañana.

La geografía no dicta el desarrollo de todos los acontecimientos. Las grandes ideas y los grandes líderes también forman parte del “tira y afloja de la historia”. Pero no hay duda de que todos ellos deben actuar, tecnología mediante, dentro de los confines de la geografía. Esta es la tesis del libro ‘Prisioneros de la geografía’, que nos disponemos a analizar.

“Prisioneros de la geografía”, de Tim Marshall

Tim Marshall es un periodista británico que ha recorrido el mundo a lo largo de su trayectoria profesional cubriendo conflictos o eventos informativos de distinta índole. Tras muchas vueltas y mucho viajar, llegó a la conclusión de que hay una realidad inexorable que influye de manera notable en la forma en que los países y pueblos del mundo se relacionan o se han relacionado.

Y esta no es otra que la geografía.

Como él mismo explica en ‘Prisioneros de la geografía‘ (Ediciones Península, primera edición en 2017 y reeditado en 2020), el elemento geográfico sigue a día de hoy ejerciendo un poder muy relevante. Y eso, a pesar de que “las realidades físicas que apuntalan la política nacional e internacional se han visto con frecuencia desterradas de los libros de historia y del periodismo contemporáneo que ha cubierto las relaciones internacionales”.

En este sentido, explica el autor que “resulta evidente que la geografía es una parte fundamental tanto del porqué como del qué”. Y hay muchos ejemplos al respecto. Sobre ellos transita ‘Prisioneros de la geografía’.

Ejemplos de los vínculos entre geografía y política

Un ejemplo muy claro de esa vinculación está en el hecho de que India y China, pese a compartir una extensa frontera, no se hayan enfrentado en ningún conflicto de relevancia más allá de una batalla que se prolongó durante un mes en 1962.

La causa detrás de este pacifismo entre dos países que no están alineados ni culturalmente ni políticamente no es otra que la frontera natural que les separa: el Himalaya.

El Everest, en el Himalaya, visto desde China.
El Everest, en el Himalaya, visto desde China.

La cordillera más alta del mundo hace imposible movilizar largas columnas militares. Aunque el avance tecnológico facilite métodos para superar este obstáculo, no hay duda de que la barrera geográfica o física sigue ejerciendo un elemento disuasorio. La geografía sigue siendo muy importante, según detalla Marshall.

También cuenta Marshall en su libro que en 2001, pocas semanas después del 11-S, la climatología y geografía se aliaron para demostrar cómo siguen determinando las posibilidades de un despliegue militar. Las tropas estadounidenses querían avanzar en el norte de Afganistán.

Él mismo pudo presenciar la paralización de aquella operación militar durante 36 horas por una tormenta de arena (viento+desierto). El avance se postergó hasta que cambiara la situación. “La tecnología satélite se demostró impotente y ciega frente a la meteorología de aquella tierra tan salvaje”, relata en el libro.

Los grandes bloques geopolíticos

El libro de Marshall recorre los grandes bloques geopolíticos, que él resume en diez. Concretamente, el libro repasa las relaciones internacionales y sus vínculos geográficos en el caso de Rusia, China, Estados Unidos, Europa Occidental, África, Oriente Medio, India y Pakistán, Corea y Japón, América Latina y el Ártico.

A través de todos estos bloques, el autor va ofreciendo diversos ejemplos en los que podemos apreciar cómo geografía y política se estrechan la mano. Es esta relación lo que da pie a lo que se ha dado en llamar geopolítica, de la que el componente geográfico es indisoluble. “Lo cierto es que la geopolítica afecta a todos los países, estén en guerra o en paz”, afirma el periodista británico.

Rusia: la inmensidad

El repaso arranca con Rusia. Marshall aborda las relaciones de este vasto territorio desde la inmensidad de su propio espacio geográfico, que le ha llevado a verse siempre amenazada y optar por una estrategia tradicionalmente de ataque (expansión) frente a una estrategia defensiva.

Mapa topográfico de Rusia
Mapa topográfico de Rusia

En paralelo, Rusia ha intentado tradicionalmente luchar contra uno de sus talones de Aquiles: la falta de acceso a un puerto de aguas cálidas, en un país cuya costa permanece helada muchos meses al año.

Y Rusia ha jugado sus cartas con el resto del mundo (especialmente Europa) a través de lo que la hace fuerte: sus recursos naturales. Más concretamente los deseados gas y petróleo.

China: rebosante de confianza

China es “la civilización que finge ser una nación”, tal y como la describió el experto en ciencia política Lucian Pye. Una de sus limitaciones a nivel global está en el hecho de que hasta la fecha nunca haya llegado a ser una  potencia marítima, más allá de algunos hitos puntuales como el del gran navegante chino Zheng He.

Pero no hay duda de que China es una gran potencia terrestre. Y lo es por dos motivos: su vasta cantidad de tierra y su vasta cantidad de habitantes (hoy supera los 1.400 millones de personas). El país está dominado por la etnia Han a la que le une el impulso político de proteger su núcleo central.

China vista desde Guam.
China vista desde Guam.

China se decantó por una estrategia similar a la de Rusia: la mejor estrategia de defensa es el ataque y la adquisición de poder. Todo ello en un país en el que tradicionalmente al abrirse ha generado prosperidad en las regiones litorales, frente a un interior desatendido.

Un país en el que se prima lo colectivo por encima de lo individual, tal y como hemos podido comprobar por enésima vez durante la pandemia del Coronavirus, con las estrictas medidas que les han llevado a controlarla mejor que otros países. Todo ello lleva a que los derechos individuales occidentales sean vistos como “teorías amenazadoras que ponen en peligro a la mayoría”.

China se desplaza hoy día por el mundo “rebosante de confianza”, trata de reforzar su potencia naval, cuenta con unas fronteras claramente delimitadas y una influencia creciente en muchos puntos del planeta. Por ello todo ello, a juicio de Marshall China depende de ella misma para triunfar o fracasar. “Tiene 1.400 razones por las que puede tener éxito y 1.400 razones por las que puede que no supere a Estados Unidos”, asegura Marshall en su libro, ‘Prisioneros de la geografía’.

Estados Unidos: geografía privilegiada para la superpotencia mundial

Si Estados Unidos es hoy una potencia mundial lo es en gran medida por su geografía. Una geografía cargada de grandes ríos navegables, extensas llanuras y zonas fértiles, con dos costas abiertas a dos de los grandes océanos y una latitud que propicia que el clima sea en gran parte benigno.

Todo ello le llevó a unificarse de una manera muy rápida y a generar recursos con los que ocupar su posición de dominio en el mundo, guerras mundiales mediante. Y fue en concreto la Segunda Guerra Mundial la que lo cambió todo. Los estadounidenses salieron reforzados y proyectaron su vasto poder por todo el mundo para mantener el statu quo.

Mapa de Estados Unidos incluido en el libro 'Prisioneros de la Geografía' de Tim Marshall. Cortesía de Ediciones Península.
Mapa de Estados Unidos incluido en el libro ‘Prisioneros de la Geografía’ de Tim Marshall. Cortesía de Ediciones Península.

Una presencia que se extendió a través del acuerdo al que se llamó “Destructores por bases” mediante el que Estados Unidos proporcionó en 1940 a Gran Bretaña este tipo de buques de guerra a cambio de presencia en bases militares británicas repartidas por todo el mundo. La influencia de Unidos se extendió a través del Plan Marshall para la reconstrucción europea o a través de la creación de la OTAN.

Cree Marshall que aunque desde hace treinta años se predice el ocaso “inminente o permanente” de Estados Unidos, “es un error tan grande como ya lo fue en el pasado”. Y da algunos ejemplos: está a las puertas de la autosuficiencia energética, invierte en defensa más que el conjunto de los países de la OTAN y su población no envejece al ritmo de la europea o japonesa.

Europa: la vieja geografía favorable

Así como Estados Unidos cuenta con una favorable geografía que ha beneficiado sin duda su desarrollo, a Europa le ocurre parecido. El clima, inducido por la corriente del Golfo, “bendijo a la región con la cantidad exacta de precipitaciones para poder cultivar a gran escala y con el suelo específico para que florecieran las cosechas”.

Mapa de Europa incluido en el libro 'Prisioneros de la Geografía' de Tim Marshall. Cortesía de Ediciones Península.
Mapa de Europa incluido en el libro ‘Prisioneros de la Geografía’ de Tim Marshall. Cortesía de Ediciones Península.

Todo ello llevó a un aumento de la población e incluso a excedentes en las cosechas que estimularon el auge del comercio, muy favorecido por ríos largos, planos y navegables. Por todo ello, “para bien o para mal el mundo moderno brota en Europa”, valora Tim Marshall.

Pero hay más influencia geográfica en Europa: la gran cantidad de ríos, montañas y valles explican por qué hay tal cantidad de Estados-nación. Los ríos no confluyen entre sí y todo esto genera la existencia de multitud de regiones geográficas y una menor uniformidad a la que ha sido posible en otras zonas del mundo.

No ocurre lo mismo, por ejemplo, que en Estados Unidos, donde una lengua y cultura presionaros de una forma rápida y violenta hacia el oeste hasta conformar un solo país inmenso y cohesionado.

África: un continente aislado

Si Estados Unidos o Europa occidental están bendecidos por una geografía favorable, a África le ocurre lo contrario. Tiene una geografía hostil con puertos naturales “terribles” y ríos “inútiles a la hora de transportar cualquier cosa” ya que uno se topa con una cascada cada pocos kilómetros.

A juicio de Marshall, estos son solo dos ejemplos dentro de “una larga lista de motivos que explica por qué África no es tan exitosa desde un punto de vista tecnológico y político como Europa occidental o Norteamérica”.

De hecho a juicio del autor, “son muchos los lugares sin éxito pero pocos lo han sido tanto como África”.

Con unas dimensiones enormes, África siempre ha estado formada por diferentes regiones, climas y culturas, que han compartido su aislamiento entre ellos y con el mundo exterior. Cree el autor que aunque la situación ahora no es tan acusada como lo fue en el pasado, el aislamiento permanece.

Mapa de África incluido en el libro 'Prisioneros de la Geografía' de Tim Marshall. Cortesía de Ediciones Península.
Mapa de África incluido en el libro ‘Prisioneros de la Geografía’ de Tim Marshall. Cortesía de Ediciones Península.

Oriente medio: geografía dividida por colonizadores

Marshall se detiene en esta zona del mundo que desde su propia denominación responde a una visión europea, que fue la que lo configuró. A nivel geográfico la región habitualmente llamada “Oriente medio” contiene la región fértil conocida como Mesopotamia, la tierra entre ríos, el Tigris y el Éufrates.

No obstante, sus características fundamentales la conformal el inmenso desierto árabe y el territorio seco en su centro que abarca partes de Israel, Jordania, Siria, Irak, Kuwait, Omán y Yemen y la mayor parte de Arabia Saudí. Esto incluye el mayor desierto ininterrumpido de arena del mundo, que comprende una superficie del tamaño de Francia: Rub al-Jali o “Cuartel Vacío”.

Acuerdos Sykes-Picot de 1916 sobre el reparto de Oriente Medio. Autor degeefe @ es.wikipedia.org sobre un mapa blanco del dominio público (CIA)

En toda esta zona las fronteras las han puesto potencias extranjeras desde Sykes-Picot, el acuerdo secreto de reparto entre Francia y Reino Unido. Aquellas divisiones han partido tribus y grupos étnicos. Y de aquellos polvos, estos lodos: una zona en conflicto casi permanente con fuertes tensiones interreligiosas.

A día de hoy ese equilibrio dibujado por los diplomáticos Sykes (británico) y Picot (francés) se está rompiendo y volver a unirlo, pronostica Marshall, “aunque sea de una forma diferente, será un proceso largo y sanguinario”.

India y Pakistán: los vecinos que se miran con recelo

Marshall también profundiza en las relaciones entre India y Pakistán. Unas relaciones marcadas por la desconfianza. Algo, sin duda, realmente problemático cuando se comparten 3.000 kilómetros de frontera. La confrontación nació tras la descolonización británica y la posterior partición del la colonia de India en 1947. A los dos países los une la geografía del subcontinente indio que crea un marco natural a ambos lados.

India es en sí misma una suma de culturas en la que conviven una multiplicidad de etnias y culturas con múltiples religiones e idiomas. Conserva “un marcado sentido de la identidad y de la unidad entre la diversidad”. Los indios están unidos por una manera de organizarse políticamente: el gobierno de Nueva Delhi. En lo demás nos encontramos con “un subcontinente de nacionalidades” como lo describió Muhammad Ali Jinnah, el que fuera fundador de Pakistán.

Entre Pakistán y India se encuentra Cachemira, que permanece dividida entre los dos países. La mayoría de los cachemires ansía la independencia. Pero esto es algo en lo que India y Pakistán están de acuerdo: no concedérsela.

El mundo está tan impresionado con el ascenso de China que India a menudo se ha subestimado. Pero sigue en posición de rivalizar con China como locomotora económica a lo largo de este siglo. No en vano es el séptimo país más grande del planeta y el segundo más poblado.

Corea y Japón: una región marcada por el conflicto

La de Corea y Japón es una región marcada por el conflicto. Un conflicto que “no se resuelve, solo se gestiona” al haber “muchos otros asuntos ocurriendo en el mundo que requieren atención urgente”, en palabras del autor de ‘Prisioneros de la geografía’. Pero lo cierto es que toda la región, desde Malasia hasta Vladivostok observa con nerviosismo el problema entre Corea del Norte y Corea del Sur.

Una división, la de las dos coreas, que se remonta a la derrota japonesa (colonizador por entonces de Corea) en 1945, cuando quedó dividida por el Paralelo 38, con un régimen comunista (pro-soviético entonces, pro-chino hoy en día) al norte y un régimen capitalista (pro-americano) en el sur.

La historia de Japón es muy diferente a la de Corea y se debe en parte a su geografía. Japón se encuentra a 193 kilómetros de distancia por mar de la masa eurasiática en su punto más próximo, razón por la que nunca ha sido invadida con éxito. Su territorio es mayor que la suma de las dos Coreas o, en términos europeos, mayor que Alemania.

No obstante, tres cuartas partes del terreno no son habitables y un 13% cultivables. Todo ello obliga a los japoneses a vivir hacinados en las planicies costeras y a ser un país fundamentalmente importador de materias primas y recursos energéticos. Esto les llevó a ser potencia invasora a lo largo del siglo XIX y XX.

La geografía que llevó durante siglos al aislamiento a Japón no le concedía otra opción ante el auge del mundo moderno y el comercio que relacionarse con el mundo exterior. Y Japón lo hizo por la vía militar hasta su derrota en la Segunda Guerra Mundial.

América Latina: el continente de la esperanza (apalazada)

La siguiente región para de ‘Prisioneros de la geografía’ es América Latina. La geografía ayudó a que su poderoso vecino del norte, Estados Unidos, se convirtiera en una gran potencia, como hemos visto. Pues la intrincada geografía de los veinte países situados al sur, los de América Latina, “garantiza que ninguno de ellos será capaz de suponer un desafío serio para el gigante norteamericano y que tampoco unirán fuerzas para hacerlo de manera colectiva”.

Así de tajante se muestra Marshall al respecto del sur del continente americano. A esto suma algunos motivos de reparto de la tierra, que en Estados Unidos, dice se realizó una vez arrebatada a sus dueños originarios “a pequeños terratenientes” mientras que en el Sur de América se impuso “la cultura de los terratenientes poderosos heredada del Viejo Mundo”.

Pero más allá de estas consideraciones, Marshall apoya, como en el resto de la obra su tesis sobre la dificultad para el desarrollo de América Latina en su complicada geografía, con un interior selvático y a menudo inaccesible, una cordillera inmensa que la parte en dos de manera horizontal y poca facilidad para establecer puertos en las costas, a menudo escarpadas. Estos son a grandes rasgos algunos de los frenos geográficos que han complicado el desarrollo de América Latina.

Por todo ello, Marshall defiende que Latinoamérica, “sobre todo el sur, es la prueba de que uno puede traer el conocimiento y la tecnología del Viejo Mundo al nuevo pero, si tiene la geografía en contra, gozará de un éxito limitado, especialmente cuando se equivoca en el plano político”.

Tal y como dijo Pablo Neruda, a quien se acerca en la obra, “nos complace que nos llamen el continente de la esperanza (…) esta esperanza es algo así como el cielo prometido, una promesa de pago cuyo cumplimiento se aplaza”.

El ártico: la nueva arena geopolítica

El viaje de Marshall termina en el Ártico. En un escenario de retroceso de los hielos debido al cambio climático se está convirtiendo cada vez más en nuevo frente de batalla geopolítica en busca de los recursos naturales que su hielo pueda esconder.

Y esa batalla la encabeza, cómo no, Rusia, si bien hay otros actores con intereses notables en la zona que no pierden ojo, empezando por Canadá o Estados Unidos, pero incluyendo también a los países nórdicos europeos.

Algunos modelos climáticos apuntan, según el autor, a que el ártico se verá privado de hielo en verano hacia final de siglo. Una realidad que, de producirse, tiene repercusiones por supuesto mundiales por el deshielo que ocasione y que abre la puerta a nuevas rutas navegables y nuevas “oportunidades” que las potencias mundiales se disponen a explotar.

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2 COMENTARIOS

  1. Excelente libros Somos prisioneros de la geografía. Los elementos relieve situación geográfica acceso a los mares y océanos y pare de contar son condicionantes para lograr un desarrollo económico social y cultural y porque no tecnológico

  2. El autor califica a Rusia y China como expansionistas y agresivas y sin embargo con USA no utiliza esos calificativos.

    El habitual ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio.

    Cara de cemento…

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