Para los intelectuales de izquierda, la victoria del fascismo en España y la catástrofe de la Segunda Guerra Mundial fueron dos golpes durísimos. La sociedad de posguerra había convertido al obrero en consumidor, haciéndolo formar parte de un mundo que dependía del mercantilismo y del consumismo. Por otro lado, los países soviéticos habían degenerado en estados burocráticos que no habían conseguido la igualdad que predicaban.

Encuentro entre los dictadores Franco y Hitler

Para estos artistas y pensadores, el mundo de los años 50 era la antiutopía, una distopía, como habían vaticinado Orson Wells o Aldous Huxley en sus obras 1984 y Un mundo feliz, respectivamente.

El arte de principios del siglo XX acabó fallando en su objetivo de llegar a la clase obrera y quedó convertido en mercancía burguesa. En la posguerra, un grupo de artistas revolucionarios retomó este intento de una forma radical, querían romper con el ya hastiado surrealismo y llevar el arte a la vida cotidiana.

Así nació el movimiento de la Internacional Situacionista, que, como todo movimiento artístico, político o filosófico (porque fue las tres cosas) no surgió de la nada, sino que tomó como propias ideas anteriores que matizó o desarrolló.

Años previos e influencia: el grupo Cobra y el letrismo

Su primera influencia fue el grupo Cobra, que surgió como respuesta al surrealismo. Algunos de sus principios tuvieron una gran repercusión en el situacionismo. El primero es la teoría sobre la vida cotidiana del filósofo Henry Lefebvre, que trata el estado del bienestar y la búsqueda de la satisfacción a través del deseo. Otro punto será el urbanismo unitario, donde se busca la fusión entre un urbanismo tan funcional como imaginativo, en contraposición a la “máquina de habitar” de Le Corbusier.

Asger Jorn, uno de las principales figuras del grupo Cobra (Wikipedia)

La otra gran influencia fue el letrismo, movimiento que afianzó la ruptura con Le Breton y el surrealismo y que se preocupó, en principio, por una estética poética basada en las letras y los signos de puntuación, destruyendo, incluso, las palabras. Con el tiempo, su estética fue expandiéndose a otras artes.

En 1952 el letrismo se dividió y de él surgió la Internacional Letrista, protagonizada por Guy Debord, que empezó a buscar la poesía no en las letras, sino en los rincones de las ciudades. Perderse por la ciudad era un acto de antiarte. De aquí surgió el concepto de la psicogeografía a través de la deriva, como ya mencionó el surrealismo años atrás.

Pero la deriva, el acto de caminar sin rumbo por la ciudad, es muy diferente para los letristas. Los surrealistas consideraban que era un acto inconsciente y azaroso, para los letristas es algo lúdico y colectivo que propone analizar los efectos psicológicos que causa el ambiente urbano en los individuos.

Guy Debord, principal figura de la Internacional Situacionista

Para ello se formuló el concepto de psicogeografía: “El estudio de los efectos precisos del medio geográfico, acondicionado o no conscientemente, sobre el comportamiento afectivo de los individuos”.

Al mismo tiempo, se había desarrollado el Movimiento Internacional por una Bauhaus Imaginativa, más centrado en la pintura. De la fusión entre este último y el letrismo surgió la Internacional Situacionista.

El nacimiento de la Internacional Situacionista

La Internacional Situacionista se funda el 28 de julio de 1957 en Cosio D’Arroscia, una pequeña ciudad italiana. El año siguiente publicaron el primer número de la revista International Situationniste, obra de referencia del movimiento.

Guy Debord, escritor y director de cine, autor de los ensayos La sociedad del espectáculo y Comentarios sobre la sociedad del espectáculo, se autoproclamó líder del movimiento. Fue un autor muy influyente en el movimiento de mayo del 68, del que formó parte como ideólogo.

Como se puede apreciar, rápidamente se elevó el carácter político del grupo, lo que chocó con los intereses, más artísticos, de otros miembros. De hecho, acabaron expulsado a la facción alemana, mucho más interesada en la vertiente plástica, que tomó el nombre de Segunda Internacional Situacionista. Las facciones belga y francesa aumentaron, así, su tendencia hacia la política.

Esquema para el proyecto New Babylon, del artista Constant, en el que se diseña la ciudad del futuro, en un mundo nómada global

Su momento de mayor éxito fue Mayo del 68, cuando podían verse pintadas en la Sorbona con lemas situacionistas y sus ideas cuajaron en algunos sectores estudiantiles. Sin embargo, el situacionismo nunca fue famoso más allá de determinados círculos intelectuales y algunos, reducidos, estudiantiles.

Mayo del 68, por otra parte, fue, en cierta forma, un fracaso: los estudiantes volvieron a las clases y a las casas de sus padres, los obreros a las fábricas, los profesores universitarios a sus puestos, y el capitalismo volvió para instaurarse con más fuerza, por no mencionar la nueva victoria de Charles De Gaulle en las elecciones.

Esto fue un golpe demasiado duro para el movimiento, que se disolvió, oficialmente, con un comunicado en 1972.

La psicogeografía: una cartografía de emociones

La psicogeografía es un concepto clave para entender la obra de los situacionistas. Hace referencia al estudio de las sensaciones, experiencias y percepciones que el ambiente urbano puede provocarnos.

También podría definirse como el análisis de los efectos psicológicos que nos induce el ambiente geográfico, cómo afecta a nuestro desarrollo personal. Es una cartografía de emociones, un compendio de preocupaciones filosóficas y psicológicas colocadas en un lugar geográfico, urbano, concreto.

La deriva

La principal forma de practicar la psicogeografía es la deriva, es decir, deambular, un recorrido a pie sin itinerario ni objetivo, por una zona que se desee analizar. El paseante debe concentrarse en sus emociones y sus sentidos para cartografiar psicológicamente el espacio urbano con base en su experiencia y sensaciones.

Mapa psicogeográfico de Londres

No se puede poner en práctica la deriva en nuestra vida cotidiana, mientras paseamos o vamos al súper. Consiste en ser conscientes del espacio que nos rodea para cartografiar, en el sentido más literal de la palabra, con emociones los lugares.

Con el tiempo, y con nuestro mapa psicológico-urbano avanzado, podremos estudiar el espacio que nos rodea, reflexionar sobre ello y contrastarlo con otras disciplinas.

Autores como Kevin Lynch realizaron mapas teniendo en cuenta los parámetros psicogeográficos, incluso hoy, aunque el nombre se utiliza poco, forma parte de muchos proyectos de arquitectura e ingeniería en las ciudades.

En ellos se tiene en cuenta la experiencia del viandante y, además, se le tiene en cuenta para tomar decisiones, como en la participación ciudadana del ayuntamiento de Madrid durante la alcaldía de Manuela Carmena.

Fuentes:

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