¿Una repoblación de la España vaciada tras el coronavirus?

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Camino entre cerezos

La idílica vuelta al pueblo, a la tranquilidad frente al bullicio puede convertirse en momentos de nuestra vida en un anhelo. A veces puede llegar a ser una necesidad imperiosa. Muchas veces se queda en una aspiración. Y solo en casos concretos se lleva a la práctica.

El debate sobre un supuesto retorno a esa España vacía o vaciada, como se la ha denominado recientemente, muy representada en pueblos semi-abandonados o que llevan camino de extinguirse, y en provincias y localidades desatendidas y en retroceso demográfico, vuelve a llamar a la puerta de la actualidad. Esta vez lo hace ante la crisis del coronavirus.

Vista del pueblo de Escó
Vista del pueblo de Escó, en Zaragoza. Foto: Gonzalo Prieto.

A priori, estamos ante un shock. Un terremoto de grandes dimensiones que ha sobresaltado nuestra salud pero también otros pilares asentados de nuestras vidas. Nos hemos parado. Y hemos pensado sobre sobre la velocidad y el ritmo incesante que absorbe nuestras vidas. En medio de esa transformación, nos estaríamos planteando seriamente la forma en que queremos vivir. Y eso siempre incluye el lugar.

¿Reclamo informativo o realidad?, ¿marketing bucólico-pastoril o cambio de paradigma? Hablamos con varios geógrafos sobre esa potencial vuelta al ámbito rural.

Un problema mayor: el modelo favorece la concentración

El profesor de Geografía Física de la Universidad de Valladolid, Alipio J. García de Celis, no cree que vaya a producirse un retorno al ámbito rural “de manera inmediata, ni como consecuencia directa del fin de la pandemia”.

Una pandemia que, a su entender, ha puesto de manifiesto las limitaciones y problemas de la vida en un piso de una ciudad si fallan los suministros básicos. “Pero de ahí, de ser consciente de eso, a cambiar de vida yéndose a vivir a un pueblo media un abismo, y para cruzar ese abismo hacen falta muchos cambios y circunstancias que de momento no se dan”, valora.

Las calles de Barcelona
Las calles de Barcelona

A su juicio, con el sistema socioeconómico capitalista en el que vivimos no va a frenarse la despoblación. Un fenómeno demográfico que es a su entender “una consecuencia directa del funcionamiento del sistema (capitalista), que requiere de procesos de acumulación y de concentración”.

“Concentración del capital en pocas manos, concentración de las industrias en polígonos y concentración de la población en ciudades para contar con una oferta de mano de obra abundante, barata, formada, por ejemplo)”, detalla.

Por lo tanto, para este experto, “la despoblación de unos territorios en beneficio de la acumulación de población en otras partes de esos territorios –las ciudades- es condición inherente al funcionamiento del sistema. Sin cambiar el sistema no cambiará la tendencia”, concluye.

Repensar la ciudad actual, un horizonte más realista

El catedrático de Geografía Regional Jorge Olcina, cree que “ojalá (la crisis del coronavirus) pueda revertir tendencias que resultaban perversas de destrucción de recursos naturales y del medio ambiente por parte del ser humano en sus ansias por un crecimiento económico sin sentido”.

Pero lo cierto es que Olcina, quien también preside la Asociación Española de Geografía (AGE), lo ve “difícil”. A su juicio, “habrá que repensar el papel de la ciudad actual, tal y como está concebida”, pero esto es un proceso “de años y décadas”.

El puente de Triana sobre el río Guadalquivir en Sevilla.
El puente de Triana sobre el río Guadalquivir en Sevilla.

De la misma opinión es el geógrafo y experto en geolocalización, Gersón Beltrán, para quien “las dinámicas espaciales son muy fuertes y requieren de tiempo”. En este punto se muestra determinista: “Hay cosas que transcienden al ser humano y la naturaleza si algo tiene son ciclos. En este caso estamos en un ciclo de aglomeración urbana y le sucederá otro contrario que lo equilibre, pero no sabemos cuándo ni dónde”.

Según María Zúñiga, vocal del Colegio de Geógrafos, “un proceso que desmonte el actual sistema de concentración de la población en las ciudades no parece probable”. A su entender “es una tendencia demasiado potente, asentada y difícil de revertir”.

Algo más optimista se muestra el geógrafo y profesor de Geografía, Daniel Casas. Vaticina que “los avances en el teletrabajo y la lenta pero progresiva dotación de infraestructuras para para su normalización en el medio rural, convertirá a estos espacios en un lugar atractivo para vivir”.

Entre los alicientes sitúa “la tranquilidad o la escasa contaminación que ofrecen estos lugares alejados de las grandes y ruidosas urbes”. No obstante reconoce que “todo esto será muy complicado si no existen planteamientos políticos serios encaminados a mejorar los servicios de las zonas rurales”.

Cambios sociales y territoriales tras el COVID-19

No obstante, puede que la pandemia por COVID-19 tenga muchas consecuencias sociales y territoriales. Así lo cree Zúñiga que sitúa en primer lugar de ese cambio “una percepción diferente de tu propio entorno de vida”. En este sentido, considera que “nunca la utilización del espacio público ha estado tan condicionada por la distribución espacial de la población”.

Zúñiga también percibe “una valoración diferente” de los valores que se aprecian en una vivienda, como es el caso de las vistas, la terraza o el espacio. Por ello, está convencida que “las propias ciudades necesitarán adaptarse a la situación que quedará después de esta pandemia, probablemente acercándose más a una ciudad más amable y peatonalizada, en la que los espacios públicos deban ser de calidad, más vivibles”.

García de Celis cree que “puede haber un cierto freno a la despoblación en los núcleos más grandes, las cabeceras de comarca, o en aquellos en los que haya una actividad económica competitiva y que genere muchos puestos de trabajo, algo poco frecuente en nuestros medios rurales”.

La España vaciada se seguirá vaciando

Por su parte, Beltrán se muestra rotundamente escéptico: “Dicen que la gente volverá a entornos rurales, que seremos más sostenibles, usaremos más la bici y comeremos comida sana, pero me parece más bien una burbuja de marketing”. A su juicio es “como lo de la España vaciada, que se va a seguir vaciando por muchos planes e inversiones que se hagan”.

Valdegrulla, un pueblo abandonado en la Tierra del Burgo de Osma, en Soria
Valdegrulla, un pueblo abandonado en la Tierra del Burgo de Osma, en Soria.

“En primer lugar sólo lo sabremos con datos y con cierta distancia temporal, pero tenemos poco memoria colectiva e, igual que ahora la gente parece que se le ha olvidado lo que hemos pasado, luego todo seguirá más o menos igual a nivel macro”, pronostica Beltrán.

Por todo ello, no cree que esto haga que la gente salga de las aglomeraciones urbanas. En todo caso “buscarán un chalet con piscina, igual que se seguirá despilfarrando dinero público, simplemente cambiará de manos y llevará una nueva campaña de marketing detrás”.

5 COMENTARIOS

  1. Soy profundamente escéptico con la idea de que el sistema económico promueva la concentración de la población.
    Eso de que hace falta gente concentrada para ir a la fábrica, es algo de otros tiempos. En España no trabaja en la industria (y parte de ellos están en las oficinas, no en la línea de montaje) ni el 15%. Somos un país de servicios.
    ¿Nos necesitan concentrados para vendernos cosas? Justo lo contario. El sistema prefiere que no haya tiendas, sólo almacenes y venta a distancia. Las tiendas en las ciudades son “caras”, los almacenes son baratos.

    Yo creo que vivimos juntos porque nos gusta vivir juntos, porque la ciudad “grande” sigue teniendo atractivo, porque a la gente le gusta vivir en un sitio donde haya cine, partidos de fútbol, conciertos, tiendas de productos extraños, restaurantes de comida exótica… aunque nunca vaya a uno o lo haga una vez al año. La gente sigue pensando que da mejores oportunidades a sus hijos si vive en un sitio con esa oferta… aunque luego no la use.

    Preguntemos a la gente que la situación laboral no le condiciona su residencia (pensionistas, trabajadores free-lance que interactúan a través de las redes…) por qué eligen vivir en ciudades y ese atractivo es lo que aparece como factor principal. Me llama la atención como jubilados ingleses o alemanes se van a vivir a pueblos pequeños de la costa mediterránea, … pero no lo hacen jubilados de Castilla o del norte de España.

  2. Que buenas y razonables respuestas. Soy Argentina. Nuestras ciudades, a excepción de Buenos Aires, no son tan grandes, y tampoco aún tienen una concentración menor. Somos un país con un paisaje de mucha diversidad territorial, no solo en sus variadas producciones, sino en la diversidad de recursos, que la hacen muy atractiva turisticamente. Sin embargo, sufrimos las mismas vicisitudes, que uds. narran. poca inversión de parte del estado, en las pequeñas poblaciones,con una escasa obtención de servicios basicos. (gas – Luz, etc). pero sí, es notable, la decisión de vivir, en espacios mas amigables,para estar cerca de la naturaleza y escapando del stress de las ciudades, especialmente las familias con niños.
    Conozco España, la admiro, y conozco lugares beliisimos del interior, donde me he sentido mas identificada, tanto en Galiciacomo, vivi un tiempo en Boiro, como en Jaen, Andalucía.
    Sera lento pero real el derrame hacia la paz del interior profundo de los países. De a poco, en un goteo social naturalmente responsable con la naturaleza. No ya. Pero la tendencia se va perfilando, al menos, acá, en el Fin del Mundo.

  3. Para que la españa vaciada se pare deberan tener servicios basicos autogenerados e internet, la ciudades deberan proponer a migrantes extranjeros que al mudarse a esos pueblos conseguiran mas rápido obtener legalidad.
    Ejemplo un solicitante de Asilo en la Ciudad de Valencia al hacer la petición de Asilo le conceden la cita para dentro de 1año, si al originario de Venezuela le plantearan que si que le otorgaran el NIE+permiso de trabajo pero debera mudarse a un pueblo de la España vaciada dentro de la comunidad valenciana dónde el pueblo tiene los servicios basicos mas internet es muy probable que la persona acepte, que de que sobrevivira en ese pueblo es muy probable que del teletrabajo o trabajando la tierra.

    Puede parecer y hasta ser algo fantasioso pero para que esos lugares dejen de estar vacios se debe iniciar por planteamientos claros y efectivos en la generación de empleos y riquezas

    • Carlos: No lo tengo tan claro.

      Tu idea es “atraer” a inmigrantes con los permisos de residencia si se van a la “España vaciada”.
      Pero: ¿Quieren vivir en esos sitios? Si no quieren, se empadronarán ahí y luego vivirán en otro sitio.

      ¿Por qué una persona que deje Caracas va a querer irse a vivir a un pueblo de 100 habitantes a cultivar un huerto y criar cuatro animales para sobrevivir? ¿Sólo por el permiso de residencia? No dudo que haya casos, pero creo que la experiencia vital es tan diferente que la mayoría no aceptarían eso.

      Y si hay que poner barreras a la movilidad interna dentro de España (ya sea físicas, ya sea administrativas no permitiendo alquilar un piso fuera del pueblo que ha sido asignado, contratar servicios, tener tarjetas de autobús, etc) el país podría convertirse en un caos

  4. Yo vivo en un pueblo de Teruel. Las medidas que lleva tomando el gobierno desde hace décadas nos han perjudicado y han empeorado la situación. Nunca se ha dado credibilidad al futuro de esta provincia. Como resultado de este empeoramiento, cada vez resultan menos rentables los servicios de transporte que año tras año van reduciéndose.

    En el 2016 tuve que ir a estudiar a Zaragoza, el viaje en tren costaba 2h 20 minutos, Zaragoza estaba a 140km, y la vía, la única de capital a capital aún sin electrificar. Desde entonces, ya no se puede comprar billete en mi pueblo, sigue sin electrificarse la vía, y dentro de poco creo que no habrá ni ruta, porque en efecto no resulta rentable.

    En 1935 se terminó de construir la línea Teruel-Alcañiz, solo quedaba poner las vías. Estaban hechos puentes, estaciones, túneles, toda la infraestructura, pero el gobierno decidió destinar los fondos que eran para finalizar la línea a las fábricas textiles de Cataluña.

    Entonces, ¿se deben mantener los servicios a pesar de no resultar rentables? ¿es culpa nuestra que no resulten rentables?. Si así es, ¿por qué iba a querer ir alguien a Zaragoza en un maltrecho tren de 1996 que circula tramos a 20 por hora y tiene una velocidad máxima de 120Km/h, que llega como muy pronto a Zaragoza casi a las 10, saliendo de aquí a las 6?

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