Hace poco tuvo mucho éxito en España un vídeo en que una chiquilla vasca explicaba qué significan algunas palabras en vasco o euskera. Ella decía una palabra y después la traducía de forma literal al español. Por ejemplo: “no existe enamorado, existe maitemindua, que es algo así como herido por amor”. Pese a que la chiquilla tendría muy buena intención y el vídeo era tan entretenido como curioso, en realidad no estaba diciendo lo que significan esas palabras en su lengua, estaba haciendo una suerte de traducción literal de los diferentes elementos a otra.

Yo no sé euskera, pero me arriesgaría a decir que seguramente herido por amor y enamorado se dicen de forma diferente. En estos casos, el sentido curioso depende totalmente de tener un idioma al que traducirlo. O sea, es poético o interesante en otra lengua, no en la de la palabra. Lo mismo pasaría a la inversa, por supuesto.

Expansión del vasco o euskera hoy en España y Francia

En este mismo vídeo había un comentario que me llamó la atención. Una chiquilla decía “qué suerte, nuestras palabras no tienen esos significados”.

Algo parecido viví un día en que estaba con dos compañeras de clase, una de ellas china. Cuando esta nos dijo lo que significaba su nombre en su idioma mi otra compañera lamentó que los nuestros no significaran nada. También me quedé sorprendido.

Etimologías y significados

Nuestras palabras tienen historia, vienen de algo, desde la más evidente, como paraguas, hasta la que menos nos haría sospechar, como pensar, tienen un significado que se pierde en el tiempo. Es, al fin y al cabo, la etimología.

También me he encontrado el otro extremo: aquellas personas que piensan que una palabra significa en realidad lo que era hace mucho tiempo. Tampoco tiene mucho sentido: las palabras cambian de significado y huelga decir que es el actual el que tiene valor hoy. Pondré un ejemplo que me he encontrado varias veces.

“Los gays no pueden casarse porque matrimonio viene del latín matrix, que es matriz, madre”. Creo que no es muy lícito usar lo que significaba una palabra hace alrededor de 3000 años, en la etapa más temprana del latín, para justificar algo que ocurre en cualquier sociedad actual. Es casi una falacia genética o ad antiquitatem. Por eso, quizá, es importante distinguir entre el significado de una palabra, mutable, y su etimología, el origen.

Texto en latín, fuente principal del léxico en español

En este artículo voy a desglosar nombres propios, o sea, antropónimos, que he pensado que serían de mayor interés que sustantivos comunes. La selección de nombres es sencilla: los de hombre y mujer más repetidos en diferentes países europeos. Los más repetidos es un concepto muy ambiguo, pero el interés del artículo son los orígenes de los nombres y no saber cuáles son los más populares de cada país.

Austria

Lukas: el español Lucas. Lukas viene a través del latín, y a este idioma llegó del griego. Parece que significa de la región de Lucania. Esta zona era la actual Basilicata, entre la punta y el tacón de la bota italiana (esta zona tenía una importante concentración de colonias griegas). Lucania, a su vez, podría venir del latín lucus, bosque sagrado, o tal vez del griego lykos, lobos, o leukos, blanco, relacionada con el latín lux, luz. En fin, que el nombre Lukas podría significar el hombre de la tierra de los lobos/ de la luz/ del bosque sagrado.

Anna: el español Ana. Este es más simple. Viene del latín Anna, del griego Anna, del hebreo Ana. Tiene el mismo origen que Hanna. Significa misericordiosa, compasiva, llena de gracia.

Anna Freud, psicóloga austríaca hija del famoso psicoanalista

Chequia

Jakub: el español Jacobo. Este nombre es uno de mis favoritos. Viene del latín Iacobus, del griego Iakobos, del hebreo ya’aqov. Es una mezcla de Dios y talón, y normalmente se traduce como al que Dios protege sosteniéndolo por el talón. Pero no es mi favorito por esto, sino por la historia de su evolución. Desde Iacobus tenemos Jacobo, pero hay muchos más. Un cambio fonético hizo que la <b> pasara a <m> (esto es bastante común en todas las lenguas del mundo, de hecho, la famosa palabra samurái era en japonés antiguo saburai). De Iacomo resultó Jaime, perdiendo la sílaba central, y Yago perdiendo la última. Cuando se encontró la sepultura del apóstol Iacobus, pronunciado Iago, Sant Iago pasó a ser un nombre independiente: Santiago. Pero la primera sílaba volvió a perderse, quedándose en Tiago, del que posteriormente, por debilitamiento de la consonante inicial, aparecería Diego.

Jakub Kresa, matemático checo de los siglos XVII-XVIII

Eliška: nuestro Isabel. Viene del griego Elisábet, del hebreo Elisheva. Significa promesa de Dios. Otra teoría, poco probable, la hace descender de la diosa egipcia Isis.

Portugal

João: nuestro Juan. Viene del latín Iohannes, del griego Ioannes, del hebreo Yokhanan (esa <kh> se lee como nuestra <j>). Su significado es Dios es misericordioso. Desde el griego Ioannes también resultó la forma Iván.

Maria: nuestro María. Del latín Maria, del griego Maria, del arameo Mariam, del hebreo Miriam. La etimología de este nombre tan común es un auténtico misterio. Podría significar la que se rebela, o también obesa (lo que implicaría belleza). Sin embargo, parece que últimamente hay quien apoya la luz del mar.

Maria do Carmo de Carvalho Rebelo de Andrade, fadista portuguesa

España

Hugo: el normando, una lengua medieval del norte de Francia, fue la que pasó este nombre al sur de Europa. Llegó desde la forma protogermánica *hugiz, que significaba mente, corazón. En la Edad Media se asociaba el pensamiento al corazón, y por eso hoy día existe en portugués, todavía, la expresión saber de cor para lo que nosotros decimos saber de memoria. Así, el nombre significaría inteligencia, entendimiento, conocimiento. También dio lugar al nombre Herbert.

Hugo Silva, actor español

Lucía: nombre latino, de hecho, es el famoso Lucius romano en versión femenina. Lucius se asocia con la palabra lux, luz, en latín. Podría ser, entonces, el claro, el luminoso, el brillante.

Suecia

Oskar: nuestro Óscar. Tiene dos posibles orígenes. Podría venir del antiguo germánico, donde *os es la forma plural de la palabra dios y *gaizaz significaría lanza. Lanza de los dioses, pues, según esta teoría. Hay otra posibilidad, y es que sea un nombre céltico, irlandés más concretamente. Según esta teoría el origen estaría en el nombre Ossian, que sería la mezcla de *uxsu, ciervo, y cara, amigo, con el resultado de amigo de los ciervos. También se ha sugerido que ambos nombres se mezclaron durante la conquista vikinga de Irlanda.

Alice: nuestro Alicia. Viene del inglés, donde tiene la misma forma. En esta lengua proviene del francés a través de la lengua de los francos, ese pueblo germánico que invadió las Galias a principios de la Edad Media. Es la unión de adal, noble, y heit, naturaleza, carácter. Así que podríamos decir que es la de noble carácter.

Alice Babs, cantante y actriz sueca

Gales

Oliver: nuestro Óliver. Hay varios orígenes posibles. Tradicionalmente se ha dicho que viene del latín olivarius, olivo, pero hay quien asegura que podría ser germánico. La primera parte podría venir de *wulfa, lobo o incluso *alf, elfo. La segunda parte sería *hari, ejército. En este caso significaría ejército de lobos/elfos. Existía el anglosajón Alfhere. Otra teoría es que podría venir, al igual que el nombre Álvaro, del germánico ala, todo (como en inglés all) y de wera, verdad. En este caso podríamos decir que es toda la verdad, completamente sincero.

A la derecha el teclista Jaime Oliver, teclista del grupo galés The Lost Prophets

Olivia: el parecido con el anterior no debe llevarnos a engaño, porque podría ser coincidencia. En este caso no hay duda, viene del latín oliva, que significa oliva, aceituna.

2 COMENTARIOS

    • Hola, Sebastián:

      Estaba esperando este comentario. La verdad es que sí, hay incertidumbre sobre su origen. Aparte del mencionado, también existe el que tú dices. Se ha llegado a una solución de conciliación que dice que en los países del norte viene del germánico y que en los del sur viene del griego. Ahora mismo, la verdad, es que no se sabe claramente, o al menos yo no me podría decantar por ninguna de las dos versiones. Como parece un nombre bastante antiguo en germánico (ha dado otros como Adelaida) y estaba hablando de Suecia, he optado por la opción germánica. Pero la que has puesto es, a día de hoy y parece que más para nosotros, igualmente válida.

      Un saludo y gracias por el aporte.

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