Las previsiones del cataclismo de la población son muy antiguas. Las hay ya que datan de principios del siglo XX. De hecho, el “envejecimiento demográfico” es una expresión acuñada ya en los años 30 del siglo pasado. “Un fruto de su época” para el demógrafo del CSIC, Julio Pérez Díaz.

Según describe el experto, es una época en la que triunfa el darwinismo social. “Las sociedades se interpretan como si fuesen seres vivos u organismos”, detalla. Ya en 1900, con países con una fecundidad de menos de dos hijos por mujer en Europa, se habla de esta fase de declive en la “vida” de la sociedad. Porque, según ese razonamiento, las sociedades, al igual que los organismos nacen, tienen su fase de madurez y mueren.

Joven y abuelo.
Niño y abuelo.

El libro que más triunfa en aquella época se titula “La decadencia de Occidente” (1923), pensado en términos demográficos. Se empieza a hablar de envejecimiento de las poblaciones como una metáfora de lo que le ocurre a las poblaciones cuando han acabado su periodo de pujanza. “Pero las poblaciones no tienen edad y no son organismos”, no se cansa de afirmar Pérez Díaz.

Pérez Díaz cree que “las pirámides de la población cambian en cuanto a su estructura por edades, es decir en cómo están repartidas las personas dentro de una población en tantos por ciento”.

Un cambio en la estructura por edades

De este modo, hay tres cosas que hacen cambiar a las pirámides de población: “los nacimientos, las defunciones y las migraciones”. Los nacimientos, lógicamente, siempre están en la base de la pirámide; las defunciones y las migraciones se reparten en cambio a lo largo de la pirámide.

Cree Pérez Díaz que la humanidad está experimentando “una revolución reproductiva, que le permite por primera vez disminuir su fecundidad al tiempo que los recién nacidos tienen por delante una vida mucho más larga que en el pasado”.

“Ambas novedades, la democratización de la vida completa, por una parte, y la posibilidad consecuente de una menor fecundidad, se traducen, a su juicio, en una nueva estructura por edades. Este no es un cambio gradual, no tiene precedentes en ninguna civilización anterior y no ha terminado todavía. Sus consecuencias políticas, económicas y sociales son enormes”, explica el demógrafo.

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Sin embargo, a su juicio, “se sigue analizando este cambio y se siguen contemplando sus consecuencias con las ideas del pasado”. Cuando empezó a ser percibido, allá por los inicios del siglo XX y sólo en los países más desarrollados, la reacción fue de alarma y rechazo. Se habló entonces del invierno demográfico.

El apocalíptico invierno demográfico

Con tintes apocalípticos, el término de invierno demográfico se ha utilizado utilizado para denominar a ese “envejecimiento de la población”. Lo usó por primera vez Michel Schooyans, profesor emérito de la Universidad Católica de Lovaina. Vendría a reflejar de manera negativa el momento demográfico que está atravesando Europa, con una población cada vez más envejecida.

Lo cierto es que siempre se ha dicho que un país necesita mantener una tasa de natalidad de 2,1 hijos por mujer para reemplazar su población actual. Sin embargo, en Europa la tasa de natalidad es de 1,3.

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Hay quien incluso llegó a hablar de “suicidio demográfico”. El político socialista francés Michel Rocard ya lo afirmó en 1989: “La mayor parte de los estados de Europa occidental llevan camino de suicidarse, de suicidarse por la demografía”

Para Julio Pérez Díaz, el descenso de la fecundidad se identificó con la decadencia de Occidente o con la degeneración nacional. “El darwinismo, la novedad triunfante en aquellos años, se tradujo en organicismo y biologismo aplicados a la demografía y la sociología”, explica.

A su juicio, “se identificó a las sociedades como seres vivos, con su mismo ciclo de juventud, madurez y declive, y desde entonces hablamos de envejecimiento demográfico para referirnos a la nueva pirámide poblacional”.

Las poblaciones no tienen edad

Pero, según explica, “las poblaciones no envejecen, no tienen edad, y hemos tenido un siglo para comprobar que la decadencia prevista era una falacia. La trampa conceptual implícita en la denominación envejecimiento demográfico es una herencia de la que no nos hemos desprendido aún, y sigue ejerciendo su tendenciosa influencia”.

Por ello, cree que “es importante empezar aclarándolo, porque la población de España está experimentando esta tendencia con una intensidad y rapidez sin precedentes, y el proceso está lejos de haber llegado a su punto final”.

En su artículo publicado en la revista Investigación y Ciencia se describen los cambios en la pirámide española, el ritmo al que vienen sucediendo, y sus motivos. Se inserta ese cambio en el marco internacional, mostrando las diferencias en los momentos de partida y los ritmos, constatando que pese a tales diferencias se trata de un cambio global.

Ancianos en un parque
Ancianos en un parque. BrunoUnna.

Para Julio Pérez Díaz, el término “envejecimiento demográfico” fue creado por corrientes natalistas con el propósito de calificar negativamente lo que él denomina la “modernización demográfica”. A su entender, la transformación de la pirámide de edades, con un peso creciente de los mayores, constituye un aspecto más de la revolución reproductiva actual.

El detonante y motor de la revolución reproductiva es la generalización de la supervivencia hasta la vejez. Su principal beneficiaria es la mujer, en el pasado sobrecargada por la elevada fecundidad que exigía el reemplazo generacional.

2 COMENTARIOS

  1. El problema es considerar una sociedad como un ente individual y separado del resto de la humanidad. Este concepto arcaico lleva a pensar en sociedades envejecidas mientras que la mayor parte del mundo está en una fase muy primaria todavía. La humanidad sigue siendo teniendo una edad muy baja y una tasa de reproducción muy alta. Como con la riqueza, lo idóneo sería disminuir la tasa de natalidad de los lugares donde es muy alta, y elevar ligeramente la contraria, pero como eso no se puede realizar con seres humanos como si estuviéramos en una granja, la solución que viene dada por naturaleza es la de mezclar poblaciones y, de todos modos, reducir la fecundidad planetaria. He aquí la solución y el problema.

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