Actualizada 30/11/2019

Aún recuerdo aquellos días de verano en los que cogíamos ostras del fondo del Mar Menor. Era sencillo. Con unas gafas de snorkel no muy lejos de la orilla mirábamos al fondo e intuíamos lo que podría ser una ostra. Entonces cogíamos aire y buceábamos hasta el fondo.

Cogíamos la ostra, la metíamos en una bolsa, salíamos a la superficie y expulsábamos el aire que se había metido en el tubo de las gafas de buceo. Así unas cuantas veces hasta conseguir, si las cosas se daban bien, lo más parecido a una ración.

Pero un buen día mi tío sugirió que podían no ser muy sanas esas ostras. Que el agua podía estar contaminada. Desde ese día ya no hubo más ostras del Mar Menor en la mesa. Eran los días en los que el agua aún estaba lo suficientemente cristalina para ver el fondo del mar, en la que gente de toda España y del resto de Europa buscaba en este agua una experiencia única.

Nos lamentábamos del paraíso que podía haber sido esa costa sin las torres descontroladas que en su día se construyeron. Pero podíamos todavía bañarnos en un agua clara, sin casi medusas. Hoy nada es igual.

Vista aérea del Mar Menor y el Campo de Cartagena
Vista aérea del Mar Menor y el Campo de Cartagena.

El Mar Menor es la albufera o laguna litoral europea de mayor extensión. Está separada del “Mar Mayor”, como se denomina al Mediterráneo en esta zona, por La Manga del Mar Menor, una franja de arena de 22 kilómetros de longitud y de entre 100 y 1.200 metros de ancho, dependiendo del punto.

En diciembre de 2016, las lluvias torrenciales llegaron con fuerza a Murcia. La Región registró uno de los episodios más importantes que se recuerdan de precipitaciones generalizadas y continuadas de carácter muy persistente. Esas inundaciones han vuelto a tener lugar con fuerza en 2019, con la llegada de una DANA o “gota fría” que ha actuado de nuevo como detonante para la desestabilización de un muy endeble Mar Menor.

Los agravantes de las riadas en el Mar Menor

A juicio del geógrafo Pedro García, director de la Asociación de Naturalistas del Sureste (ANSE), hay dos factores fundamentales que aumentan en general el efecto negativo de las riadas en el Mar Menor. Uno es “la ocupación urbanística de zonas de inundación”. Ocurre en muchas otras zonas del litoral.

“Las lluvias que en la zona tienen desde hace miles de años ese carácter de torrencialidad, ocasionalmente provocan desbordamientos y anegan grandes superficies, muchas construcciones y urbanizaciones en el Mar Menor que están ocupando zonas de inundación”, señala el director de ANSE en una entrevista a Geografía Infinita.

Pero por otra parte, a su juicio, también influye “la transformación agrícola del Campo de Cartagena e incluso el trazado de algunas infraestructuras a lo largo de los últimos 20 o 30 años”.

La agricultura y la construcción intensivas caracterizan a la Ribera interior del Mar Menor
La agricultura y la construcción intensivas caracterizan a la Ribera interior del Mar Menor.

Según explica, estas circunstancias “han contribuido enormemente a que las consecuencias de las riadas sean mucho mayores porque hay mucha más superficie sin vegetación natural o porque la disposición de los cultivos en la época previa de lluvias facilita la escorrentía, lo que contribuye a ampliar el efecto negativo”.

En esos arrastres también llegan al Mar Menor materiales que antes no lo hacían en ese volumen, como “los nitratos y gran cantidad de abonos, insecticidas y pesticidas utilizados en la agricultura”.

Por su parte, Óscar Alcaraz, del grupo de coordinación de la plataforma Pacto por el Mar Menor, cree que “teniendo en cuenta los datos sobre aportes de nutrientes en episodios anteriores, no podemos esperar que los efectos sobre la laguna vayan a ser buenos”.

En este sentido, desde la Plataforma Pacto por el Mar Menor señalan que “al aporte de nutrientes (nitratos) arrastrados por las diferentes ramblas que recogen escorrentías y drenajes agrícolas, se une el arrastre de tierras de diferente granulometría provocado por la erosión del suelo”.

Por ello, a juicio de Alcaraz, “tanto los nutrientes como las partículas de suelo aportadas van a afectar negativamente al estado actual de la laguna, “probablemente con un aumento de la producción primaria (más fitoplancton) y un aumento de la turbidez (materias finas en suspensión)”.

“Las riadas siempre han arrastrado sedimentos desde hace miles de años”, explica García, de ANSE. “Lo que pasa es que esos arrastres se han visto favorecidos en algunas zonas que han sido roturadas y en las que se están llevando a cabo prácticas agrícolas que facilitan un mayor aporte de sedimento”.

Entre ellas señala la eliminación de los sistemas de terrazas existentes en la agricultura de secano al transformarla en regadío y el cultivar en el sentido de la pendiente.

Por todo ello, siendo algo habitual desde hace miles de años, los arrastres se han incrementado por el tipo de agricultura que se ha puesto en marcha en las últimas décadas. Todo ello lleva a García a afirmar que “la agricultura intensiva del campo de Cartagena, en la forma en que se practica, hace que lleguen una mayor cantidad de sedimentos que contienen además una mayor cantidad de nitratos y de otros elementos”. Dinamita para el Mar Menor.

Una zona con alto riesgo de inundación

El Plan de Cuenca del Segura y el Protocolo de Prevención y Protección en esta zona sitúan a la planicie del Campo de Cartagena y su vertiente al Mar Menor como una de las zonas más expuestas a las inundaciones de su cuenca.

Concretamente, la probabilidad de que haya una inundación en el municipio de Los Alcázares es de cinco años. En total, en el ámbito del Mar Menor hay 47 kilómetros de cauces con un riesgo muy alto y extremo de inundaciones.

Aspecto que presenta el Puerto de los Alcázares tras las riadas
Aspecto que presenta el Paseo Marítimo de los Alcázares tras las riadas de 2016, con las playas casi desaparecidas y el agua de color marrón.

A juicio del decano del Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos de Murcia, Manuel Jodar, “el aumento de la construcción y el posible estrechamiento y cambio de cauce de las ramblas ha producido que los efectos de las inundaciones hayan sido más perjudiciales sobre muchas más viviendas, en las zonas situadas en los márgenes de los cauces”. Pero, a su entender, ”el origen está en que las lluvias que se han producido han sido excepcionales en cuanto a su cantidad y duración”.

Según explica Jodar en declaraciones a esta web, “en la historia de la Región de Murcia hay registros de inundaciones desde el año 1.143. Las inundaciones en la región se producen con cierta frecuencia debido a que las escasas precipitaciones que se producen, se concentran en periodos de tiempo muy cortos”. En este sentido destaca que “en éstas últimas lluvias, en algunos puntos se ha concentrado la lluvia de casi todo un año”.

Imagen tomada el día de las inundaciones en Los Alcázares.
Imagen tomada el día de las inundaciones en Los Alcázares en 2016.

“El urbanismo no ha considerado las zonas de inundabilidad”, reconoce Jodar, a lo que se suma que nos encontramos con “una zona muy llana y con un cauce muy pequeño para las ramblas, que se pueden encauzar mucho más”. Pero insiste en la excepcionalidad de las lluvias, como factor determinante.

Para la Plataforma Pacto por el Mar Menor, la relación entre reencauzamientos de ramblas y las consecuencias de las últimas inundaciones “es directa”. “Cuando se modifican artificialmente los cauces de las ramblas estamos alterando su proceso natural hidrológico, y en algunos casos puede provocar un aumento del caudal en determinados puntos, sobre todo aguas abajo”, explica Óscar Alcaraz.

“La alteración de las llanuras de inundación por cambios de uso del suelo agrícola, por ejemplo, puede provocar desbordamientos e inundaciones en zonas no preparadas o adaptadas, como zonas urbanas o playas”, añade.

Por otra parte, a su juicio, “el excesivo desarrollo urbano que impermeabiliza el suelo con asfalto y cemento bloquea la infiltración natural del agua y aumenta la escorrentía superficial hasta cinco veces con respecto a condiciones preurbanas”. Y añade: “además se produce un acortamiento en el tiempo de retardo, al reducirse considerablemente el tiempo entre la mayor intensidad de lluvia y la inundación, generando descargas repentinas con una rápida subida de las aguas”.

Para la Plataforma, si esas inundaciones hubieran ocurrido hace 50 años el resultado no sería el mismo: “habría llegado menos cantidad de agua y sedimentos por la mayor infiltración del suelo en ausencia de urbanización. La cubierta vegetal natural habría retenido las escorrentías y erosión del suelo. Y habrían llegado menos nutrientes procedentes de la actividad agraria, dado que hace 50 años era menos intensivo el uso de fertilizantes”.

Lo cierto es que a día de hoy, tras esas lluvias torrenciales, las playas de esta zona del Mar Menor están prácticamente desaparecidas. Unas playas que en su día fueron ampliadas ganando terreno al mar y que han vuelto a ser agua por efecto de la naturaleza que parece quiera volver a reivindicar su sitio en esta zona.

El agua bajaba en forma de lodazal por las ramblas. No era sólo agua de lluvia, era más bien tierra removida con agua. Puro lodo, vamos. Lodo que ha acabado en el Mar Menor.

Un secano convertido en regadío

El Campo de Cartagena fue toda la vida una zona de secano. Hoy lo es de regadío. Y es una de las zonas de regadío con una agricultura más intensiva de Europa. ¿Por qué? Una de las causas hay que buscarla en el trasvase del Tajo-Segura.

Ese trasvase que tanta riqueza ha generado en la Región creó un vergel de lo que en su día se parecía más a un desierto. Una buena idea a priori. Sobre todo para la economía de la zona. Pero llevar la contraria a la naturaleza a veces tiene sus consecuencias.

Vista aérea del Campo de Cartagena
Vista aérea del Campo de Cartagena. Foto: Paisajes españoles.

El trasvase Tajo-Segura ha sido esencial en el paso de una agricultura tradicional de secano, a una agricultura intensiva de regadío. La llegada de estas aguas procedentes del centro de la Península se produjo a partir del año 1978. Tuvo lugar con un ritmo muy irregular hasta el año 1995, cuando las aportaciones aumentaron considerablemente.

Según Jodar, “los caudales que efectivamente han llegado a Murcia han sido el 50% de los que estaban previstos inicialmente”. Esto ha provocado, a su juicio, que los regadíos que están basados en el trasvase “hayan tenido que buscar otras fuentes de suministro como son el agua de los pozos, cuya agua hay que tratarla con plantas desalobradoras”.

En su día, explica, el Estado realizó unas obras de drenaje de estas plantas cuya salmuera debería ser llevada a una planta desaladora en San Pedro del Pinatar y que no quedaron concluidas. A juicio del decano del Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos de Murcia deben realizarse obras para conseguir el “vertido cero”.

El Trasvase Tajo Segura tiene un caudal máximo anual de 600 hectómetros cúbicos, de los cuales unos 150 son para consumo doméstico y siempre se han trasvasado y el resto (unos 450) para la agricultura, que se han proporcionado de forma muy variable. El Trasvase “se ha politizado, se trataban de reducir los envíos y la gente vive de eso y se tiene que buscar el agua”, explica Jodar.

Vista del Mar Menor desde el paseo marítimo de Los Alcázares
Vista del Mar Menor desde el paseo marítimo de Los Alcázares.

Jodar defiende el trasvase como una de las infraestructuras más importantes de la Región de Murcia, “posiblemente la que más ha contribuido a crear riqueza y empleo en la economía de la provincia a lo largo de sus 40 años de existencia”. En este sentido explica que “la principal industria de la región, la agricultura para la exportación, tiene un importante apoyo en esta infraestructura”.

A su entender “tanto el trasvase como la agricultura y el turismo son perfectamente compatibles con un Mar Menor en equilibrio como ecosistema y con perfectas condiciones en su calidad de las aguas, siempre que se hagan las actuaciones necesarias”.

Residuos de una agricultura intensiva

La sed del Campo de Cartagena parecía imparable en el nuevo escenario de la industria agroalimentaria de regadío. Y bien por incumplimiento de las cuotas de Trasvase, bien porque no fueron posibles más obras similares por aquella tensión política que paralizó el del Ebro, llegó el boom de las desalobradoras de los pozos. Con ellas su residuo, la salmuera, que acaba también en el castigado Mar Menor.

Vertido ilegal de salmuera al Mar Menor. ANSE.

Con esta suma, trasvase y desalobradoras, y según calificación de García, la del Campo de Cartagena “es un tipo de agricultura súper intensiva, con entre cuatro y cinco cosechas al año de media”. “La intensificación es muy alta, se va a seguir aportando agua y lo lógico es pensar que el aporte subterráneo sea bastante importante”.

Para poner cara a esa intensificación el director de ANSE pone un ejemplo: “este año en algunas zonas del Mar Menor se está cultivando cebada que es algo que aquí no ha ocurrido nunca. En un territorio como este, el cultivo de cereales con regadío -caso de la cebada- es impensable”.

Vista del Campo de Cartagena desde Columbares
Vista del Campo de Cartagena desde Columbares. Wikipedia.

La agricultura intensiva implantada en la zona provoca importantes residuos y gran parte van a parar al Mar Menor. Esto produce un incremento de aporte de nutrientes y productos fitosanitarios a la laguna.

Todos estos nutrientes generan un proceso conocido como eutrofización, un aumento drástico de la población de microalgas en la laguna, algunas de las cuales liberan toxinas. Lo hacen gracias al abundante alimento que les supone el nitrato amónico utilizado como fertilizante en el Campo y que acaba vertiéndose al mar.

Esas algas enturbian el agua. La tiñen e impiden que la luz del sol la traspase y llegue al fondo de un mar. Los vertidos que provienen de la actividad agrícola de regadío intensivo con sus herbicidas, fertilizantes y fungicidas llegan a la laguna a través de los drenajes de las ramblas que desembocan en ella.

Lo hacen principalmente por la rambla del Albujón. Con desembocadura en Los Alcázares, recolecta gran parte de las aguas de escorrentía del Campo de Cartagena, concretamente cerca del 70%.

Vista aérea del trazado actual de la Rambla del Albujón.
Vista aérea del trazado actual de la Rambla del Albujón.

En su día era una rambla, pero con el cambio en la configuración del territorio del Campo de Cartagena, en la actualidad mantiene un flujo regular de agua. Un flujo de agua sobrante con elementos químicos que constantemente llega al mar. Y la causa no es otra que los radicales cambios en las prácticas agrícolas.

Pero esos nitratos se filtran también a través del subsuelo. Y aunque hay una discrepancia muy grande entre investigadores y hay quienes aseguran que no llegan nitratos a través de las aguas subterráneas, un reciente estudio del Instituto Geológico y Minero de España lo fija en hasta 68 hectómetros al año, lo que supone un 13% del volumen total de la laguna. La cantidad es muy superior a la que llega en superficie, sobre todo por la Rambla del Albujón.

De este modo, el aumento de la superficie de regadío ha generado un notable aumento de la entrada de nitrógeno y fósforo de origen agrícola al Mar Menor en las últimas décadas.

Un reciente estudio realizado por los profesores de la Universidad de Murcia Ángel Pérez Ruzafa y Concepción Marcos Diego alertaba de que “todas las fuentes analizadas contienen concentraciones de nitratos y fósforo extremadamente elevadas”. “Los valores son 50 veces más altos que los medidos en el año 2010 en el caso de los nitratos, y de ocho veces más en el fósforo”.

Para Pacto por el Mar Menor “hay muchos factores que han influido en la actual degradación del Mar Menor, y la agricultura intensiva es uno de los más influyentes, ya que es la actividad económica mayoritaria en el entorno de la comarca y la que más ha crecido en los últimos años”.

Según el portavoz de la Plataforma Pacto por el Mar Menor, Óscar Alcaraz, es necesario “compatibilizar la actividad agrícola con el uso y disfrute del Mar Menor, no podemos potenciar un sector económico sin tener en cuenta las externalidades negativas que sus malas prácticas provocan en el ecosistema y en otros sectores”. “Hay que encontrar el equilibrio de mercado y un óptimo social”, añade.

La minería y la pesca en los alrededores del Mar Menor

Por si no fuéramos pocos… ¿quién se acuerda de las minas? Las Minas de La Unión. Sí, las del cante flamenco. Y las de la contaminación. Unas minas que llevan cerradas 50 años. Pero las lluvias no entienden de cierres. Cuando caen arrastran todos esos minerales tóxicos. Y bajan por su vertiente, la que previo paso por el Campo de Cartagena acaba… en el Mar Menor.

A juicio de García, sigue siendo un problema, pero “no tanto por lo que llega, sino por lo que hay acumulado, tanto en superficie como bajo las aguas”. Según explica “hay superficies muy grandes, como por ejemplo la desembocadura de las ramblas que llegan a Lo Poyo que todavía tienen enormes extensiones de terreno con residuos mineros que son levantados por el viento cuando los sedimentos se secan y el viento aprieta con cierta fuerza”.

Vista de una de las costas de La Perdiguera con una espesa espuma en la orilla
Vista de una de las costas de la isla La Perdiguera con una espesa espuma en la orilla.

Además, según García, parte de los sedimentos que hay en el fondo marino “son filtrados por la fauna”. “Por ejemplo hay algunas especies de bivalvos que acumulan niveles de contaminación que son suficientes como para estar por encima de los límites que algunos organismos internacionales recomiendan para permitir el consumo humano”.

Según Alcaraz, “las ramblas de las sierras mineras de la cubeta sur de la laguna arrastran metales pesados en episodios de lluvias”. Por tanto, para el portavoz del Pacto por el Mar Menor, “llegan al Mar Menor y afectan a las zonas adyacentes de las desembocaduras, así como a los sedimentos, plantas marinas e invertebrados”. “La toxicidad en moluscos filtradores, sobre todo de la zona sur adyacente a las ramblas, es evidente”, añade.

La pesca en el mar menor también ha cambiado en los últimos años. “Se ha producido un aumento muy notable de la captura de dorada y en cierta medida de Lubina que muy probablemente se asocie de los escapes de la granja de acuicultura situada al otro lado de La Manga”, explica García.

Pero hay especies como el Mújol que era mucho más abundante y han disminuido de manera radical. Hay otras como la anguila cuya captura ha disminuido notablemente. No se sabe cómo podría estar afectando el aumento de la turbidez y la desaparición de una parte muy importante de la vegetación submarina, ya que, según García “falta información”.

Las lluvias torrenciales y el fango depositado por las últimas inundaciones han llevado a los pescadores de la Cofradía de San Pedro del Pinatar, que faenan en prácticamente todas las aguas del Mar Menor, a pronosticar que con la turbidez del agua actual este año “no habrá crías de peces”.

¿Dirá adiós el turismo al Mar Menor?

Las primeras transformaciones del Mar Menor y su ecosistema se tuvieron lugar en los años 70 con el dragado de la gola de El Estacio, para permitir el tránsito de embarcaciones hacia el Mediterráneo. Ese cambio redujo la salinidad de la laguna y que se suavizaran las temperaturas extremas del verano y el invierno.

Mapa del Mar Menor de 1963, con correcciones hasta 1989
Mapa del Mar Menor de 1963, con correcciones hasta 1989

Después fue llegando cada vez más un turismo masivo al que se unió una agricultura intensiva. Si a eso sumamos los estragos de la minería de principios de siglo XX en la zona, todas estas circunstancias convergen en un Mar Menor degradado, que cada vez se parece más a una ciénaga más que a un ecosistema único en Europa.

Ahora las autoridades empiezan a ver las orejas al lobo. En un Mar Menor sucio, poco apto –cuando menos- para un baño placentero, el turismo podría ir diciendo adiós. Quizá sea tarde para tomar cartas en el asunto. La tensión entre distintas actividades económicas se está cobrando la vida del Mar Menor.

Primero fue el turismo intensivo el que lo degradó. Después la agricultura intensiva. Y cuando los dos se han expandido, el mar lo ha pagado. ¿Podrá revivir el Mar Menor? Aún tengo guardadas mis gafas de snorkel. Ojalá algún día pueda volver a usarlas para ver el fondo.

En busca de soluciones para el Mar Menor

El mar no parece ya un mar. Son muchos los factores que han conducido a una de las mayores catástrofes ecológicas de nuestro país.

Pero queremos buscar soluciones, si las hubiera, a esta situación. Por ello nos preguntamos si estamos a tiempo de remediar una catástrofe aún mayor. ¿Es demasiado tarde para el Mar Menor?

Óscar Alcaraz, portavoz de la plataforma Pacto por el Mar Menor no lo sabe: “El Mar Menor es un ecosistema muy complejo y particular, no podemos más que dejar de agredirlo y esperar a que la naturaleza sea capaz de recuperar su estado natural”.

Orilla de la Isla Perdiguera, este mes de enero, con una densa espuma
Orilla de la Isla Perdiguera, este mes de enero, con una densa espuma. Geografía Infinita.

Alcaraz tiene muy claro que “si no se para ya la presión humana, mediante un cambio de paradigma en toda la comarca, el proceso de degradación será imparable y nos llevará irremediable y trágicamente a la pérdida de un ecosistema con un valor incalculable”.

Esa “presión humana”, a su juicio, “se está haciendo insostenible”. Según, Alcaraz, “la actividad económica que genera ese sector agrícola está sobrepasando los límites de la sostenibilidad ambiental, pero también la social y económica para otros sectores como el turismo, la pesca o la activad náutico-deportiva”.

“Y no sólo para el Mar Menor, sino para la propia comarca en sí supone una pérdida de entidad cultural, paisajística, etnológica…”, añade.

Para buscar soluciones y a iniciativa del Gobierno de la Región de Murcia, el año pasado se constituyó el Comité de Asesoramiento Científico del Mar Menor.

Lo encabeza el catedrático de Ecología en la Universidad de Murcia, Ángel Pérez Ruzafa. Desde el comité científico “se están proponiendo distintos estudios que ayuden a rellenar la falta de datos necesaria para la toma de decisiones”.

“Lo más importante es que todo el que tiene algo que aportar puede hacerlo”, explica Pérez Ruzafa. “Hay expertos en todas las áreas, lo que permite tener una visión de conjunto y analizar todas las implicaciones de cada medida a adoptar”, señala el catedrático.

Un futuro difícil de predecir

Para Pérez Ruzafa es “difícil de predecir” si hay una solución para el mar Menor pero confía en que la haya. “Los datos que vamos obteniendo nos muestran que los mecanismos de regulación de la red trófica están activos y que la diversidad planctónica se mantiene.

Hasta ahora, el Mar Menor ha demostrado que tiene una gran capacidad de autorregulación y creo que la mantiene. Eso sí, todo pasa porque las presiones se reduzcan al máximo y que dejen de entrar nutrientes”, explica.

Las inmersiones de 2016 pusieron de manifiesto el mal estado del Mar Menor
Las inmersiones de 2016 pusieron de manifiesto el mal estado del Mar Menor. Foto: ANSE

El fondo del Mar Menor

El responsable del Acuario de la Universidad de Murcia, Emilio Cortés, conoce bien el estado del fondo de la laguna. Se ha sumergido en diversas ocasiones para comprobar la situación del mar Menor de primera mano.

“No hemos de olvidar el estado actual, sobre todo de los fondos. La perdida de las praderas de ‘Caulerpa prolifera’ ha sido determinante en el deterioro de la laguna y su recuperación no es algo sencillo”, explica.

Por su parte, Francisca Giménez Casalduero, profesora de la Universidad de Alicante explica que “tenemos que partir de la premisa que la situación del Mar Menor no volverá a unas condiciones exactamente iguales que las que conocíamos hace una década e incluso antes de 2016”.

Para la bióloga marina, “la laguna ha evolucionado a un estado diferente, en el que han cambiado las condiciones ambientales después de un proceso de eutrofización grave, provocado por la entrada continuada, durante un largo periodo de tiempo, de nutrientes procedentes de la actividad antrópica”.

Eliminar las causas de la eutrofización

En este sentido, “de forma urgente, se deben eliminar las causas que han provocado la eutrofización y a partir de ese momento ver como evoluciona este proceso y como queda el ecosistema”.

A su juicio sólo “teniendo un máximo conocimiento de la evolución del ecosistema lagunar, se podrán plantear actuaciones para volver a recuperar los servicios ecosistémicos que nos suministraba la laguna”.

En este sentido, para la experta “la situación actual del Mar Menor sí tiene solución, si se hacen las cosas sin improvisación, de forma integrada y basadas en el conocimiento y con transparencia y mucha paciencia”.

Giménez Casalduero ha mostrado sus diferencias con el Comité Científico, al considerar que el funcionamiento del Comité había sido inoperativo.

Para denunciarlo, emitió junto a otros tres compañeros una nota de prensa a raíz de la cual, se convocó una reunión de urgencia del comité el pasado 27 de diciembre con la que el comité comenzó su andadura “efectiva”.

“Aunque tarde, esperemos que el Comité sirva como una herramienta en busca de soluciones para la recuperación del Mar Menor, anteponiendo el criterio científico a cualquier otro interés y siempre por el bien común”, desea.

El vertido cero como condición necesaria pero no suficiente

Pérez Ruzafa explica que el vertido cero desde el Campo de Cartagena “es condición necesaria, pero no suficiente”.

A su juicio “tienen que cesar también otro tipo de agresiones, como las obras costeras incontroladas que afecten a la masa de agua y los sedimentos, las prácticas inadecuadas de uso del suelo en la cuenca, que terminan afectando al Mar Menor a través de las aguas de escorrentía”.

500 litros por segundo desembocan en el Mar Menor a través de la rambla del Albujón
500 litros por segundo desembocan en el Mar Menor a través de la rambla del Albujón. Foto: ANSE

A juicio del portavoz del Comité Científico, “mientras los estudios hidrogeológicos no demuestren otra cosa, las entradas importantes de nutrientes son superficiales (incluso aunque el origen de muchas aguas sea subterráneo)”.

Al ser así, la mayoría de las entradas “se producen por ramblas sobre las que es más fácil actuar”, explica. Por otro lado, a su juicio, “las malas prácticas agrícolas en la cubeta sur deben ser también controladas de modo que no se produzcan entradas en los momentos de lluvias torrenciales”.

Para Giménez Casalduero, “el vertido cero, entendido este como la eliminación de todas las entradas en origen antrópico en la laguna, respetando solo aquello cursos naturales propios de los procesos ecológicos, es la condición sine equa non para empezar a plantear cualquier posible actuación de recuperación en la laguna”.

A juicio de Cortés, “conseguir el vertido cero, estable en el tiempo, daría lugar al proceso de regeneración de la laguna y posiblemente tras varios años volviera a un estado parecido al de hace tiempo atrás, pero no va a ser una regeneración rápida”.

Según señala, “una vez conseguido ese vertido cero, habría que determinar con trabajos de seguimiento la capacidad de recolonización, si es la adecuada y todo funciona bien o si es necesaria algún tipo de actuación que facilite esta regeneración”.

Cortés entiende que “sin duda será necesario seguir trabajando tras conseguir el vertido cero, de hecho, de cómo se planteen las actuaciones posteriores al vertido cero dependerá el futuro de la laguna”.

En este sentido, explica que “con ciertos cambios en esa configuración que optimicen la utilización de recursos y limiten su impacto, sería más factible”. Pero, según cree, “es necesario desarrollar un plan de actuaciones en el entorno de la laguna que parece chocar con la visión que tienen los dirigentes políticos del problema y las soluciones que proponen”.

Aspecto de Los Alcáceres tras las riadas del pasado mes de diciembre de 2016.
Aspecto de Los Alcázares tras las riadas del pasado mes de diciembre de 2016. Geografía Infinita.

“Tampoco sé si la predisposición de las empresas agrícolas sería lo suficientemente conciliadora para llegar a un punto sostenible, lo que está claro es que si queremos un Mar Menor sano, el futuro en el campo de Cartagena será una agricultura sostenible con el medio ambiente”, remarca Cortés.

Giménez Casalduero añade otro elemento a la discusión: “No podemos obviar que los grandes beneficios obtenidos por una parte del sector agrícola del Campo de Cartagena, no son tales si incluimos, en el balance coste-beneficio, los gastos necesarios para la recuperación ambiental de la laguna, además de las cuantiosas pérdidas, generadas por la situación actual en otros sectores como el turístico o el pesquero”.

Plan integrado de gestión para el Mar Menor

Pérez Ruzafa cree que para ello “se necesita un plan integrado de gestión de las aguas que se toman y se vierten en toda la cuenca de drenaje. Un plan que analice los tipos de aguas que se vierten, si contienen sales, nutrientes u otras sustancias, como deben canalizarse, dónde y cómo serán tratadas y qué uso se les dará una vez hecho el tratamiento”.

Un punto en el que coincide Giménez Casalduero: “Todas las acciones deben formar parte de un plan integral, no deberían acometerse actuaciones puntuales, diseñadas de forma aislada, ya que esta manera de actuar caótica y sin planificación es parte de las causas de la situación actual”.

Según el portavoz del Comité Científico “muchas aguas podrían reutilizarse, otras podrán evacuarse si reunen las condiciones adecuadas, pero en ningún caso al Mar Menor. Además, el plan debe analizar cómo evitar que las escorrentías excesivas puedan llegar al Mar Menor”.

En este sentido, si bien las aguas de escorrentía normales “nunca han sido un problema”, a su entender, “cuando van asociadas a malas prácticas de uso del suelo pueden ir cargadas de un exceso de sedimentos y nutrientes, e incluso metales pesados y otras sustancias, que perjudican gravemente”.

Pero ¿qué hacer con esos vertidos? Giménez Casalduero cree que “el vertido cero no puede entenderse como un desvío de los vertidos a otros ecosistemas, el mar Mediterráneo por ejemplo, ya que sería trasladar el problema en vez de solucionarlo”.

¿Más canales hacia el mar Mediterráneo?

Hay quien ve como una solución el abrir más vías de entrada del agua desde el Mar Mediterráneo hacia la laguna.

Es lo que piensa el decano del Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos de Murcia, Manuel Jodar. Defiende que hay que actuar en dos direcciones: “Por una parte el “vertido cero” y por otra la de aumentar sustancialmente la conexión del Mar Menor con el Mar Mediterráneo”.

Según explica, el llamado “vertido cero” supone “que el mar no reciba vertidos ni de la agricultura del campo de Cartagena ni de las urbanizaciones que bordean el Mar Menor”. Esto implica, desde su punto de vista, “la realización de una serie de actuaciones por parte de la Administración, algunas de las cuales ya están en marcha”.

Canal del Estacio y puerto deportivo Tomás Maestre
Canal del Estacio y puerto deportivo Tomás Maestre

Pedro Jodar cree que “actualmente el Mar Menor está prácticamente aislado del Mar Mediterráneo”.

A su juicio “hoy en día es una laguna prácticamente estancada, con una grandísima evaporación de agua y con muy poca aportación, por lo que en unos años tiene el riesgo de desaparecer tal como lo conocemos hoy.

Las interconexiones con el Mediterráneo están completamente aterradas y el agua del Mar Menor no se renueva”.

Para Jodar, el Mar Menor ha estado “muy conectado” con el Mediterráneo históricamente. “Hay crónicas del año 1584 que hablan de 12 conexiones entre ambos mares. Las lagunas similares en Europa y norte de África (Mar Chica) están completamente conectadas con el Mediterráneo”.

Por ello, según el decano, “el aumento sustancial de la conexión del Mar Menor con el Mar Mediterráneo es un tema vital para su recuperación y se está convirtiendo en un tema urgente”.

Los canales no son la solución

“Tajantemente, no”, responde Pérez Ruzafa. “La calidad de aguas del Mar Menor y la complejidad de su red trófica, que la hace posible, son debidas precisamente a que las comunicaciones con el Mediterráneo están restringidas”,explica el portavoz del comité científico para añadir que “el Mar Menor se diferenciaba de otras lagunas costeras precisamente en eso”.

“La laguna de Venecia, por ejemplo, renueva toda su agua en unos 10 días, siendo varias veces mayor que el Mar Menor”, explica para poner como contrapunto al Mar Menor, que “las renueva en casi un año”. Por ello, “Venecia nunca ha tenido aguas transparentes y el Mar Menor que conocíamos sí”.

De este modo, a su juicio “abrir los canales más de lo que permite mantener los equilibrios que hacían de el un ecosistema tan singular haría que perdiera la complejidad ecológica que lo caracteriza“.

“¿Cómo afectaría esa apertura a las praderas de Posidonia de la zona exterior?, ¿realmente se conseguiría mejorar sustancialmente el estado de la Laguna?”, se pregunta Cortés. “No creo que sea la solución”, explica para añadir que “supondría más un problema y que, por descontado, el Mar Menor dejaría de ser lo que ha sido“.

Para Giménez Casalduero, “en el momento en el que nos encontramos, la apertura de los canales supondría una extensión del problema a las zonas próximas del Mediterráneo (playas de la Manga)”.

Hasta que no se hayan eliminado las causas que nos han llevado a esta situación, no tiene mucho sentido hablar de apertura de los canales”, señala. “Si continúan entrando nutrientes, el proceso de eutrofización se prolongará en el tiempo y en el espacio, y la caída de la salinidad debida a la apertura descontrolada de los canales podría generar mayores problemas debidos a la entrada de especies alóctonas procedentes del Mediterráneo”, añade.

En esa línea explica que “solo en el caso de conseguir el vertido cero, la regulación del intercambio de agua Mar Menor–Mediterráneo debería de contemplarse”.

Pero habría que hacerse “en base a los procesos hidrodinámicos de la laguna y a partir de un profundo conocimiento de los mismos, valorando en todo caso las consecuencias en hábitats próximos, siempre y cuando se asegurasen las condiciones fisicoquímicas del Mar Menor para evitar una pérdida de singularidad”.

El futuro de las especies autóctonas del Mar Menor

Desde el punto de vista de Pérez Ruzafa, de momento no cree que se haya perdido ninguna especie “de forma definitiva, aunque alguna, como el caballito de mar, se ha visto muy reducida por culpa, de las capturas de medusas”.

El responsable del Acuario de la Universidad de Murcia cree que todavía es posible recuperar las especies autóctonas. “Todo depende de cómo de rápido se tomen medidas de actuación”.

“De cualquier modo es necesario y urgente realizar muestreos para evaluar la evolución de las poblaciones de las especies más significativas de la laguna. Hay algunas zonas que están muy afectadas”, señala el experto.

Caballito del Mar Menor
Caballito del Mar Menor

En este sentido, explica que “la primavera y el verano van a ser determinantes en la evolución del Mar Menor”. Por ello, “con la subida de temperaturas bajarán los niveles de oxígeno y dependiendo de cómo sea esa bajada se alcanzara un estado crítico o no”.

El caballito de mar

Una de las poblaciones más características del Mar Menor es la del caballito de mar, que tuvo “una regresión importantísima hace décadas, debido a la sobrepesca”. “Desde que comenzamos a muestrear caballito se ha ido observando una recuperación muy lenta, que en los últimos años parecía acelerarse”, explica Cortés.

De hecho, este año se han observado caballitos en distintas zonas de la laguna, aunque “la turbidez del agua no facilitaba la labor”.

A juicio del responsable del acuario de la Universidad de Murcia “es evidente que la desaparición de la pradera de Caulerpa y de las zonas afectadas de Cymodocea, influye muy negativamente al tratarse de zonas de cobijo donde crecen alevines y juveniles”.

Por ello, la situación actual puede ser “bastante oscura” tanto para el caballito como para el resto de especies.

Los alevines y juveniles no prosperan

Según parece, los pescadores no han observado reclutamiento para el año que viene en las especies comerciales. Esto quiere decir que hay una alteración en el ciclo reproductor y los huevos o los alevines y juveniles no prosperan.

“Habrá que esperar a los muestreos de este año para saber cómo ha afectado la situación actual a una población de caballito ya bastante frágil de por sí, al igual que a otras especies más abundantes”, concluye Cortés.

Giménez Casalduero cree que “las poblaciones lagunares de especies emblemáticas como el caballito de mar (Hippocampus guttulatus), la aguja de mar (Syngnathus abaster) o el molusco Pholas dactylus podrían estar en grave peligro en la actualidad”

“Más aún teniendo en cuenta que la situación podría agravarse esta primavera o la siguiente con el calentamiento de la masa de agua”. “Creo que es necesario que se actúe en este sentido creando un “banco de biodiversidad” de las especies lagunares más emblemáticas y/o aquellas de las que ya se conozca la existencia de variedades específicas del Mar Menor”, señala la bióloga.

A su entender, solo así, “se aseguraría la posibilidad de reintroducir individuos de estas mismas poblaciones, en un futurible Mar Menor recuperado ambientalmente”.

El Mar Menor, en la encrucijada

Lo cierto es que el Mar Menor se encuentra en una encrucijada. Por primera vez el Gobierno de la región de Murcia, que ha permanecido durante mucho tiempo impasible ante este problema medioambiental, ha empezado a tomar cartas en el asunto.

Toda una serie de expertos se han puesto manos a la obra para tratar de buscar soluciones integrales que permitan acercar al mar Menor a lo que un día fue.

La población va tomando conciencia. Pérez Ruzafa cree que “siempre ha habido en cierta manera” concienciación sobre el Mar Menor en la población de la Región de Murcia, aunque “con frecuencia se demandaban cosas, como tener playas más anchas, que perjudicaban al Mar Menor y a la propia calidad del baño”.

Ahora, a su juicio, “además de aumentar la sensibilidad y la concienciación, hay también más conocimiento de lo que puede reclamarse y de lo que debe de ser de otra manera”. Veremos si la concienciación sirve para revivir al que fuera uno de los paraísos de España.

Acción para parar una deblacle

Veremos si esa conciencia social del desastre gestado en el mar Menor a lo largo de los años, se vuelve acción. Acción para parar una deblacle.

Los lobbies agrícolas y turísticos tienen mucho que decir al respecto, pero es la Administración, con la autonómica a la cabeza, pero también la Central y la Europea quienes tienen que regular que el mar Menor deje de ser un lodazal.

Todo para tratar devolver a su verdadera esencia: la de un ecosistema único en España. Esperamos desde aquí haber puesto nuestro grano de arena.

*Actualizado 23/01/2017 incluyendo declaraciones de la Plataforma Pacto por el Mar Menor. 

2 COMENTARIOS

  1. En un sitio donde hay mucha luz y poca agua, si en vez de cereal de regadío que necesita luz y agua plantasen paneles solares que solo necesitan luz (y sólo un poquito de corrupción política para obtener los permisos) otro gallo le cantaría al mar menor.

    Usar un agua rogada ( digo roGada, no roBada ¡por Dios!), que se recibe a cuentagotas para cultivar cereal es un chiste malo, ¿Qué tal cultivos con mayor producción por agua consumida? huertas, naranjos. O incluso saltar a los valles ribereños de las laderas del Atlas, llevando allí, tecnología y capital, y usando recursos naturales locales, y mano de obra local, la que está esperando plaza en las pateras para venir a cultivar a la península.

    Puestos a fantasear, si las riadas son un problema periódico. ¿por qué no transformar plantaciones de cereal en amplios estanques, para almacenar el agua de las riadas y bombearlas hacia los pantanos superiores con la energía de los paneles solares. Paneles que podrían montarse incluso sobre los mismos estanques tan profundos como permita la orografía disfrutando de la refrigeración evaporativa del agua. Cuando el estanque estuviera vacío seguiría funcionando la granja solar. Serviría esa agua retenida para rellenar los acuíferos?

    Más imaginación y menos pedir agua!!!

  2. Una pena realmente, que lugares tan bonitos como este “Mar Menor” de Ustedes, muera por no haber entendido a tiempo que a la naturaleza hay que alterarla lo menos posible, por no decir que nada, para que todo siga funcionando como miles de años atrás, pero el afán de riquezas y el progreso económico, desgraciadamente arruinan todo, suerte con la remediación de este lugar único, y que el autor de esta nota pueda seguir buscando ostras.

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