Las lenguas de prestigio

La lengua es un elemento sujeto a una enorme presión o, dicho de otra forma, es extremadamente flexible: intereses sociales, políticos, económicos… Además, solo con escuchar hablar a una persona recibimos muchísima información: lugar de origen, estrato social e incluso ideología son algunas de las evidencias que podemos percibir.

El porqué del prestigio

Hasta hace relativamente poco, e incluso hoy día se mantiene, existía la creencia de que la lengua podía y debía ser algo puro y refinado, algo elegante, algo limpio. Que no se me malinterprete, esta forma de pensar puede ser muy adecuada para un uso literario o artístico de la lengua, pero es un objetivo poco práctico en otros aspectos, que son la mayoría. Incluso quienes piensan así deben enfrentarse al imparable cambio lingüístico.

En una época en que solo unos pocos podían leer y escribir, la mencionada búsqueda del refinamiento triunfaba y podía llevar a los más puristas a buscar idiomas anteriores que consideraban superiores (probablemente debido a simple tradición adquirida, nadie puede evitar su contexto).

No existe ni una sola sociedad humana que no haya tenido una o varias lenguas de cultura. El término cultura es aquí amplio: puede referirse a aspectos religiosos, científicos, literarios… de hecho, ¿qué es una lengua estándar, no es una forma socialmente considerada buena, correcta o elegante de la lengua hablada por el grueso de la población?

Porcentaje de hablantes, nativos y no nativos, de inglés en el mundo por países (Wikimedia Commons)

Lengua muerta o lengua sin nativos

Puede parecer extraño que una sociedad escoja una lengua sin hablantes nativos para expresar lo que se considera más elevado de sí misma, pero lo cierto es que es una costumbre permanente en la historia de la humanidad. Y digo lengua sin hablantes nativos, y no lengua muerta, porque existe debate al respecto.

Algunos consideran una lengua muerta aquella que no tiene hablantes. El latín, el griego o el sánscrito podrían parecer lenguas muertas actualmente, sin embargo, las tres siguen siendo usadas en congresos internacionales y en círculos culturales determinados.  De hecho, las redes sociales han supuesto una auténtica revitalización para estos idiomas, y hoy resulta muy sencillo encontrar cuentas de Instagram, Twitter o Facebook que las usan.

Es, por lo tanto, una evidencia que están activas. ¿Son lenguas muertas? Hay quien dice que sí porque no existen hablantes nativos. Hay quien dice que no porque son lenguas que siguen siendo productivas. Ambas posturas son lógicas, razonables y coherentes.

Así, para algunos, las lenguas antiguas tienen un prestigio que las actuales no pueden tener: son lenguas que conservan su pureza, lejos de la influencia y la corrupción de la lengua hablada. No hace falta indicar que estas consideraciones tienen mucho de social, pero nada de lingüísticas.

Latín: la lengua de prestigio más famosa

El latín es la lengua de prestigio más famosa para los hispanohablantes, no sin razón: es de la que proviene nuestro idioma. En cierto modo, incluso, podríamos decir que seguimos hablando un latín evolucionado.

El latín clásico que conocemos corresponde a una lengua estandarizada basada en la lengua oral de las clases altas del siglo -I, más o menos. Esto no quiere decir que las clases altas hablaran como escribían, eso no pasa en ningun rincón del planeta. Era un estándar, es decir, una forma idealizada usada como vínculo para todos. Se sabe que ya en el siglo I existían varios fenómenos en la lengua hablada de las clases altas que no existían en latín escrito o clásico (nada extraño, por otra parte, en cualquier lengua del mundo).

Inscripción latina en el palacio de Aranjuez, Comunidad de Madrid, España. Podemos leer el año 1775 (Flickr)

Esta forma de latín clásico continuó usándose como lengua de cultura en Europa hasta… hasta la actualidad, de hecho. No obstante, cedió su posición como principal lengua de prestigio paulatinamente hasta que en el siglo XVIII las cortes europeas prefirieron hablar y escribir en francés, lengua de la potencia del momento y que, además, servía como lengua hablada en las relaciones diplomáticas internacionales.

No solo era una lengua escrita, sino que también fue la lengua litúrgica de la todopoderosa Iglesia romana hasta bien entrado el siglo XX. Hoy, el Vaticano la reconoce como lengua oficial y existe un cajero automático en latín. Sin embargo, la lengua habitual de comunicación en el país es el italiano.

También era la lengua que utilizaban las personalidades de la cultura europea para hablar entre ellas hasta bien entrada la modernidad. El latín ha configurado el vocabulario de las lenguas occidentales modernas en una medida siempre importante, aunque variable dependiendo del idioma, y sigue siendo fuente de neologismos hoy.

Aunque actualmente no se use, saber escribir y leer latín sigue siendo una habilidad que causa admiración en nuestro tiempo. Una admiración, por otra parte, basada en una tradición secular cultural, ya que hablar y escribir en latín es tan fácil o difícil como aprender a leer y escribir en cualquier otra lengua.

Griego

El Imperio romano había extendido su poder político, militar y económico por toda la cuenca del Mediterráneo, y con su poderío fue su lengua. El latín triunfó allá donde se encontró con lenguas nativas que tenían poca o nula influencia más allá de las fronteras del pueblo que las hablaba, pero no pudo con una lengua que ya tenía establecida su zona de influencia y contaba con una tradición de historia, filosofía, ciencia y literatura envidiable: el griego.

La zona oriental del Imperio nunca fue latinoparlante, además de las lenguas locales, la lengua de prestigio, del comercio, de la cultura y de las clases altas fue el griego. Es cierto que el latín también estaba presente en la parte oriental, pero era una lengua política, que se usaba casi exclusivamente para documentos oficiales y para hablar con los romanos que habían sido destinados a aquellas provincias.

Es importante recordar que incluso hubo emperadores que escribieron en griego sus obras, y no en latín, como Marco Aurelio.

Papiro escrito en griego (Picryl)

Cuando Roma y Constantinopla se separaron políticamente, en las dos mitades el latín continuó siendo la lengua oficial, pero en la oriental su influencia real era escasa. A principios del siglo VII, el emperador Heraclio hizo del griego también la lengua administrativa, por lo que el latín quedó relegado en oriente a la acuñación de monedas y poco más.

Así, hasta el siglo XV, cuando Constantinopla cayó en manos turcas, el griego fue la lengua de una de las mayores potencias cristianas y de su Iglesia, la ortodoxa griega. Durante los siglos XV y XVI, el estudio de griego creció en Europa, aunque el latín le llevaba una gran delantera y la mayoría de los textos clásicos griegos se leían en traducciones latinas.

El griego es la lengua de la ciencia, aunque, para nosotros, lo es gracias al latín. Es cierto que la cantidad de palabras helenas en todas las lenguas occidentales es apabullante, pero si esto es así es gracias a que los romanos lo consideraron una lengua de cultura de enorme prestigio. Me explico: la mayoría de palabras griegas que tenemos en nuestro vocabulario ya estaban presentes en latín, por lo tanto, en realidad no son préstamos directos, sino palabras que ya eran normales en la lengua latina escrita y que han pasado a nosotros sufriendo los mismos cambios que las palabras latinas. Por supuesto, es fácil encontrar excepciones, pero, grosso modo, esta es la situación.

Sánscrito

En Europa la menos conocida, pero de suma importancia. El sánscrito es una lengua indoeuropea, es decir, hermana del latín y del griego y, por lo tanto, emparentada con el español, que se habló en el norte del la India con la primera invasión de los pueblos indoiranios. Entre el -1500 y -1000 se creó el Rigveda, el primer texto en sánscrito, en su variedad más antigua, llamada védica.

La preocupación por los cambios en la lengua llevó al surgimiento de una escuela de gramáticos que no tuvo comparación en el mundo hasta el siglo XIX. Los gramáticos indios se preocuparon por preservar la gramática y la fonética originales, porque se iban dando cuenta de que los textos sagrados eran cada vez menos comprensibles. Sus estudios llegaron a un nivel de perfección tal que cuando la lengua fue descubierta por los europeos en el siglo XIX, abrió todo un campo nuevo de investigación y, de hecho, los lingüistas europeos del momento aprendieron muchos conceptos de los gramáticos indios.

Escritura en sánscrito (Wikimedia Commons)

El sánscrito ha continuado siendo lengua de cultura y religión en la India hasta la actualidad, por ello es lengua oficial, aunque su uso es más bien restringido.

Hebreo

El hebreo era la lengua de los hebreos y de su religión: el judaísmo. A pesar de que dejó de hablarse aproximadamente sobre el siglo IV, ya antes estaba en franca decadencia (muchos judíos ya no hablaban hebreo en la época de Jesús, sino arameo, tal vez incluso el propio Jesús de Nazaret histórico).

A pesar de ello, ha sido la lengua litúrgica de las comunidades religiosas judías de todo el planeta desde la antigüedad. Durante la Edad Media y Moderna siguió cultivándose en textos literarios, religiosos y científicos.

En el siglo XIX una nueva corriente creó una versión moderna para unificar lingüísticamente a todos los judíos, y después de varios cambios y la creación de una asociación de regulación internacional, hoy se ha revivido con éxito y es la lengua oficial del estado de Israel.

Árabe

El árabe es un paso intermedio entre una lengua clásica y una lengua contemporánea. El árabe clásico es la lengua en que está escrita el Corán, y nació como una fusión de varias lenguas árabes diferentes para que todos pudieran comprenderla.

Como el Corán fue redactado directamente por Dios a Mahoma, esta lengua tiene carácter divino y se ha mantenido muy fiel a sus orígenes. Y es que el árabe no es la lengua materna de los pueblos árabes (no confundir con los pueblos que tienen como religión principal el islam, entre los que hay malayos, indonesios u otros que poco tienen que ver etnolingüísticamente con los árabes).

En estos países hay varias lenguas, llamadas comúnmente dialectos, que pueden ser más o menos diferentes del árabe. Estas lenguas tienen su propia literatura y música, pero siempre están a la sombra de la más prestigiosa lengua del Corán. De hecho, la televisión, los periódicos, la aplastante mayoría de libros y los documentos oficiales están escritos en árabe clásico, que es una lengua que se aprende en la escuela, pero que la mayoría de la población no habla en casa ni con sus prójimos.

Por eso, el árabe clásico es una lengua de fácil acceso, es más, para los que no vivimos en ningún país árabe es la lengua en que escucharemos la televisión o leeremos las noticias de estos estados, pero no es la lengua que se habla en los mercados o en los patios de las casas. Es, de hecho, una situación comparable, salvando las distancias, a la del latín en la primera parte de la Edad Media europea.

El árabe es una lengua fundamental para la cultura occidental, ya que fueron ellos, además de los romanos orientales, los guardianes del conocimiento clásico griego. Muchas obras que se perdieron en Europa occidental fueron reintroducidas o redescubiertas a partir de su versión en la lengua de Mahoma. Muestra de su importancia es la gran cantidad de préstamos que encontramos, en mayor o menor medida, en muchas lenguas europeas.

Eslavo eclesiástico

Cirilio y Metodio fueron dos monjes hermanos a los que se les encomendó la evangelización de los pueblos eslavos de los Balcanes y Europa central. La razón era sencilla: dominaban los idiomas de la Biblia (hebreo, griego y latín) y hablaban alguna variedad de eslavo, ya que nacieron en Salónica, en aquellos tiempos con una amplia población de esa etnia.

Para ello hicieron una traducción de la Biblia y, para plasmar las lenguas eslavas, que hasta entonces no tenían una tradición escrita, crearon el alfabeto glagolítico (y no el cirílico, como se suele pensar). Para su traducción crearon un estándar paneslavo (aunque en esa época casi sería, simplemente, eslavo) y esa lengua comenzó a usarse como idioma litúrgico en todos los países de religión ortodoxa. Esta lengua se llama actualmente antiguo eslavo eclesiástico.

Texto escrito en eslavo eclesiástico con alfabeto cirílico (Wikimedia Commons)

Este idioma pasó, con el tiempo, a ser el eslavo eclesiástico, una nueva variedad usada en Rusia, Bulgaria, Serbia y otros países eslavos, en que se añadían palabras vernáculas para facilitar la comprensión. Hasta el siglo XVIII fue la lengua más común de las liturgias en, por ejemplo, Rusia, aunque nunca se habló, y actualmente sigue siendo la lengua de algunas pequeñas comunidades ortodoxas orientales.

Otras lenguas de prestigio

He querido centrar el artículo en lo que para algunos son lenguas muertas (o no nativas, en el caso del árabe) que se usan o usaban como lenguas de prestigio, pero también una lengua de prestigio puede ser una lengua llamémosla viva. A lo largo de la historia ha habido varias lenguas contemporáneas que por el prestigio normalmente político-militar, aunque también cultural, se han convertido en lenguas de grandes regiones del planeta.

Ejemplos de ello han sido el chino, por ejemplo. Su influencia fue tal que durante siglos los literatos de Japón, Corea, Vietnam o el sureste asiático la usaron para escribir sus obras y fue la lengua de la corte en varios países de habla no china. También fue la lengua de la diplomacia en extremo oriente durante siglos.

En Europa podemos encontrar, a partir del siglo XVI, el español, aunque, sobre todo, a partir del siglo XVII, el francés. La influencia del francés fue tal que hasta hace relativamente poco era considerada la lengua de la diplomacia internacional. En el siglo XVIII varias cortes europeas, como la sueca o la rusa, hablaron francés y no ha sido hasta el siglo XX que ha perdido su prestigio como lingua franca.

Pero el ejemplo más evidente y que estamos viviendo en nuestro tiempo es el inglés. Esta lengua, además, está consiguiendo algo que ninguna otra ha conseguido: ser una lingua franca realmente global, en su sentido más literal; para todo el planeta.

1 comentario en “Las lenguas de prestigio”

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