Los diferentes tipos de ciudades romanas

La sociedad romana fue durante la mayor parte de su existencia eminentemente urbana. Las ciudades eran los centros neurálgicos de comunicaciones, religiosos, políticos, burocráticos, comerciales… No nos cuesta mucho imaginarlo, porque, salvando las muchas diferencias, ese mundo urbano es lo que todos nosotros conocemos hoy.

Maqueta de ciudad romana

Los romanos fundaron ciudades, pero también dejaron en pie muchas poblaciones preexistentes a su llegada. En muchos casos, respetaban su población e incluso a sus dirigentes, a su nobleza y a sus gobernantes. En otros, ejercían la violencia a la que la historia de la humanidad nos tiene acostumbrados.

La relación de las ciudades romanas con la metrópoli

La relación que estas ciudades tenían con la metrópoli podía variar mucho. Esto dependía, principalmente, de cómo la población local había recibido a los invasores.

No era lo mismo que les abrieran las puertas y llegaran a algún acuerdo, a que los tuvieran meses frente a las murallas soportando combates y una larga resistencia. Los romanos compensaban con el trato que ellos consideraban adecuado unas y otras actitudes.

El decumano máximo y el cardo máximo eran las dos arterias principales de toda urbe romana. La primera tenía orientación este-oeste, la segunda, norte-sur

No hay que olvidar que no estamos hablando de urbanismo ni arquitectura, sino de la relación legal de un municipio dentro del Estado romano. La apariencia física de la ciudad, después de décadas de relación con Roma, fuera esta del tipo que fuera, acabaría homogeneizándose debido a la inevitable influencia itálica. Pero no solo el aspecto físico podía cambiar, también el estatus jurídico.

Tenemos, pues, que existían ciudades indígenas y ciudades de nueva planta. Primero hablaré de las ciudades indígenas.

Foederatae: igualdad de condiciones

Eran ciudades que llegaban a algún acuerdo con Roma, es decir, el Estado romano negociaba con ellas en igualdad de condiciones.

Los gobernadores romanos no tenían competencias sobre ellas. El Estado aseguraba la libertad de sus habitantes. Se gobernaban autónomamente e incluso podían dictar sus propias leyes siempre que no fueran contrarias a las romanas.

Teatro romano de Gades, el segundo más grande la península, superado solo por el de Corduba.

Sus limitaciones se encontraban en la política exterior, en la que Roma decidía por ellas. Además, estaban exentas de cargas fiscales, aunque no de apoyo militar a la metrópoli, y tenían que aportar al ejército romano cuando así se le exigiera. En Hispania no hubo muchas: Ebusus, Gades, Malaca, Saguntum o Tarraco.

Liberae et inmunes: libres sin pacto previo

Como las anteriores, todos sus habitantes y el municipio se consideraba libre, pero no había pacto previo. Roma las consideraba como tales desde el principio, y aseguraba su libertad y autonomía.

Al igual que las foederate, también eran entes autonómos fuera de la jurisdicción del magistrado romano de la zona y no pagaban impuestos. Su ejército y su política exterior, eso sí, eran romanos y debían contribuir a las fuerzas armadas.

Stipendiariae: Roma imponía condiciones

El tratado en el que se establecía la relación con Roma no era en igualdad de condiciones, sino que la ciudad eterna imponía sus condiciones.

Normalmente, no obstante, no se inmiscuía en sus asuntos internos, y la ciudad podía promulgar sus propias leyes municipales. Además de aportar al ejército tropas auxiliares, como las liberai y las foederate, debían aportar también al tesoro mediante carga fiscal anual.

Dediticiae: conquistadas por la fuerza

Estas ciudades nativas opusieron resistencia a Roma, que acabó conquistándolas por la fuerza. La ciudad, si quedaba algo de ella, se rendía sin condiciones y su destino quedaba en manos de los conquistadores, que podían respetarlos, matarlos a todos o esclavizarlos.

Pero, como se indicaba al principio del artículo, los romanos también se establecieron ellos mismos en el territorio conquistado, normalmente en ciudades de nueva planta o, en pocos casos, en ciudades ya existentes. Había de dos tipos.

Coloniae: las pequeñas Roma

El Estado tenía como costumbre dar tierras a los licenciados del ejército o a los soldados que participaban en una conquista. Así, fundaban colonias para establecer a veteranos de guerra.

Maqueta de Emerita Augusta.

Estas estaban, normalmente, cerca de la frontera con pueblos no subyugados. Pero no tenían por qué ser siempre construcciones nuevas. A veces una localidad ya existente, por cuestiones estratégicas o, simplemente, de comodidad, recibía una gran masa de población ítalorromana y alcanzaba este estatus.

Estas ciudades eran pequeñas Roma en miniatura, por lo tanto funcionaban igual, con sus mismas instituciones (incluso senado) y su población tenía ciudadanía romana. Entre estas se encontraban Carthago Nova, Hispalis, Urso, Corduba, Barcino, Caesar Augusta, Emerita Augusta…

Municipia: colonias de estatus inferior

La colonia tenía un carácter militar, al menos en principio. En los municipios, sin embargo, predominaba el carácter civil. En realidad casi no se fundaban, sino que se elevaba el estatus de la villa ya existente. Aunque eran muy parecidas a las colonias, era de estatus inferior y sus ciudadanos se regían por el derecho latino, no por el romano.

El impresionante teatro de Emerita Augusta.

El derecho latino era una creación intermedia entre la ciudadanía y la extranjería, por decirlo de una forma simple. Se creó para las ciudades conquistadas que estaban muy cerca de Roma, las ciudades latinas, del Lacio. Por lo tanto, y grosso modo, los municipios eran ciudades que habían pasado de ser extranjeras a tener un alto estatus.

1 comentario en “Los diferentes tipos de ciudades romanas”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Ir arriba