La guerra es cruel, inhumana, sangrienta, dolorosa y patética. No obstante, desde siempre nos han insistido en la épica, la caballería y el honor de la victoria o de la valiente derrota. No hace falta más que echar un vistazo a cualquier guerra o batalla de cualquier país y época para ver que no hay nada que abunde más en la realidad de estas historias que el sinsentido.

Un ejemplo que me viene a la cabeza es la batalla de la fortaleza de Osowiec, durante la Primera Guerra Mundial. En ella, un ejército de 100 000 alemanes luchó contra 1000 rusos defensores. Los eslavos estaban en tan malas condiciones que incluso llegaron a ponerse trapos mojados con su propia orina como mascarilla para no oler los gases tóxicos con los que estaban siendo atacados. Desesperados, famélicos, envenenados, sedientos y en estado de pánico colectivo, salieron al ataque como último recurso, y su aspecto era tan lamentable que los alemanes salieron corriendo pensando que eran zombis.

Fortaleza de Osowiec, actualmente un museo en Polonia

Con las evidentes modificaciones y exageraciones que el tiempo aporta, hoy es una gran historia épica de valor y arrojo. Si quitamos los detalles desagradables, ¿quién no querría formar parte de tamaña gesta? Lo malo es que los detalles desagradables son los aplastantemente mayoritarios fuera de las historias. Y nunca se nos cuenta el detalle más evidente: hay que ser capaz de matar, que, imagino, es incluso peor que oler orina.

Todos los relatos épicos que nos llegan a nuestros oídos tienen un oscuro interés propagandístico (llamado normalmente patriotismo), al fin y al cabo, la lucha es para beneficio de la élite minoritaria que gobierna los países, cuyos hijos no suelen morir en el frente. La caída de Constantinopla, los últimos de Filipinas, las Termópilas… detrás del telón adornado y manoseado del relato oficial se esconden historias de penuria y patetismo. La locura de la guerra. Llama la atención cuánto hemos normalizado el dolor, la violencia y la muerte; tanto, que algunos todavía ven grandes empresas en determinados episodios de la historia poblados de crueldades, maltratos o desprecios.

Obviamente, como público, y sabiendo que todo esto sigue ocurriendo hoy día, nos es más sencillo aceptar estos relatos edulcorados que la realidad. Nos hace sentir menos mal; al fin y al cabo, ¿qué país o sociedad se libra de no haber cometido una matanza? Nadie quiere identificarse con ello, nadie quiere pensar que sus compatriotas, sus iguales, por lo tanto, quizá, un poco de ellos mismos, son capaces de tamaña brutalidad. Pero lo son, y la historia (y la actualidad) lo demuestra.

Uno de los 82 grabados de la serie Los desastres de la guerra, del genial artista español Francisco de Goya

Sin embargo, es innegable que estos pasajes han trascendido lo puramente militar y tienen una amplia repercusión en lo social. Las hazañas militares son una fuente fundamental de la inspiración artística en cualquier época de la humanidad, tal vez superadas solo por los instintos más básicos, como pueden ser el amor o el humor. Una de esas obras para la posteridad que no podrían haber existido sin la guerra (¿sería, pues, mejor que no existiera?) es la incomensurable Anábasis.

Anábasis: su lectura es mejor con un mapa al lado

El título de la obra es Anábasis, palabra que en griego clásico hacía referencia a un viaje desde la costa hacia el interior. Es, pues, el título que le dio Jenofonte debido al viaje en el que acompañaron a Ciro. De hecho, su título inicial era exactamente ese: Anábasis de Ciro.

El viaje que los soldados griegos deben hacer desde Cunaxa hasta el mar Negro es, más bien, una catábasis, es decir, un viaje del interior hacia la costa. Y, cuando llegan a la costa, una parábasis o viaje por la costa. El sentido del título original, por lo tanto, podría ser, en español: Viaje hacia el interior de Ciro.

Dado que este título solo hace referencia al libro I de los 7 en que se divide, pronto surgió el nombre alternativo Expedición de los 10 000, aunque en realidad partieron 12 000 soldados.

El autor, Jenofonte

No se sabe la fecha en que el autor escribió la obra, pero debe datarse entre el -385 y el -368. Entre sus líneas encontramos multitud de referencias geográficas, algunas de fácil interpretación y otras más complicadas. Se dice, de hecho, que es mejor leer el libro con un mapa a mano, porque la posición es algo fundamental a lo largo de toda la historia.

La Anábasis es un libro de historia de un valor incalculable. El estilo de reportero de guerra que adopta Jenofonte favorece el conocimiento de cuanto le rodea: la comida, bebida o costumbres persas, por ejemplo, vistas como extrañas y, claro, bárbaras por los griegos.

Contexto histórico de la Anábasis

Nos situamos en Grecia, después de la guerra del Peloponeso que enfrentó a Atenas y Esparta. Este conflicto dejó a la península helénica totalmente devastada e inició una gran crisis política, en la que el espacio jurídico de las polis se había mostrado un tanto caduco.

Atenas y Esparta no se enfrentaron entre ellas solas, sino con el apoyo de unas ciudades aliadas que, en la práctica, eran subordinadas. La debilidad en que quedaron todos fue tal que a Macedonia, un poco más tarde, no le costó casi nada hacerse con el control de todas ellas.

El mundo griego antes de la guerra del Peloponeso con sus alianzas (Wikipedia)

Durante esta guerra, debido a la gran carencia de soldados en las polis involucradas, se había hecho común el uso de mercenarios. Todos estos mercenarios se quedaron sin trabajo (relativamente) tras el fin del conflicto, y tuvieron que ir más allá de Grecia para buscarse la vida.

En esta situación tenemos que entender el trato entre Ciro el Joven, pretendiente al trono de Persia, y los 12 000 griegos en el -410. Ciro II había muerto y su hijo Artajerjes II heredó su trono. Ciro el Joven quiso rebelarse y en las ciudades de Jonia , griegas pero dependientes del emperador persa, consiguió reclutar a 12 000 mercenarios que estaban inactivos.

Los helenos tenían orígenes muy diversos: Tracia, Creta, Esparta, Arcadia, Siracusa, Beocia, Estínfalo, Tesalia… Al principio el príncipe persa les prometió que solo iban a sofocar un levantamiento de rebeldes, pero cuando se encontraban cerca del río Éufrates ya era evidente que les había mentido. No obstante, lo siguieron por la promesa de grandes recompensas.

El Imperio persa en el -490 con la ruta, en azul, que siguieron los 10 000 (Wikimedia).

En la batalla de Cunaxa, donde los ejércitos persas se enfrentaron, Ciro el Joven murió y los soldados griegos se quedaron solos rodeados de territorio hostil. A partir de ahí, se narra cómo avanzan hacia el mar Negro de regreso a casa lidiando con los enemigos, el hambre, la sed y los problemas internos.

El interés geográfico de la Anábasis

Entre las dificultades que encontramos para interpretar correctamente el escrito están, por ejemplo, las medidas del espacio. Los antiguos griegos medían las distancias largas en estadios. Lejos de ser una medida que nos facilite la comprensión cada polis tenía un concepto diferente.

35 estadios, por ejemplo, podían ser medidas diferentes en Tebas y en Esparta. En el libro se usa, además, la medida propia de la Persia de aquellos tiempos, la parasanga, pero no como las veía un nativo, sino a través de los ojos de un griego.

Parece que ser que esta unidad pudo ser una fracción de lo que un soldado de infantería era capaz de recorrer en un determinado tiempo. Según los diferentes estudios que se han realizado en épocas diversas, estaría entre los actuales 5,7 y 4,8 km.

La batalla de Cunaxa en una obra de Adrien Guignet (Museo del Louvre).

Libro I

La expedición marcha desde la ciudad de Sardes para atravesar Lidia hasta el río Meandro. En ese momento se describe que el cauce tiene dos pletros de ancho. Esta es otra unidad de medida persa equivalente a unos 30 m. Atravesaron Frigia hasta la ciudad de Colosas. Al más puro estilo corográfico, se nos hace una descripción de la urbe y su entorno natural y económico.

Para cruzar Cilicia se nos cuenta cómo tuvieron que sortear los diferentes pasos montañosos por un camino muy complejo y se nos describe un valle rico en flora y alimentos.

Las regiones de la antigua penínsul anatolia (Wikimedia)

Libro II

Empieza la verdadera hazaña de los griegos, tras la batalla de Cunaxa y tras enterarse de la muerte de Ciro en la contienda. Durante el inicio del camino al norte, Jenofonte nos narra los materiales de construcción de la zona, los frutos que se obtienen del campo, las plantas, la agricultura del lugar.

A estas bonitas descripciones, y como contraste, encontramos las angustiosas impresiones que cada emplazamiento le inspira. Recordemos que los griegos están constantemente temiendo un ataque de los persas.

Libro III

Somos testigos de la violación de la tregua que hasta ahora había imperado. Todos los generales griegos son asesinados a traición y Jenofonte se convierte en uno de los principales capitanes de la expedición.

Rápidamente, ordena continuar la marcha. Cuando llegan al río Tigris se encuentran con la antigua ciudad meda de Larisa, ahora abandonada, y se nos ofrece su descripción. Más tarde llegan a la ciudad de Mespila, tras caminar 6 parasangas. Los griegos aprovechan cualquier lugar para abastecerse y conseguir provisiones, que es uno de los principales problemas a los que se enfrentan en su periplo.

El río Tigris

En este momento se produce un encontronazo con el ejército persa, al que consiguen hacer huir al ganar una posición estratégica en la cima de un pico. Para desesperación de los helenos, los persas destruyeron todos los campos de cultivo en su huida.

En una maniobra incomprensible para sus enemigos, los griegos decidieron ir hacia atrás, hacia Babilonia, y de alguna forma conseguir provisiones.

Libro IV

Presenciamos otro ataque persa a los griegos que esta vez sí termina en una batalla. Al poco tiempo cruzaron el río Centrites y atravesaron la llanura de Armenia Occidental. Seguidos por los persas, llegaron a una aldea donde consiguieron aprovisionarse abundantemente.

Las condiciones climatológicas también son narradas como un elemento fundamental para la organización y estrategia de la marcha: lluvia, nieve, viento, calor…

El libro termina con los griegos, después de pasar varias penurias, camino de la ciudad de Trapezunte.

Libro V

En el libro quinto, antes de llegar a la región de Plafagonia, a orillas ya del mar Negro, se destacan algunas descripciones corográficas de los habitantes y lugares por los que pasan.

Libro VI

En el sexto libro, el destacamento embarca y llega a lo que hoy es Estambul para continuar el viaje a pie a través de Tracia, es decir, la costa desde la ciudad turca hasta Grecia.

Jenofonte se toma su tiempo para contarnos cómo son el puerto de Calpe y la orografía del lugar, sus montes terrosos hacia el interior y llenos de vegetación según se acercan al mar. También nos habla de la riqueza agrícola de la región, en la que se produce cebada, trigo, legumbres, sésamo, higos y viñas.

Campos de cultivo tracios

Libro VII

Los griegos hacen la guerra a los tracios. Al tratarse de época invernal, abundan las descripciones relacionadas con la climatología, viento, nieve, lluvias… y las étnicas, ya que a Jenofonte parece llamarle la atención las ropas de abrigo que usaban las gentes del lugar.

Unos datos muy reales fruto de la guerra

La Anábasis se nos presenta como un documento de incalculable valor para profesionales de varios campos: la geografía, la historia, la antropología, la literatura… Los datos que nos aporta Jenofonte son tan reales como la historia que vivió.

Una valiosísima historia épica fruto de la mayor locura humana: la guerra.

Fuentes: 

  • Jenofonte Anábasis Cátedra Letras Universales 1999 Madrid, edición y traducción de Carlos Varias
  • Cano Ricárdez, Teresita Información Geográfica en la Anábasis de Jenofonte 2015 Ciudad Universitaria D. F.

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