Vivimos en una época en que parece que lo único que justifica estudiar una carrera sea una mentalidad finalista y algo simplificada. Ingeniería para ser ingeniero, administración de empresas, para ser empresario; derecho para ser abogado, etc. Dentro de ese paradigma, las carreras humanísticas, con finalidades no tan manifiestas, quedan en una especie de limbo, a menudo minusvaloradas.

Pero lo cierto es que las titulaciones humanísticas son las que procuran un mayor entendimiento del mundo en que vivimos y de sus complicadas conexiones. Es ese precisamente el caso del estudio de la geografía e historia, que nos permiten obtener una visión transversal de un presente siempre condicionado por el medio y por la historia, en el que los comportamientos sociales tienden a ser complejos y estar alejados de planteamientos simplistas.

La introducción del estudio de la geografía y la historia

El estudio de la historia de los pueblos se remonta a muy antiguo. Arranca con el registro de anales y crónicas, que en muchas civilizaciones fue un oficio ligado a un cargo público.

En España, en el siglo XVIII, los cronistas oficiales castellanos y de Indias dieron paso a la fundación de la Real Academia de la Historia. Estas instituciones similares también se pusieron en marcha en otros países, como Francia o Reino Unido. La finalidad estaba siempre ligada a la preservación del testimonio histórico de los pueblos, para su mayor gloria.

Sede de la Real Academia de la Historia
Sede de la Real Academia de la Historia de España, en Madrid.

El estudio de la historia de un modo metodológico comenzó en el siglo XIX, fruto de la evolución de la historiografía en Europa occidental. La docencia de la historia en la enseñanza obligatoria fue una de las bases de la construcción nacional desde el siglo XIX. Ocurrió en un proceso simultáneo a la proliferación de las cátedras de historia en las universidades. Inicialmente se impartieron en las facultades de letras o Filosofía y Letras y con el tiempo emergieron las facultades de Geografía e Historia.

La geografía hunde también sus raíces en la antigüedad, con figuras como Claudio Ptolomeo a la cabeza, que sería redescubierto en el Renacimiento. Pero si nos referimos a la extensión del estudio de la geografía, tampoco se produciría hasta entrado el siglo XIX. Fue entonces cuando la disciplina se consolidó como parte fundamental del desarrollo de los estados nacionales.

De este modo, consiguió institucionalizarse en un gran número de universidades europeas, siendo reconocida incluso a finales del siglo XX, como una de las disciplinas más importantes para la educación básica de cualquier ciudadano. Como prueba de su relevancia, el papel que tendría en la construcción de conceptos como frontera, país o nacionalidad.

El papel de un grado en geografía e historia

A día de hoy, un grado en geografía e historia puede estudiarse de manera online y proporciona un conocimiento racional y crítico del pasado de la humanidad, con el fin de que el estudiante comprenda el presente y pueda hacerlo comprensible a los demás.

Solo de este modo será posible relacionar los acontecimientos y procesos del pasado con los del presente y establecer las pertinentes influencias entre ambos.

En este sentido, el conocimiento del espacio geográfico, el trasfondo en el que se desarrolla la historia, resulta de vital importancia para esta comprensión transversal del mundo. Lo mismo ocurre con el Arte, la plasmación gráfica de esa evolución histórica del hombre sobre la Tierra.

El grado de geografía e historia puede ser además el complemento perfecto de otra titulación o estudiarse a posteriori, una vez nos hemos dado cuenta de que para encontrar respuestas a problemas complejos es necesario sumergirse en un conocimiento profundo de la historia y el medio.

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