Si damos por buena la fecha de la fundación de Roma en el año -753 y consideramos que cayó en el año 476 (olvidaremos aquí que el Imperio bizantino era tan romano como el de Occidente), podemos concluir que existió un Estado romano durante 1229 años. Durante tan larga existencia pasó por épocas muy distintas, algunas de bonanza y otras de decadencia.

Son famosos sus momentos de máximo esplendor, pero son menos conocidas sus horas bajas. Quien se acerque a ellas empezará por la mayor de todas a las que se enfrentó: la llamada crisis del siglo III.

Fue larguísima, duró 50 años, entre los reinados de los emperadores Alejandro Severo (que murió en el 235) y la subida al trono de Diocleciano (284).

La civilización romana no fue en caída constante hasta su desaparición desde esta crisis, como algunos autores han indicado, pero sí que perdió un esplendor que nunca recuperaría.

La crisis política y económica que se narra en este artículo ha sido muy estudiada y hay opiniones de todo tipo al respecto. Lo que encontraréis a continuación es solo un resumen con los puntos más básicos.

La guardia pretoriana

La crisis política del siglo III

No se puede hablar de la crisis económica sin entender la política. Tras la finalización de la expansión del territorio con los emperadores Adriano y Trajano, el Estado se dedicó a defenderse. Los ejércitos se acumulaban en el limes y aumentaba constantemente el número de soldados.

Así, el poder militar ya no estaba en la ciudad de Roma, sino en las fronteras. Los ejércitos empezaron a nombrar emperadores, y se sucedieron las coronaciones y los asesinatos de gobernantes. Esto creó una enorme inestabilidad en todo el territorio.

Durante estos años el Imperio vivió dos escisiones: la del reino de Palmira, en el este, y la del Imperio galo, en el oeste.

El pago al ejército, un gasto enorme

Desde cierto punto de vista, una de las razones del inicio de esta situación es consecuencia del llamado efecto mariposa. El emperador Tiberio tenía un hombre de confianza, Sejano, al que dejó, de facto, el gobierno durante algunos años. Temeroso del poder que su capitán adquirió y tras enterarse de una posible conspiración, tras un tiempo decidió capturarlo y enviarlo a la cárcel.

Parece que Tiberio recompensó económicamente a la guardia pretoriana por la detención, un hecho que podría parecer insignificante, pero que tendría repercusiones de consideración.

A partir de entonces se hizo normal que los nuevos emperadores pagaran a la guardia pretoriana por su fidelidad, y este pago fue haciéndose cada vez mayor. En el siglo III, se había convertido, prácticamente, en un soborno a la totalidad de los mandos del ejército, y el ejército del siglo III era una cuarta parte mayor que el del siglo I. La cantidad de dinero que era necesaria suponía un gasto enorme.

La devaluación de la moneda

Para hacer frente a los enormes gastos del ejército y del aparato burocrático imperial, los césares solo tenían una forma de recaudación: los impuestos. Aun así, recaudar los impuestos de un territorio tan inmenso con unos métodos tan precarios era una misión complicadísima. Por ello, muchos emperadores decidieron devaluar la moneda.

Actualmente el valor de la divisa es fiat (dinero por decreto), es decir, vale lo que el país emisor dice que vale. Esto hace que las monedas puedan tener escaso valor material. Sin embargo, en la antigüedad este valor del dinero dependía de la proporción de metal precioso que incluyera.

Así, los emperadores rebajaron cada vez más la cantidad de oro y plata de las monedas en circulación. Con la misma cantidad de oro y plata se hacían muchas más monedas.

Denario romano

Pero estas monedas valían menos, lo que hacía aumentar la inflación y el poder adquisitivo de la gente menguaba. Así, pronto el propio pueblo romano perdió la confianza en su moneda y se generalizó el trueque o el pago en especies.

Así las cosas, el denario, la famosa divisa romana que llevaba siglos en circulación, dejó de existir durante esta crisis económica.

La caída del comercio

El comercio también se vio fuertemente afectado. La economía romana tenía una importante dependencia del comercio interior, tanto por vía marítima como por rutas terrestres. Tanto peso tenía y tan activo era el comercio romano, que cuando cayó no se recuperaron sus niveles hasta muchos siglos después.

La moneda era un factor determinante en todos estos movimientos, puesto que permitía transacciones más claras, sencillas y rápidas. Con las sucesivas devaluaciones, el comercio comenzó a resentirse y se redujo enormemente. Esto afectó también a las fábricas y la producción. La industria no podía colocar sus productos en el mercado.

Mapa de las calzadas romanas.

Además, el comercio no cayó solo por la devaluación de la moneda, sino que la larga crisis económica había favorecido la aparición de forajidos, salteadores y ladrones por todas partes.

Sin la seguridad que se había tenido anteriormente, los mercaderes dejaron de transitar las famosas vías romanas. Por tanto, no solo se redujo muchísimo el tráfico comercial, sino que el poco que quedaba, además, tenía, muchas veces, serios problemas para llegar a su destino.

Nacimiento de una sociedad prefeudal

En este ambiente, sin comercio y sin industria, las ciudades empezaron a perder cada vez más importancia. El gobierno imperial, además, dejó en manos de las ciudades sus defensas, ya que no contaba con los recursos necesarios para su protección.

Las clases altas, que poseían villas rurales, se mudaron al campo. La ingente mano de obra que no conseguía encontrar trabajo la siguió y se establecieron lazos entre los señores y los trabajadores de la finca.

El mundo romano se ruralizó, las ciudades comenzaron a despoblarse. Como los grandes terratenientes rurales no confiaban ya en el comercio, empezaron a producir todo lo que necesitaban y a crear economías locales autárquicas. Ahora eran colonos.

Villa romana de Almenara, Valladolid

Con puestos de colonos hereditarios dominando una gran cantidad de siervos que cultivan sus tierras y ciudades que necesitaban unas murallas hasta hacía poco tiempo impensables, la imagen que nos queda empieza a parecerse a la del posterior feudalismo medieval.

Estos colonos se conviertieron en el verdadero motor económico de Roma en adelante. Sin embargo, los terratenientes cada vez veían con peores ojos a un Estado que no les aportaba ya nada.

Recuperación y fin de la crisis

Aunque a partir del gobierno de Diocleciano el Imperio comenzó a recuperarse después de casi 50 años de crisis, nunca recuperó el esplendor que tuvo en sus mejores momentos.

La vida urbana y el comercio nunca volvieron a tener la misma vitalidad y el aislamiento de las provincias facilitó, cientos de años más tarde, la desmembración del Imperio romano.

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