Fernão do Pó, llamado en español Fernando Poo, fue un explorador portugués que vivió en el siglo XIV. En una de sus exploraciones llegó hasta una isla, frente a la costa guineana, que llevó su nombre hasta mediados del siglo XX. Es la actual isla de Bioko, donde se encuentra la capital de Guinea Ecuatorial, Malabo.

Los portugueses establecen la primera colonia

Fernando Poo buscaba una ruta hacia las Indias, empresa principal de la corona portuguesa durante el último siglo de la Edad Media. Él llamó a la isla Formosa en 1471, pero fue más conocida por su nombre.

Junto a la isla de Bioko, Portugal también colonizó las islas de Annobón (cuyo nombre es una deformación del portugués “Ano Bom”, “Año Bueno”) y Corisco. En ellas establecieron puestos comerciales de esclavos. Como curiosidad, en la isla de Annobón todavía se habla un criollo de base portuguesa.

Con la llegada de los portugueses, la población indígena descendió, según algunos datos, hasta el 80%. Algunos autores achacan esta gran mortandad a las enfermedades, mientras que otros la asocian a crímenes de guerra y al mal trato dado por los portugueses. Lo más probable es que ambas razones tengan mucho que ver.

Golfo de Guinea con sus diferentes islas

El primer acontecimiento relevante desde entonces fue la llegada de los holandeses. Países Bajos aprovechó la guerra que Portugal había comenzado contra España por su independencia para establecerse en varias islas del golfo de Guinea entre 1642 y 1648. Este último año los portugueses, ya independientes, volvieron y recuperaron sus colonias.

Durante la primera mitad del siglo XVIII, la isla prosperó con el tráfico de esclavos. Se convirtió en el principal distribuidor de Inglaterra, Francia y España.

La cesión de Guinea ecuatorial a España

Llegamos al último cuarto del siglo XVIII y, hasta ahora, ni una palabra de presencia española. Es ahora cuando, después de los tratados de El Pardo y San Ildefonso, Portugal cede las islas del golfo de Guinea a España a cambio de concesiones territoriales en América entre lo que ahora es la frontera entre Uruguay y Brasil y en el Amazonas.

Tratado entre España y Portugal (Wikipedia)

Además de las islas, la zona de la costa se conformó como un territorio de libre comercio. Con estos tratados, el rey Carlos III de España tenía la intención de participar del lucrativo comercio esclavista. El territorio pasaría a gobernarse desde el Virreinato de la Plata hasta la independencia de Argentina, país que demostró escaso interés en la región.

Presencia británica en Guinea

Sin embargo, un motín de los colonos contra el gobernardor, debido a la gran mortandad que las enfermedades estaban causando entre los españoles, provocó la huida de la isla de prácticamente todos los peninsulares hacia la cercana Santo Tomé, territorio portugués. Las islas quedaron prácticamente abandonadas por España y el Reino Unido aprovechó la oportunidad para instalarse.

España siguió, no obstante, participando del comercio de esclavos con la ayuda de los británicos que se habían asentado allí. Pero la presencia británica iba en aumento. Entre 1827 y 1840 fueron estableciéndose cada vez más colonos, y fue en este momento cuando se fundó la capital.

En 1841 el Reino Unido formalizó una propuesta de compra a España, pero la opinión pública y la cámara de comercio españolas veían con muy malos ojos esa venta, por lo tanto, se rechazó. A partir de entonces, se tomó en serio la colonización de la región.

Comienzos de la colonización española

Juan José Lerena y Barry llegó a la actual Malabo, llamada por los británicos Port Clarence, y la renombró Santa Isabel. Reclamó el territorio para España pero permitió que el gobernador británico mantuviera su cargo. José de Moros hizo lo mismo en Annobón. Los dos llegaron a acuerdos de protectorado con los reinos indígenas que quedaban.

Las grandes epidemias que azotaban las islas hacían que no fueran un destino muy atractivo para los españoles, por lo que la reina Isabel II tuvo que tomar cartas en el asunto. Pensando que los negros de Cuba resistirían mejor las enfermedades tropicales, propuso que, aquellos que así lo quisieran voluntariamente, podrían embarcar en La Habana con destino a las islas africanas. No hubo ni un solo voluntario. La reina obligó, entonces, a algo más de 200 a trasladarse. Además, convirtió la isla en presidio y mandó a convictos de España, Puerto Rico y Cuba.

Mil pesetas guineanas

A pesar de la fiebre amarilla y otras enfermedades, la población crecía en el último tercio del siglo XIX. La colonia no creció solo con negros y convictos de España y de sus colonias, también llegaron trabajadores de Liberia, Sierra Leona y otros países y colonias de África, que se establecieron y ayudaron a conformar la sociedad de las islas. Incluso recibieron a presos rebeldes filipinos.

No solo los negros y la clase obrera era de orígenes diversos. Entre los grandes terratenientes había británicos, portugueses, españoles o alemanes. Fue a finales del siglo XIX cuando se empezó a masificar la plantación del cacao, traída a la isla por William Pratt, originario de Sierra Leona.

La Guinea Continental Española, en el bello mapa de López Rubio de 1942, indicando las escuelas, misiones, hospitales, puestos militares, ferrocarriles, carreteras, fauna, flora…

La presencia española causó, durante todo el siglo XIX, múltiples conflictos entre los habitantes nativos, divididos en varias facciones, a favor o en contra de la presencia europea. Tras múltiples enfrentamientos, en 1937 los españoles encarcelaron al último rey nativo, Malabo (nombre de la actual capital).

El siglo XX

Para comienzos del siglo XX, la presencia española no se reducía a las islas, sino que ya tocaba suelo del continente africano. Algunos exploradores, como Manuel Iradier y Bulfy, ya se habían adentrado en la zona conocida como Río Muni y firmado acuerdos de protección con varios jefes locales. En 1903 se crearía una sola colonia con todos los territorios.

En 1900 se firmó el tratado de París entre Francia y España para delimitar la zona de influencia en el Sáhara y en Guinea. España pedía 300 000 km cuadrados de tierras continentales, pero acabó consiguiendo tan solo 26 000. Esto supuso una auténtica humillación para el país. Tanto, que Pedro Gover y Tovar, uno de los encargados del acuerdo, se suicidó de camino de España.

Reparto de África, en el que se aprecia la escasa influencia española

La colonia atrajo a numerosos terratenientes españoles, que entraron en conflicto con los descendientes de los británicos, llamados fernandinos (Fernando Poo), propietarios de grandes eras. Además, faltaba, como siempre, mano de obra, por lo que se trajo a alrededor de 15 000 trabajadores de Liberia. Por esos años, el control español del Río Muni iba aumentando paulatinamente.

En 1926 se unieron todos los territorios, continentales e insulares, y se refundó la colonia con el nombre de Guinea Española. Esta se mantuvo fiel a la República durante el alzamiento militar de Franco, pero al poco se pasó al bando golpista.

En 1959, en plena dictadura, se organizó la colonia como si fuera un territorio español provincial, y se dividió en dos provincias: Fernando Poo y Río Muni. Pero, a la vez, comenzaron a surgir los primeros movimientos independentistas. Curiosamente, y aunque es bien sabido que el dictador no tenía muy buena opinión de la democracia, permitió que en las provincias africanas se celebraran elecciones, incluso se legalizaron partidos políticos y se concedió la autonomía. El primer y único presidente de la autonomía de Guinea Ecuatorial fue Bonifacio Ondó Edu.

Primer vuelo de Iberia entre la península y la colonia africana

La entrada de España en la ONU supuso el principio del fin de la colonia. Las presiones internacionales y de las Naciones Unidas hicieron que Franco, que siempre se había mostrado más benévolo (dentro de lo que fue) con sus territorios africanos que españoles, convocara un segundo referéndum (el primero fue para la autonomía) de verdad en Guinea Ecuatorial (en España hacía referéndums que eran auténticas farsas).

Independencia de Guinea Ecuatorial

El 22 de septiembre de 1968 se celebraron las primeras elecciones de Guinea Ecuatorial como país independiente, que resultaron en un gobierno encabezado por Francisco Macías Nguema.

A partir de ese momento, la historia del país ha sido conflictiva. Macías, admirador de Hitler, instauró una dictadura muy sangrienta de corte comunista (sí, admirador de Hitler e instauró una dictadura de izquierda) desde 1970 hasta 1979. Es una pena que nunca escribiera un libro con su curiosa ideología política. Estuvo varias veces en España para recibir tratamiento médico, y un psiquiatra lo catalogó como maníaco-depresivo, paranoico y esquizoide.

Teodoro Obiang lideró un golpe de estado para derrocar a Macías, pero no parece que el remedio fuera mejor que el problema: en el poder desde 1979 hasta la actualidad, este dictador está acusado de torturar a presos políticos y cometer continuas violaciones de los derechos humanos.

2 COMENTARIOS

  1. A mi, realmente, no me sorprende lo de admirador de Hitler pero comunista.

    Hitler estaba más próximo a planteamientos “izquierdistas” que a dictaduras derechistas “a la Pinochet, aunque él odiara a los comunistas. Si en muchos de sus discursos uno cambia “raza” “pueblo alemán” “reich” por “clase” “obreros” “revolución”, podrían ser de Stalin.

    Lo que sí que me sorprende es ser negro (o como se diga, no voy a decir afroamericano, claro) y ser admirador de Hitler.

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