Se les puede considerar un pueblo sin tierra, empezando por el hecho de que el Estado en el que tradicionalmente ha vivido, Myanmar, no los reconoce como ciudadanos. En uno de los últimos ejemplos de apartheid, los rohingya, de religión mayoritariamente musulmana, han sufrido décadas de persecuciones en la antigua Birmania, donde la religión dominante es el budismo.

De hecho, el gobierno de Myanmar se ha negado durante mucho tiempo a reconocer sus reivindicaciones. Ha afirmado en varias ocasiones que los rohingya no son nativos del país sino “inmigrantes ilegales” del vecino Bangladesh. Y les ha silenciado sistemáticamente.

Los rohingya no están reconocidos en la Ley birmana como una minoría étnica, ni como una de sus ocho razas indígenas nacionales. Además tienen restringida la libertad de movimientos y el acceso a la educación o al trabajo público, entre otras privaciones.

El origen del pueblo rohingya

Los rohingya se concentran en el actual Estado Rakaín (Rakhine), una región costera de Birmania, correspondiente al antiguo estado de Arakán, donde siempre han estado históricamente asentados. Defienden que son un grupo indígena de Myanmar occidental con una herencia de cerca de 1.000 años e influencia de los árabes, mogoles y portugueses.

Presencia de los rohingya en la región de Rakhine antes de la crisis humanitaria de 2017.
Presencia de los rohingya en la región de Rakhine antes de la crisis humanitaria de 2017. Fuente: Wikipedia.

La influencia árabe en Arakán

Debido a su situación geográfica, con costa en el Golfo de Bengala, Arakán era un punto clave para el comercio marítimo. Los árabes habían estado en contacto con esta zona desde el siglo I, hasta el punto que un itinerario septentrional de la ruta de la seda habría pasado por esta zona para conectar India, Birmania y China.

Posteriormente, hacia el siglo IX, los árabes navegaban con frecuencia la zona costera de Arakán. Aquí es donde los rohingyas sitúan su origen. Por aquel entonces numerosos habitantes locales se habrían convertido al Islam. Además, los mercaderes árabes se casaron con mujeres locales para establecerse posteriormente en Arakán.

Así, los actuales rohingyas descenderían de estas tempranas poblaciones musulmanas. También en el siglo IX comenzaron a llegar a estas zonas los rakhines procedentes de la zona central de lo que hoy constituye Birmania. Ellos se convertirían en la etnia dominante en la zona.

Una zona multicultural y próspera

Durante los siglos posteriores, las relaciones con el Sultanato de Bengala serían constantes, llegando en algunos momentos a controlar la zona. No obstante, el Sultanato mantuvo a los reyes de Arakán, que aunque budistas, conservaban también títulos musulmanes.

Arakán era por entonces una zona multicultural y próspera, donde convivían rohingyas y rakhines. En el siglo XVII se sumarían los asentamientos portugueses.

Asentamiento portugués en Arakán, en el siglo XVII.
Asentamiento portugués en Arakán, en el siglo XVII.

El dominio birmano de Arakán tendría lugar ya a finales del siglo XVIII y la posterior colonización británica, en el siglo XIX. Bajo el dominio británico, Arakán se situó dentro la India Británica, concretamente en la presidencia de Bengala, la más grande de la colonia.

Una vez consumada la independencia de Birmania, en 1948, la comunidad rohingya fue reconocida como una nacionalidad indígena de Birmania y llegó incluso a contar con representación política.

Pero la situación cambió radicalmente cuando la junta militar birmana tomó el control del país en 1962. Desde entonces han sido sistemáticamente privados de sus derechos políticos.

De hecho, desde la visión de aislar a los rohingya, el gobierno birmano cambió el nombre de Arakán en los años 90 a Rakaín. Lo hizo para enfatizar el dominio de la mayoría étnica rakhine.

La última crisis de refugiados rohingya

La zona ha sido recientemente un foco de conflicto entre el estado birmano, los nacionalistas de etnia rakhine y los rohingya. Las recientes operaciones militares del ejército birmano contra los rohingya han sido el último desgraciado capítulo que ha forzado a este pueblo a un nuevo éxodo masivo.

Madre e hijo Rohingya
Madre e hijo Rohingya. Fuente: ACNUR.

Se calcula que antes de la crisis de refugiados que arrancó en agosto 2017 y que se prolonga a día de hoy había cerca de un millón de rohingya en Myanmar. Más de 600.000 han tenido que refugiarse en el vecino Bangladesh, un país que ya de por sí tiene una presión demográfica muy notable.

La ONU ha llegado a calificar estas operaciones militares del ejército birmano como “una limpieza étnica de libro”. Hay quien, como el Primer Ministro de Malasia, ha llegado a calificar la situación de “genocidio”.  Todo ello ha llevado a la comunidad internacional a poner entredicho el gobierno del que forma parte la Nobel de la Paz Aung San Suu Kyi.

Privados de la ciudadanía y por lo tanto de sus derechos básicos, el sufrimiento de los rohingya ha sido agravado por el gobierno de Myanmar, que ha utilizado a los militares para intimidarlos violentamente y obligarlos a salir de sus tierras.

Cox’s Bazar, un campo de refugiados convertido en ciudad

Los rohingya han tenido que huir en gran medida a Bangladesh. Muchos de ellos han terminado en Cox’s Bazar, una ciudad costera de este país, la más cercana al este de Birmania. Allí se encuentran campos de refugiados como el de Kutupalong, que es considerado el campo de refugiados más grande del mundo y ha adquirido unas dimensiones colosales.

Campo de refugiados de Kutupalong
Campo de refugiados de Kutupalong. Fuente: ACNUR.

Entre tanto, Bangladesh continúa la construcción de una “isla flotante” en la que planea recolocar a 100.000 refugiados rohingya procedentes de Birmania. Se trata de una plataforma anexa a la isla deshabitada de Bashan Char, cuyo uso actual se destina al pasto del ganado.

Este proyecto ha sido fuertemente criticado por las organizaciones humanitarias, dadas las condiciones en que se plantea, que solo sumará más sufrimiento a un pueblo profundamente desatendido y olvidado.

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