Vino y geografía mantienen una relación muy estrecha. No en vano, el territorio es el que aporta la personalidad a los mejores caldos. De este modo, la misma variedad puede presentar carcaterísticas muy difentes en función de donde se plante.

Es el caso de la Tempranillo, la uva noble de España por excelencia. No será la misma la que se plante en Rioja, con un clima mecido por el Valle del Ebro, que la de Ribera del Duero. La primera se dejará influir por una geografía en la que conviven las influencias atlánticas y continentales, en una tierra en la que los climas prácticamente chocan y se dan la cara.

Viñedos en Briñas, DO Rioja.
Viñedos en Briñas, DO Rioja. Fuente: Wikipedia.

La segunda, la Tinta del País, como se conoce a la Tempranillo en Ribera de Duero tendrá un carácter más recio, fruto de un clima más severo y extremo. Y eso por no hablar de la Tinta de Toro, prima hermana de la Tempranillo.

Nacida en la meseta zamorana a unas alturas considerables, en su mayor parte a más de 700 metros, encierra una personalidad forjada en la defensa de una climatología hostil. Porque el vino sabe sufrir.

Pero si bajamos más al sur, la misma tempranillo es conocida en Valdepeñas como cencibel. Y cómo no, también está adaptada al clima. La variedad puede en definitiva ser la misma, pero lo determinante y lo que da el perfil de un vino va a ser el suelo y el clima.

España guarda una diversidad geográfica y climática como pocos países en el mundo. Esto se traduce en una variedad notabilísima en el mundo del vino. Las latitudes españolas son idóneas para el cultivo de la vid.

Pero es el cambio de las condiciones como el relieve, el suelo o la climatología entre unas zonas y otras el que hace del español un vino de contrastes. Analizamos la importancia de la geografía en el vino a través de tres de las denominaciones más características de nuestro país.

Una particular geografía: el territorio de la licorella 

El Priorat, en la comarca homónima de Tarragona, cuenta con una característica geografía. Por dos motivos: su relativo aislamiento respecto de la influencia del mar y la protección que ofrece la sierra de Montsant a los vientos fríos del norte.

Esto le confiere unas condiciones climáticas muy peculiares. marcadas especialmente por las notables oscilaciones térmicas entre el día y la noche. Aquí, la viña se cultiva en costers de pendientes tan pronunciadas que llevan, en algunos casos, a construir terrazas.

Viñedo en terrazas en el Priorat.
Viñedo en terrazas en el Priorat. DO Priorat.

Es el territorio de la llicorella, que pasa súbitamente de las montañas con suaves cumbres a unas laderas con pendientes impracticables. Unos terrenos relativamente ácidos, con un bajo contenido de materia orgánica, formados mayoritariamente por pizarras.

Reciben el nombre de llicorelles, unas piedras planas y quebradizas de color oscuro entre las que penetran las raíces de las cepas en búsqueda del agua y los nutrientes. A estos suelos se les atribuye una de las principales virtudes de los vinos del Priorat.

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La dureza de la geografía de Toro

Si nos vamos a la denominación zamorana de Toro, la geografía marca de manera distintiva sus vinos. En primer lugar por el suelo, que es bastante arenoso. Hay dos tipos de suelo: terciarios, de arena, y cuaternarios, de arena con cantos rodados. Este tipo de suelo es el que permite que se hayan conservados viñedos de más de 110 años.

El clima por aquí es semidesértico, con precipitaciones entre 300 y 450 litros por metro cuadrado anuales. Está calificado como semiárido. Las plantas se ven forzadas de este modo a profundizar y las raíces tienen que ser muy profundas para buscar el sustrato de agua. Eso confiere a los vinos de Toro, sin duda, unas características muy especiales.

Vista de zona de Toro.
Vista de la zona de Toro, con el Duero en el medio.

 

Toro cuenta con 2.500 horas de insolación de media, lo que hace posible una perfecta maduración de la uva. En el caso de Toro no hay ningún problema con las insolaciones.

Por otro lado, el 60% del viñedo en Toro está por encima de 700 metros. Concretamente, en Toro, el total del viñedo está en cotas de entre 620 y 840 metros. Todas estos condicionantes geográficos sin duda definen a uno de los vinos más característicos de nuestro país.

El Jerez, “al sur del sur”

El Jerez es un vino único, que presenta “mil caras”. Y en Jerez, también es fundamental la tierra, el clima y la situación geográfica para entender sus vinos. Jerez está ubicado en un enclave muy especial. La DO se ubica en un triángulo conformado por tres ciudades: el Puerto de Santa María, Sanlúcar de Barrameda y Jerez.

Además está rodeada por dos ríos, el gran río de Andalucía, que es el Guadalquivir, y el Guadalete. Todo eso al sur del sur, entre el Océano Atlántico y el Mar Mediterráneo, con dos vientos claramente dominantes, el viento de Levante y el de Poniente.

Viñedo de Jerez, con la albariza en primer plano. Foto: DO Vinos de Jerez.
Viñedo de Jerez, con la albariza en primer plano. Foto: DO Vinos de Jerez.

El viento de Levante en esta zona se presenta cálido, incluso tórrido. Cruza Andalucía y llega a Jerez caliente en verano. Con él se acelera todo el proceso de maduración y evapora mucho agua de la uva y del terreno.

El viento de Poniente en cambio es el viento de las borrascas del Atlántico, húmedo y fresco. De este modo, el dominio de un viento u otro marca en Jerez el año climatológico y el comienzo, inicio y calidad de la vendimia.

La de Jerez es una zona cálida, en la que es difícil que haga frío y bajar de los 4 ó 5 grados en invierno. Supera algunas veces los 40º en verano. Pero no llueve poco. Tiene una sierra a su espalda, la de Grazalema, que encajona las borrascas atlánticas.

Viñedo de Jerez
Viñedo de Jerez. Foto: DO Vinos de Jerez.

La pluviometría media está entorno a los 620 l/m2, pero está muy mal repartida. Llueve mucho en otoño, poco en invierno, algo en primavera y nada en verano. De ahí la importancia de la albariza, la tierra característica de Jerez que actúa como una esponja.

Es capaz de coger esa lluvia de otoño y meterla a entre 4 a 7 metros de profundidad, secar por arriba con una capa blanca, retener esa agua y ofrecérsela en verano a los viñedos.

Todas estas características geográficas son las que, en Jerez, como en cualquier zona vinícola dan lugar a unas uvas u otras, unas variedades u otras. La geografía marca de manera indefectible el carácter del vino, le da forma, lo condiciona.

Porque la geografía está sin duda detrás del territorio. Y es en ella donde hay que encontrar las respuestas que esconde también el vino.

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