El mapa de España en el Trienio Liberal

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Este artículo forma parte de la serie “La organización territorial de la península ibérica y España“. Artículo anterior: La organización territorial en la España del XIX: las Cortes de Cádiz.

Fernando VII, el por entonces Deseado, que había pasado la Guerra de Independencia Española retenido en Francia. A su vuelta a España rechazó jurar la Constitución española de 1812. Restaurado en el trono, como rey absoluto comenzó una dura represión de los liberales. Eran muy numerosos en el ejército e intentaron una serie de pronunciamientos militares fracasados entre 1816 y 1820.

El 1 de enero de 1820 se produce la sublevación o pronunciamiento del coronel Rafael de Riego, en Las Cabezas de San Juan (Sevilla). Apoyado por otros oficiales como Antonio Quiroga proclamó la Constitución. Esperó a recibir apoyos del resto del ejército y de las ciudades más importantes.

Las tropas de Riego fueron avanzando por Andalucía sin decidirse a emprender una marcha clara en dirección a Madrid. Encontraron poco apoyo y la intentona parecía que iba a terminar con el mismo fracaso que sus predecesoras.

Revolución de 1820 en España
Revolución de 1820 en España

A comienzos de marzo, mientras se iban dispersando las tropas de Riego, estalló una insurrección liberal en Galicia. Se expandió por todo el país en lo que se convirtió en una verdadera revolución. Una muchedumbre rodeó el Palacio Real de Madrid el día 7 de marzo.

Fernando VII, viéndose acorralado, esa misma noche firmó un decreto por el que se sometía a la voluntad general del pueblo. Tres días más tarde juró finalmente la Constitución de Cádiz. Allí  incluyó la famosa frase: “Marchemos francamente, y yo el primero, por la senda constitucional”. Poco tardaría en arrepentirse.

La España de Bauzá y Larramendi

Restablecida la Constitución en 1820 el Gobierno liberal encarga a dos técnicos, Joaquín Bauzá (que ya había promovido un proyecto de provincialización en 1913) y José Agustín de Larramendi, el estudio de la división provincial, que ya había sido frustrada varias veces.

Además, el Ejecutivo encarga a Larramendi la mejora de la red de comunicaciones y a Bauzá la formación del mapa de España. En este sentido, se pretendía elaborar un mapa general de la península, pues hasta entonces las fuentes cartográficas eran limitadas. Esa era la base para establecer la división provincial.

La tarea de la nueva división ocupó desde junio de 1820 a marzo de 1821. Durante el transcurso de esos nueve meses, el estado de las divisiones se fue filtrando. Esto provocó reacciones opuestas.

En especial en aquellas ciudades que se veían desprovistas de la capitalidad, a quienes se aceptó escuchar. De este modo, la división fue en cierta medida participativa. Además, Bauzá y Larramendi tomaron nota de anteriores propuestas.

En lo que a los datos de población respecta, se trabajó con los recuentos realizados en el periodo 1817-1819. La población se calculaba en 11,7 millones de habitantes, un millón más que los registrados en el censo de 1797, base de las anteriores propuestas de división administrativa.

47 provincias más Canarias

En marzo de 1821 se anuncia en las Cortes la presentación del proyecto de división provincial, que constaba de 47 provincias más Canarias. Todas las provincias tenían igualdad jurídica, es decir, eran independientes entre sí. También se acompañaba una división judicial y militar.

El proyecto de Bauzá y Larramendi de 1821 poco tiene que ver con el proyecto del mismo Bauzá de 1812. Cambia el número de provincias, su organización jerárquica, los límites y es mucho más preciso en su descripción, con las capitales y el cálculo de la población.

Propuesta de Bauzá-Larramendi de 1821
Propuesta de Bauzá-Larramendi de 1821

Cinco nuevas provincias: Calatayud, Albacete, Gerona, Logroño y Valverde del Camino

De este modo, se crean cinco nuevas provincias: Albacete (mitad manchega, mitad murciana), Calatayud, Gerona, Logroño y Valverde del Camino. Se unifican los tres territorios vascos. Se conservan las provincias de Ávila, Guadalajara (con capital en Brihuega) y Zamora. Sólo se suprime Palencia de las provincias constitucionales de 1812 -en vigor entonces-.

Écija y Talavera de la Reina se quedan sin provincia

Se abandona la propuesta de provincias en Écija y de Talavera de la Reina. Se cambia la delegación subalterna de Astorga por una provincia en Ponferrada. También cambia el perfil de Soria para ajustarla a la cuenca alta del Duero, desplazando la capitalidad a El Burgo de Osma, sede episcopal que ocupaba una posición más céntrica en la nueva delimitación.

Modificación de capitales de provincia

Por otro lado se modifican, aunque sin alterar las provincias, las siguientes capitales: La Coruña por Santiago de Compostela, Pontevedra por Tuy, Baza por Guadix y Castellón de la Plana por Segorbe. Se favorece a Mérida por Badajoz, buscando en todas las provincias una posición más central para la capital.

Estas modificaciones buscan equilibrar todas las provincias en población y extensión: los extremos de población se señalan sobre 100.000 y 350.000 habitantes. En población y superficie la variación es de las menores de entre todos los proyectos de división provincial que se han desarrollado.

Otro gran criterio era el de respetar, en gran medida, los límites tradicionales de los reinos. Las áreas que pasaban de un reino a otro eran por lo general, escasas y pequeñas. En estos casos se justifica por configuración de relieve, sino por criterios funcionales (proximidad, accesibilidad y vinculación comercial) y por razones socioeconómicas.

Cambios comarcales dentro de las provincias

Algunos cambios son, por ejemplo, la vega baja del Segura pasa de Valencia a Murcia, Valdeorras de Galicia a Ponferrada, la Rioja alavesa pasa a Logroño y el Rincón de Ademuz de Valencia a Teruel.

También hace un uso extensivo de límites orográficos, el 30% del total, el mayor porcentaje de todas las divisiones del s XIX. Hay muchas provincias que se delimitan casi en totalidad por barreras orográficas. Es el caso de El Bierzo, El Burgo de Osma, Calatayud o La Rioja, que vendrían a ser provincias-cuenca.

También aparece la divisoria entre Tajo y Guadiana en Extremadura. Otros límites orográficos también eran ya tradicionales (Granada-Málaga, Asturias-León). Por su parte, los tramos fluviales, tan usados por Bauzá, pasan a representar, en cambio, no más del 10%. Entre ellos, dos usados por Lanz: el Navia entre Lugo y Asturias, y el Ulla como límite sur de La Coruña.

El de Bauzá y Larramendi es un proyecto de división provincial equilibrado, razonable y que ejecuta de manera adecuada la tradición y la modernidad. Fue el resultado del buen conocimiento de la realidad geográfica del país con que contaban Bauzá y sobre todo, Larramendi.

La tramitación del proyecto en las Cortes de 1822

La comisión parlamentaria constituida para abordar la división provincial contó con reclamaciones que llegaron desde todos los puntos, así como de la opinión de los propios diputados de las Cortes.

Se pretendía así perfeccionar el plan, limando asperezas y puntos conflictivos. La Comisión envía el proyecto a las Cortes en 1821, y su debate se prolonga desde septiembre de 1821 a enero de 1822.

Hacia las 51 provincias

Un buen número de peticiones fueron asumidas por la Comisión. De este modo, hubo importantes revisiones en la división en Castilla, Cataluña, León, Valencia y Provincias Vascongadas, tal que se aumentaron las provincias de 48 a 51.

Así queda el proyecto de Bauzá y Larramendi tras pasar por las cortes
Así queda el proyecto de Bauzá y Larramendi tras pasar por las cortes

Así, en Castilla se reimplanta la provincia de Palencia, al estilo tradicional, y se devuelve la capitalidad a Soria. Las provincias de Álava y Guipúzcoa se unían, segregándose Vizcaya de ellas tal como prefería esa Diputación.

En Cataluña, los diputados catalanes proponían suprimir la provincia de Seo de Urgel y sustituirla por otra vertebrada por el río Segre, con capital en Lérida -al estilo de su propuesta de 1820-.

En capitalidades, se conserva la tradicional de Guadalajara, y se prefiere Villafranca del Bierzo a Ponferrada; Huelva a Valverde del Camino o a Moguer, Almería a Baza -lo que provoca un nuevo deslinde de estas provincias-, y Chinchilla a Albacete. Como capital canaria se propuso La Laguna.

Sobre la denominación, se propusieron nombres genéricos para las demarcaciones, que si bien era correcto para algunas (Asturias, La Rioja, Mancha Alta, Extremadura Alta, Navarra), resultaba equívoco en otras (Cataluña se aplicaba sólo a la provincia de Barcelona, Castilla a Burgos, Aragón a Zaragoza, y Guipúzcoa a la provincia con capital en Vitoria.

Un trazado menos innovador

La comisión introdujo modificaciones de los límites hasta el último momento, intentando satisfacer a los diputados. El resultado fue un trazado menos innovador que el original de Bauzá y Larramendi, donde se observa un aumento en los límites tradicionales (casi un 40%), en parte por la reaparición de la provincia de Palencia y las tres vascas por separado.

Las divisorias de aguas contaban con un porcentaje importante (25% de las divisiones), ya que fue el criterio prioritario allí donde hubo que rehacer los límites, como es el caso de Cataluña -donde se contó con una especial colaboración entre la Diputación y los parlamentarios catalanes-, Granada con Almería, o Játiva con Alicante.

Las Cortes aprueban el proyecto

En enero de 1822 las Cortes aprueban el Decreto. Un primer problema fue la correcta delimitación de las provincias, la interpretación de los límites señalados en el decreto.

Todavía se seguía usando la ya por entonces anticuada cartografía de Tomás López, que adolecía de una localización errónea de muchas localidades, ausencia de otras, a lo que se unían contradicciones y errores por la sucesiva reelaboración de los límites. Esto obligó a pactar los deslindes entre Diputaciones.

Mapa de España y Portugal de Tomás López
Mapa de España y Portugal de Tomás López (1804)

Sin oposición provincialista

Esta división provincial no encontró oposición provincialista, pues no se encuentra una gran oposición a la fragmentación de los grandes reinos, ni desde los grupos políticos -salvo una minoría- ni por las Diputaciones. Tan sólo las antiguas capitales de estos reinos se muestran reacias, por la posible pérdida de influencia y de recursos económicos: había recelos en Barcelona, Granada, Santiago o Sevilla.

Al contrario, la identificación de las nuevas capitales con el proyecto fue total. Se veía la nueva provincialización como una oportunidad para mejorar servicios e infraestructuras. También para dinamizar la economía y conseguir una representación política para la defensa de los intereses locales. En resumen, aumentaban el número de órganos encargados de fomentar el progreso y la prosperidad.

El proyecto no pudo llevarse a cabo

El proyecto no pudo llevarse a cabo por la insurrección absolutista de julio de 1822, y finalmente, por la invasión de los Cien mil hijos de San Luis en abril de 1823. En octubre de 1823, Fernando VII declaraba nulos y de ningún valor todos los actos del Gobierno durante el llamado Trienio Liberal, volviendo a regir la vieja división de intendencias.

*Siguiente artículo de la serie: La organización territorial en la España del XIX: el absolutismo reformista.

5 COMENTARIOS

  1. Como siempre, muy interesante. Puse la liga al trienio liberal en mi página de FB, Historia de México y el mundo que lo rodea, como en otras ocasiones. Espero que muchos de mis alumnos consulten su interesante texto.

    Hablando de otra cosa, para la siguiente edición de islas de peatones, le comunico que la de Holbox en México es peatonal. Busqué algo que lo dijera, pero creo que a nuestros promotores de turismo aún les falta mucho para dar información básica. Que digan que las calles de arena permanecen intactas no es suficiente para que uno entienda que es peatonal. Saludos con admiración y respeto, como siempre

    • Muchas gracias Luz María, apuntado queda el caso de la Isla de Holbox, de la que voy a indagar más.

      Un abrazo,
      Gonzalo

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