Comenzamos una serie destinada a analizar la evolución de la organización territorial de la península Ibérica en general y de España en particular a lo largo de la historia.

Iniciamos el recorrido en la etapa prerromana y lo terminaremos con el Estado actual de las Autonomías. Como siempre, en este recorrido echaremos mano de los mapas.

La península Ibérica fue ocupada en origen por pueblos de distintas procedencias que no llevaron a cabo ninguna división administrativa.

No se trataba por tanto de una organización territorial, sino de una serie de pueblos asentados en diferentes territorios, sin una organización del territorio específica ni diferencial.

Los pueblos Ibéricos o pueblo Ibérico

Por ello, siendo rigurosos, debe utilizarse el nombre de “pueblos ibéricos” y no de “pueblo ibérico”, ya que nunca constituyeron una unidad política o una entidad socialmente organizada.

Pueblos prerromanos de la Península Ibérica

La historiografía tradicional ha identificado a los pueblos indígenas prerromanos de la península ibérica con las categorías “iberos y celtas“. Aunque obsoleta en cuanto a determinados extremos que se han demostrado erróneos, la clasificación sigue teniendo validez genérica.

Organización en tribus de las sociedades ibéricas

Las sociedades ibéricas se organizaban en tribus agrupadas en torno a familias poderosas lideradas por un régulo, príncipe o jefe militar. Junto a la aristocracia militar y propietaria, convivían campesinos y artesanos vinculados a ésta por lazos de dependencia económica.

Los celtas se establecen en el centro y norte de la península procedentes de centroeuropa hacia el 1200 a.C. Lo hacen como clanes guerreros organizados gentiliciamente. Existía entre ellos una fuerte jerarquización social y económica en torno a la función militar.

Distribución del territorio peninsular entre los principales pueblos y grupos de pueblos citados en las fuentes clásicas.
Distribución del territorio peninsular entre los principales pueblos y grupos de pueblos citados en las fuentes clásicas.Funete: Wikipedia.

El mapa anterior muestra la distribución del territorio peninsular entre los principales pueblos y grupos de pueblos citados en las fuentes clásicas. A grandes rasgos, sigue un criterio étnico-lingüístico.

En naranja, los pueblos “preindoeuropeos-iberos”, a los que hay que añadir, en azul claro, la zona turdetana. Estos dos pueblos son los que mayor contacto tendrían con los pueblos colonizadores.

La zona centro, oeste y sur aparece diferenciada entre los pueblos “indoeuropeos-celtas” (en color claro), los pueblos “indoeuropeos-preceltas” (en color rosado) y los pueblos “aquitanos o protovascos”, que son lingüísicamente preindoeuropeos, como los iberos, mientras que culturalmente son más similares a los de la zona septentrional.

La clasificación de Baroja

Con objetivos pedagógicos, Julio Caro Baroja clasificó a todos estos pueblos en áreas culturales atendiendo a su ubicación geográfica y características sociales y económicas.

Por un lado estarían los pueblos del norte (cántabros, vascones, astures, galaicos…), que practicaban una economía más rudimentaria (cultivo y recolección). En parte estaba condicionada por clima y geografía. Su aislamiento sería decisivo en la tardía romanización de estos pueblos.

Por otro lado se situarían los pueblos de la meseta central (celtíberos, carpetanos y oretanos del este, vetones al oeste), que practicaban una economía basada en la agricultura y la ganadería, con asentamientos de mayor consideración y un incipiente urbanismo.

Pueblos colonizadores de la Península Ibérica

Durante el I milenio a. C. se produjo un intenso contacto, especialmente en el este y sur peninsular, entre los pueblos “autóctonos” y los colonizadores históricos provenientes del Mediterráneo oriental. Se trató fundamentalmente de fenicios, griegos y cartagineses.

Los fenicios y la cultura tartésica

El primer pueblo mediterráneo en aparecer en la península fueron los fenicios. Lo hicieron hacia el S. VIII a.C. Con su llegada introdujeron técnicas metalúrgicas y de alfarería que contribuyeron al surgimiento de la cultura tartésica.

La zona de influencia de la cultura tartésica
La zona de influencia de la cultura tartésica

Tartessos fue un reino del suroeste peninsular surgido de la síntesis de las culturas autóctonas y la de los colonizadores mediterráneos (griegos y fenicios). Su riqueza estaba en el control de los yacimientos minerales y su auge se produjo en el S. VII y parte del VI a.C., hasta que los cartagineses arrasaron los asentamientos urbanos de Tartessos.

Griegos y cartagineses en la Península

Durante el S. VI a.c., los foceos (jonios de Asia menor, griegos) fundaron colonias en el norte del mediterráneo occidental (en la zona de Ampurias). Posteriormente, los cartagineses comenzaron su expansión por la península fundando diversas colonias.

Ni la colonización griega ni la fenicia trasladaron a la península sus instituciones político-administrativas ni su ordenamiento jurídico. Se limitaban a fundar factorías con fines económicos y reclutar mercenarios.

Desde el S. III a.c. aparecen ya en la Península Ibérica los grandes poblados u “oppida” con cierto grado de desarrollo urbanístico. Son evidentes ya signos de intercambio o fusión entre las culturas ibérica y celta, hasta el punto de que el mundo grecolatino acuñó el término “celtíbero”.

Próximo post de la serie: La organización territorial de la península Ibérica en tiempo de los romanos. Este artículo forma parte de la serie “La organización territorial de la península ibérica y España“.

* Para saber más: este artículo sobre la España prerromana.

6 COMENTARIOS

    • Hola Jésica,

      Málaga para los fenicios era Malaka, lo que he podido encontrar sobre el código del aeropuerto es este artículo, que igual te aclara alguna duda.

      Muchas gracias por tu comentario,

      Gonzalo

      Gonzalo

  1. La geografía de la península ibérica es centrifuga: el norte durante siglos comerció con la Gran Bretaña, el levante tenia relación con Italia. Portugal siempre miro hacia el atlántico, y Andalucía con África.

    Era mas fácil llevar toneladas de mercancías a la costa de enfrente que subir un par de kilos por los caminos de montaña.

    Solo cuando ha existido una administración potente para mantener los caminos en buen estado y seguros en un país tan montañoso como este (época romana y avanzado el reinado de los Austria) es cuando ha habido algo de comercio y organizacion….

    No intentemos imitar a paises planos y sin mar, esto es otra cosa.

Dejar una respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here