Aún recuerdo aquellos días de verano en los que cogíamos ostras del fondo del Mar Menor. Era sencillo. Con unas gafas de snorkel no muy lejos de la orilla mirábamos al fondo e intuíamos lo que podría ser una ostra. Entonces cogíamos aire y buceábamos hasta el fondo. Cogíamos la ostra, la metíamos en una bolsa, salíamos a la superficie y expulsábamos el aire que se había metido en el tubo de las gafas de buceo. Así unas cuantas veces hasta conseguir, si las cosas se daban bien, lo más parecido a una ración.

Pero un buen día mi tío sugirió que podían no ser muy sanas esas ostras. Que el agua podía estar contaminada. Desde ese día ya no hubo más ostras del Mar Menor en la mesa. Eran los días en los que el agua aún estaba lo suficientemente cristalina para ver el fondo del mar, en la que gente de toda España y del resto de Europa buscaba en este agua una experiencia única.

Nos lamentábamos del paraíso que podía haber sido esa costa sin las torres descontroladas que en su día se construyeron. Pero podíamos todavía bañarnos en un agua clara, sin casi medusas. Hoy nada es igual.

Vista aérea del Mar Menor y el Campo de Cartagena
Vista aérea del Mar Menor y el Campo de Cartagena.

El Mar Menor es la albufera o laguna litoral europea de mayor extensión. Está separada del “Mar Mayor”, como se denomina al Mediterráneo en esta zona, por La Manga del Mar Menor, una franja de arena de 22 kilómetros de longitud y de entre 100 y 1.200 metros de ancho, dependiendo del punto.

Hace unos días las lluvias torrenciales llegaron con fuerza a Murcia. La Región registró uno de los episodios más importantes que se recuerdan de precipitaciones generalizadas y continuadas de carácter muy persistente. Como suele pasar en estos casos, las más importantes de las que se tienen registros en las series históricas, con datos desde 1945.

Las lluvias cayeron -también- en las orillas del Mar Menor, provocando grandes inundaciones en localidades como Los Alcázares. Inundaciones que hicieron necesaria la actuación de la Unidad Militar de Emergencias (la UME). Pero los militares ya se han ido. Y a día de hoy caminar por los Alcázares es como hacerlo por un lugar desolado, arrasado por el barro. Los restos de la catástrofe son visibles en todas partes.

Aspecto que presenta la plaza Consistorial de Los Alcázares tras las inundaciones
Aspecto que presenta la plaza Consistorial de Los Alcázares tras las inundaciones

Los agravantes de las riadas en el Mar Menor

A juicio del geógrafo Pedro García, director de la Asociación de Naturalistas del Sureste (ANSE), hay dos factores fundamentales que aumentan en general el efecto negativo de las riadas en el Mar Menor. Uno es “la ocupación urbanística de zonas de inundación”. Ocurre en Los Alcázares y en muchas otras zonas del litoral.

“Las lluvias que en la zona tienen desde hace miles de años ese carácter de torrencialidad, ocasionalmente provocan desbordamientos y anegan grandes superficies, muchas construcciones y urbanizaciones en el Mar Menor que están ocupando zonas de inundación”, señala el director de ANSE en una entrevista a Geografía Infinita.

Pero por otra parte, a su juicio, también influye “la transformación agrícola del Campo de Cartagena e incluso el trazado de algunas infraestructuras a lo largo de los últimos 20 o 30 años”.

La agricultura y la construcción intensivas caracterizan a la Ribera interior del Mar Menor
La agricultura y la construcción intensivas caracterizan a la Ribera interior del Mar Menor.

Según explica, estas circunstancias “han contribuido enormemente a que las consecuencias de las riadas sean mucho mayores porque hay mucha más superficie sin vegetación natural o porque la disposición de los cultivos en la época previa de lluvias facilita la escorrentía, lo que contribuye a ampliar el efecto negativo”.

En esos arrastres también llegan al Mar Menor materiales que antes no lo hacían en ese volumen, como “los nitratos y gran cantidad de abonos, insecticidas y pesticidas utilizados en la agricultura”.

“Las riadas siempre han arrastrado sedimentos desde hace miles de años”, explica García. “Lo que pasa es que esos arrastres se han visto favorecidos en algunas zonas que han sido roturadas y en las que se están llevando a cabo prácticas agrícolas que facilitan un mayor aporte de sedimento”. Entre ellas señala la eliminación de los sistemas de terrazas existentes en la agricultura de secano al transformarla en regadío y el cultivar en el sentido de la pendiente.

Por todo ello, siendo algo habitual desde hace miles de años, los arrastres se han incrementado por el tipo de agricultura que se ha puesto en marcha en las últimas décadas. Todo ello lleva a García a afirmar que “la agricultura intensiva del campo de Cartagena, en la forma en que se practica, hace que lleguen una mayor cantidad de sedimentos que contienen además una mayor cantidad de nitratos y de otros elementos”. Dinamita para el Mar Menor.

Una zona con alto riesgo de inundación

El Plan de Cuenca del Segura y el Protocolo de Prevención y Protección en esta zona sitúan a la planicie del Campo de Cartagena y su vertiente al Mar Menor como una de las zonas más expuestas a las inundaciones de su cuenca. Concretamente, la probabilidad de que haya una inundación en el municipio de Los Alcázares es de cinco años. En total, en el ámbito del Mar Menor hay 47 kilómetros de cauces con un riesgo muy alto y extremo de inundaciones.

Aspecto que presenta el Puerto de los Alcázares tras las riadas
Aspecto que presenta el Paseo Marítimo de los Alcázares tras las riadas, con las playas casi desaparecidas y el agua de color marrón.

A juicio del decano del Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos de Murcia, Manuel Jodar, “el aumento de la construcción y el posible estrechamiento y cambio de cauce de las ramblas ha producido que los efectos de las inundaciones hayan sido más perjudiciales sobre muchas más viviendas, en las zonas situadas en los márgenes de los cauces”. Pero, a su entender, ”el origen está en que las lluvias que se han producido han sido excepcionales en cuanto a su cantidad y duración”.

Según explica Jodar en declaraciones a esta web, “en la historia de la Región de Murcia hay registros de inundaciones desde el año 1.143. Las inundaciones en la región se producen con cierta frecuencia debido a que las escasas precipitaciones que se producen, se concentran en periodos de tiempo muy cortos”. En este sentido destaca que “en éstas últimas lluvias, en algunos puntos se ha concentrado la lluvia de casi todo un año”.

Imagen tomada el día de las inundaciones en Los Alcázares.
Imagen tomada el día de las inundaciones en Los Alcázares.

Jodar pone el ejemplo de la localidad de San Javier donde se han registrado en 48 horas 227 l/m2, cuando la lluvia promedio anual es de 320 l/m2: “en dos días ha caído el 70% de la lluvia de un año”.

“El urbanismo no ha considerado las zonas de inundabilidad”, reconoce Jodar, a lo que se suma que nos encontramos con “una zona muy llana y con un cauce muy pequeño para las ramblas, que se pueden encauzar mucho más”. Pero insiste en la excepcionalidad de las lluvias, como factor determinante.

Lo cierto es que a día de hoy, tras esas lluvias torrenciales, las playas de esta zona del Mar Menor están prácticamente desaparecidas. Unas playas que en su día fueron ampliadas ganando terreno al mar y que han vuelto a ser agua por efecto de la naturaleza que parece quiera volver a reivindicar su sitio en esta zona.

El agua bajaba en forma de lodazal por las ramblas. No era sólo agua de lluvia, era más bien tierra removida con agua. Puro lodo, vamos. Lodo que ha acabado en el Mar Menor.

Un secano convertido en regadío

El Campo de Cartagena fue toda la vida una zona de secano. Hoy lo es de regadío. Y es una de las zonas de regadío con una agricultura más intensiva de Europa. ¿Por qué? Una de las causas hay que buscarla en el trasvase del Tajo-Segura.

Ese trasvase que tanta riqueza ha generado en la Región creó un vergel de lo que en su día se parecía más a un desierto. Una buena idea a priori. Sobre todo para la economía de la zona. Pero llevar la contraria a la naturaleza a veces tiene sus consecuencias.

Vista aérea del Campo de Cartagena
Vista aérea del Campo de Cartagena. Foto: Paisajes españoles.

El trasvase Tajo-Segura ha sido esencial en el paso de una agricultura tradicional de secano, a una agricultura intensiva de regadío. La llegada de estas aguas procedentes del centro de la Península se produjo a partir del año 1978. Tuvo lugar con un ritmo muy irregular hasta el año 1995, cuando las aportaciones aumentaron considerablemente.

Según Jodar, “los caudales que efectivamente han llegado a Murcia han sido el 50% de los que estaban previstos inicialmente”. Esto ha provocado, a su juicio, que los regadíos que están basados en el trasvase “hayan tenido que buscar otras fuentes de suministro como son el agua de los pozos, cuya agua hay que tratarla con plantas desalobradoras”.

En su día, explica, el Estado realizó unas obras de drenaje de estas plantas cuya salmuera debería ser llevada a una planta desaladora en San Pedro del Pinatar y que no quedaron concluidas. A juicio del decano del Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos de Murcia deben realizarse obras para conseguir el “vertido cero”.

El Trasvase Tajo Segura tiene un caudal máximo anual de 600 hectómetros cúbicos, de los cuales unos 150 son para consumo doméstico y siempre se han trasvasado y el resto (unos 450) para la agricultura, que se han proporcionado de forma muy variable. El Trasvase “se ha politizado, se trataban de reducir los envíos y la gente vive de eso y se tiene que buscar el agua”, explica Jodar.

Vista del Mar Menor desde el paseo marítimo de Los Alcázares
Vista del Mar Menor desde el paseo marítimo de Los Alcázares.

Jodar defiende el trasvase como una de las infraestructuras más importantes de la Región de Murcia, “posiblemente la que más ha contribuido a crear riqueza y empleo en la economía de la provincia a lo largo de sus 40 años de existencia”. En este sentido explica que “la principal industria de la región, la agricultura para la exportación, tiene un importante apoyo en esta infraestructura”.

A su entender “tanto el trasvase como la agricultura y el turismo son perfectamente compatibles con un Mar Menor en equilibrio como ecosistema y con perfectas condiciones en su calidad de las aguas, siempre que se hagan las actuaciones necesarias”.

Residuos de una agricultura intensiva

La sed del Campo de Cartagena parecía imparable en el nuevo escenario de la industria agroalimentaria de regadío. Y bien por incumplimiento de las cuotas de Trasvase, bien porque no fueron posibles más obras similares por aquella tensión política que paralizó el del Ebro, llegó el boom de las desalobradoras de los pozos. Con ellas su residuo, la salmuera, que acaba también en el castigado Mar Menor.

Vertido ilegal de salmuera al Mar Menor. ANSE.

Con esta suma, trasvase y desalobradoras, y según calificación de García, la del Campo de Cartagena “es un tipo de agricultura súper intensiva, con entre cuatro y cinco cosechas al año de media”. “La intensificación es muy alta, se va a seguir aportando agua y lo lógico es pensar que el aporte subterráneo sea bastante importante”.

Para poner cara a esa intensificación el director de ANSE pone un ejemplo: “este año en algunas zonas del Mar Menor se está cultivando cebada que es algo que aquí no ha ocurrido nunca. En un territorio como este, el cultivo de cereales con regadío -caso de la cebada- es impensable”.

Vista del Campo de Cartagena desde Columbares
Vista del Campo de Cartagena desde Columbares. Wikipedia.

La agricultura intensiva implantada en la zona provoca importantes residuos y gran parte van a parar al Mar Menor. Esto produce un incremento de aporte de nutrientes y productos fitosanitarios a la laguna.

Todos estos nutrientes generan un proceso conocido como eutrofización, un aumento drástico de la población de microalgas en la laguna, algunas de las cuales liberan toxinas. Lo hacen gracias al abundante alimento que les supone el nitrato amónico utilizado como fertilizante en el Campo y que acaba vertiéndose al mar.

Esas algas enturbian el agua. La tiñen e impiden que la luz del sol la traspase y llegue al fondo de un mar. Los vertidos que provienen de la actividad agrícola de regadío intensivo con sus herbicidas, fertilizantes y fungicidas llegan a la laguna a través de los drenajes de las ramblas que desembocan en ella.

Lo hacen principalmente por la rambla del Albujón. Con desembocadura en Los Alcázares, recolecta gran parte de las aguas de escorrentía del Campo de Cartagena, concretamente cerca del 70%.

Vista aérea del trazado actual de la Rambla del Albujón.
Vista aérea del trazado actual de la Rambla del Albujón.

En su día era una rambla, pero con el cambio en la configuración del territorio del Campo de Cartagena, en la actualidad mantiene un flujo regular de agua. Un flujo de agua sobrante con elementos químicos que constantemente llega al mar. Y la causa no es otra que los radicales cambios en las prácticas agrícolas.

Pero esos nitratos se filtran también a través del subsuelo. Y aunque hay una discrepancia muy grande entre investigadores y hay quienes aseguran que no llegan nitratos a través de las aguas subterráneas, un reciente estudio del Instituto Geológico y Minero de España lo fija en hasta 68 hectómetros al año, lo que supone un 13% del volumen total de la laguna. La cantidad es muy superior a la que llega en superficie, sobre todo por la Rambla del Albujón.

De este modo, el aumento de la superficie de regadío ha generado un notable aumento de la entrada de nitrógeno y fósforo de origen agrícola al Mar Menor en las últimas décadas.

Un reciente estudio realizado por los profesores de la Universidad de Murcia Ángel Pérez Ruzafa y Concepción Marcos Diego alertaba de que “todas las fuentes analizadas contienen concentraciones de nitratos y fósforo extremadamente elevadas”. “Los valores son 50 veces más altos que los medidos en el año 2010 en el caso de los nitratos, y de ocho veces más en el fósforo”.

La minería y la pesca

Por si no fuéramos pocos… ¿quién se acuerda de las minas? Las Minas de La Unión. Sí, las del cante flamenco. Y las de la contaminación. Unas minas que llevan cerradas 50 años. Pero las lluvias no entienden de cierres. Cuando caen arrastran todos esos minerales tóxicos. Y bajan por su vertiente, la que previo paso por el Campo de Cartagena acaba… en el Mar Menor.

A juicio de García, sigue siendo un problema, pero “no tanto por lo que llega, sino por lo que hay acumulado, tanto en superficie como bajo las aguas”. Según explica “hay superficies muy grandes, como por ejemplo la desembocadura de las ramblas que llegan a Lo Poyo que todavía tienen enormes extensiones de terreno con residuos mineros que son levantados por el viento cuando los sedimentos se secan y el viento aprieta con cierta fuerza”.

Vista de una de las costas de La Perdiguera con una espesa espuma en la orilla
Vista de una de las costas de la isla La Perdiguera con una espesa espuma en la orilla.

Además, según García, parte de los sedimentos que hay en el fondo marino “son filtrados por la fauna”. “Por ejemplo hay algunas especies de bivalvos que acumulan niveles de contaminación que son suficientes como para estar por encima de los límites que algunos organismos internacionales recomiendan para permitir el consumo humano”.

La pesca en el mar menor también ha cambiado en los últimos años. “Se ha producido un aumento muy notable de la captura de dorada y en cierta medida de Lubina que muy probablemente se asocie de los escapes de la granja de acuicultura situada al otro lado de La Manga”, explica García.

Pero hay especies como el Mújol que era mucho más abundante y han disminuido de manera radical. Hay otras como la anguila cuya captura ha disminuido notablemente. No se sabe cómo podría estar afectando el aumento de la turbidez y la desaparición de una parte muy importante de la vegetación submarina, ya que, según García “falta información”.

Las lluvias torrenciales y el fango depositado por las últimas inundaciones han llevado a los pescadores de la Cofradía de San Pedro del Pinatar, que faenan en prácticamente todas las aguas del Mar Menor, a pronosticar que con la turbidez del agua actual este año “no habrá crías de peces”.

¿Dirá adiós el turismo?

Las primeras transformaciones del Mar Menor y su ecosistema se tuvieron lugar en los años 70 con el dragado de la gola de El Estacio, para permitir el tránsito de embarcaciones hacia el Mediterráneo. Ese cambio redujo la salinidad de la laguna y que se suavizaran las temperaturas extremas del verano y el invierno.

Mapa del Mar Menor de 1963, con correcciones hasta 1989
Mapa del Mar Menor de 1963, con correcciones hasta 1989

Después fue llegando cada vez más un turismo masivo al que se unió una agricultura intensiva. Si a eso sumamos los estragos de la minería de principios de siglo XX en la zona, todas estas circunstancias convergen en un Mar Menor degradado, que cada vez se parece más a una ciénaga más que a un ecosistema único en Europa.

Ahora las autoridades empiezan a ver las orejas al lobo. En un Mar Menor sucio, poco apto –cuando menos- para un baño placentero, el turismo podría ir diciendo adiós. Quizá sea tarde para tomar cartas en el asunto. La tensión entre distintas actividades económicas se está cobrando la vida del Mar Menor.

Primero fue el turismo intensivo el que lo degradó. Después la agricultura intensiva. Y cuando los dos se han expandido, el mar lo ha pagado. ¿Podrá revivir el Mar Menor? Aún tengo guardadas mis gafas de snorkel. Ojalá algún día pueda volver a usarlas para ver el fondo.

Continuará…

1 COMENTARIO

  1. Una pena realmente, que lugares tan bonitos como este “Mar Menor” de Ustedes, muera por no haber entendido a tiempo que a la naturaleza hay que alterarla lo menos posible, por no decir que nada, para que todo siga funcionando como miles de años atrás, pero el afán de riquezas y el progreso económico, desgraciadamente arruinan todo, suerte con la remediación de este lugar único, y que el autor de esta nota pueda seguir buscando ostras.

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