“Niebla en el Canal, el continente aislado”. La frase fue hace años titular en The Daily Mail. Y de un menor o mayor modo, así ha sido desde que se separaran las tierras que unían Dover con Calais hace unos 8.500 años. Por mucho túnel y mucha unión, Reino Unido siempre ha querido tener su posición peculiar respecto a la Europa continental, hoy agrupada en la Unión Europea (UE). Esta vez han ido más allá.

Con la salida de Reino Unido de la Unión Europea, que se consumará en 2019, acabará una relación familiar que nunca fue fácil. De Gaulle se opuso a la entrada de Reino Unido a Europa pensando que sería un “caballo de troya” anglosajón. Finalmente se unió ya en 1973. Pero cuando se aceptó su entrada, las Islas siempre preservaron al máximo su autonomía apostando por el doble juego de tener voz y voto en ese círculo familiar, pero una escasa implicación en él.

El Big Ben está a punto de ver otro Reino Unido.
El Big Ben está a punto de ver otro Reino Unido.

De hecho, Reino Unido siempre ha sido partidario de una unión política débil en la UE y nunca formando parte plenamente de la política económica común (como es sabido, nunca entraron en el euro).

Con el ánimo de ofrecer elementos de reflexión desde un punto de vista geopolítico sobre este acontecimiento histórico, se exponen a continuación algunas de las posibles causas de esta separación, así como una serie de consecuencias que la salida de Reino Unido puede tener para el propio Estado así como para la Unión Europea. Es el humilde análisis de Geografía infinita.

Tierra adentro: el Brexit en Reino Unido

El enemigo: “Europa nos roba”

Siempre hay un enemigo y Europa es el enemigo en muchas ocasiones en política interna. Europa manda, Europa ordena. Gran parte de la legislación que hoy se aplica en los países de la Unión bebe de las directivas que dicta la UE, decididas por los países que la conforman.

Legislativamente el poder de Europa es cada vez más grande y eso genera el recelo de los nacionalismos de estrechas miras. En el caso de los enemigos de la Unión dentro de Reino Unido (la mayoría de los votantes, el 51,9%, 17,4 millones de personas), el odio a la Unión Europea se ha inoculado prometiendo el dorado con una mayor soberanía.

Los frentes que se abren para Reino Unido en política interna

Sin duda, la política interior de Reino Unido puede verse muy condicionada por el Brexit. Escocia y el Ulster han votado mayoritariamente por quedarse en la Unión Europea, por poner dos ejemplos.

Escocia puede pedir paradójicamente un nuevo referéndum -la UE no veía con buenos ojos una independencia en la anterior votación escocesa-. El país buscará de nuevo la independencia con las miras en una futura adhesión como aliciente añadido.

¿Británicos o escoceses? Fuente: Wikipedia.
¿Británicos o escoceses? Fuente: Wikipedia.

“¿Si Reino Unido ha podido votar sobre su futuro, por qué no nosotros?”, podrían pensar algunos escoceses. El sentimiento de separación puede emerger, especialmente en un escenario en el que las cosas se den mal para la economía británica, por ejemplo con un descenso de la inversión.

Por su parte, el Ulster puede ver en su incorporación a Irlanda la solución a los virtuales problemas que pueda generar la separación de la UE. La incorporación a Irlanda sería la vía de entrada para poder integrar el dentro de muy poco ‘club de los 26’.

El choque generacional: los mayores decidiendo el futuro de los jóvenes

Decía Churchill que un político pasa a ser un estadista cuando deja de pensar en elecciones y comienza a hacerlo en las siguientes generaciones. Lo cierto es que la generación que vivirá el futuro de Reino Unido tiene que construir su “nuevo” país en función de una decisión (la de salir de la Unión) tomada mayoritariamente por las generaciones de mayor edad.

Según una encuesta realizada por el portal ‘Yougov’, tres de cada cuatro jóvenes de entre 18 y 24 años preferían quedarse dentro de la UE. El 56% de los que cuentan con entre 25 y 49 años se han decantado también por la opción europeísta. En el lado opuesto las generaciones mayores. El 56% de los mayores de 50 y menores de 65 han preferido marcharse mientras que los que cuentan con más de 65 años han pensado en un 61% que lo mejor para sus nietos es tenerles fuera de la UE.

Reparto del voto a favor de permanenecia en la UE (rojo) o de la salida (azul). La variable horizontal muestra la edad del votante y la vertical el reparto del % de voto de cada color
Reparto del voto a favor de permanenecia en la UE (azul) o de la salida (rojo). La variable horizontal muestra la edad del votante y la vertical el reparto del % de voto de cada color. Fuente: Yougov y Político.

La demografía ha supuesto un factor de vital importancia en el sentido del voto de este referendum. Un país moderadamente envejecido, como es el caso de Reino Unido, ha decidido en sus segmentos de población más mayores que la opción de la salida debía de ganar.

La geografía: un ‘No’ con olor a campiña inglesa

Si se observa el mapa del reparto de los votos a favor de la permanenecia en Europa (en amarillo) y del abandono de la Unión (en azul), se puede apreciar cómo los distritos (‘constituencies’) de Escocia y gran parte de los de Irlanda del Norte (sur) han votado a favor de la permanencia. Lo mismo ocurre en gran parte de los distritos londinenses y buena parte de Gales. Podría afirmarse que la victoria del ‘no’ es una victoria de la campiña inglesa.

 

Mapa del reparto del voto por distitos (constituencies) del 'Abandonar' (Leave) Europa, en azul, y el 'permanencer' en ella, Remain. Fuente: BBC.
Mapa del reparto del voto por distritos (constituencies) del ‘abandonar’ (Leave) Europa, en azul, y el ‘permanencer’ en ella (Remain), en amarillo. Fuente: BBC.

Concretamente, en Londres, el 60% de la población ha votado mayoritariamente a favor de la permanencia en la Unión Europea. La multicultural e inclusiva capital británica, sede de la City -centro financiero del país- se ha mostrado a favor de Europa. Pero no han pensado lo mismo una mayoría de británicos.

El dinero: UE, primer destino de las exportaciones de Reino Unido

Si atendemos a los números del comercio internacional de Reino Unido, con datos de 2014, el 53% de sus exportaciones fueron a parar a la UE, mientras que el 47% restante acabó fuera de las fronteras comunitarias. De ese porcentaje de exportaciones “exteriores”, Estados Unidos se lleva el 11%, seguido a distancia por China, con algo más de un 5%.

La ruptura con Europa tendrá previsiblemente asociada la firma de un nuevo tratado comercial en condiciones se supone peores para Reino Unido que negocia en inferioridad por tamaño de sus economías. De este modo, exportar les saldrá considerablemente más caro a los británicos que ya de por sí cuentan con una balanza comercial negativa.

Al otro lado del Canal: el Brexit para la Unión Europea

El dinero: un posible aumento de la inversión

La salida del Reino Unido de la UE podría provocar un aumento de la inversión directa extranjera en otros países de la Unión, como la República de Irlanda. Sería la gran oportunidad de este país, donde ya tienen algunas de sus sedes en Europa gigantes de la talla de Google.

Puede ser la gran oportunidad de Irlanda
Puede ser la gran oportunidad de Irlanda

El impuesto de sociedades irlandés del 12,5%, uno de los más bajos de Europa, ha resultado clave en las últimas décadas para atraer a multinacionales a la isla, donde radican además de grandes empresas del sector de la informática y del farmacéutico. ¿Qué ocurriría si pasara lo mismo con otros sectores que vieran mayores ventajas al mercado común que su permanenecia en Reino Unido?

La pregunta está en el aire, pero parece claro que el mercado común presenta ventajas para las multinacionales que podrían impulsar la inversión en países claramente europeístas, en detrimento de países más centrados en sí mismos.

La política: una oportunidad para una mayor unión

O se está o no se está, pero no valen las medias tintas. El mensaje lo llevan tiempo lanzando los líderes políticos europeos. Quizá haya llegado el momento de caminar con paso firme hacia una mayor unión política en el seno de la UE. “Nuestra casa necesitaba reformas”, explicaba hoy mismo Mateo Renzi, el primer ministro italiano. Esas reformas pueden hacer la casa más estable o pueden acabar derruyéndola.

Parlamento Europeo en su sede de Estrasburgo (Francia). Fuente: Wikipedia
Parlamento Europeo en su sede de Estrasburgo (Francia). Fuente: Wikipedia

No obstante, parece obvio que una conmoción como la salida de la Unión Europea de Reino Unido puede ser el detonante que obligue a estabilizar los cimientos de esa casa, la europea, en la que millones de personas se sienten cómodas.

Este divorcio puede ser sin duda la gran oportunidad de quitar el freno y pisar el acelerador para avanzar hacia una Unión más firme, sentida y verdadera. El gran salto hacia adelante que necesita la UE puede fraguarse si los países que la componen, sus políticos y sus pueblos saben estar a la altura de los retos mayúsculos a los que se enfrentan.

La sociedad: una reivindicación de los valores europeos

En línea con lo anterior, la sociedad puede unirse más y poner en valor más si cabe los valores que conforman el sentimiento europeo. No por oposición, sino por exaltación de la unión.

Estudiantes de beca Erasmus. Fuente.
Estudiantes de beca Erasmus. Fuente.

Quizá sea una buena oportunidad para darse cuenta de que son más las cosas que nos unen que las que nos separan, así como para asumir que estar juntos en un mundo como el actual cobra todo su sentido. Puede ser un buen momento para animar a la solidaridad entre los pueblos y su unión.

Radicalización: auge de los extremismos

Paralelamente, parece claro que se está produciendo a nivel europeo y a nivel global una radicalización de las posiciones políticas. Tras tiempos de crisis económica y de cierta estabilidad política llegan vientos tendentes al “cambio” vestidos de mil y una formas.

Marine Le Pen ene l parlamento europeo. Fuente: Wikipedia.
Marine Le Pen en el parlamento europeo. Fuente: Wikipedia.

Todos ellas con una cierta querencia por los mensajes populistas y simplones en un sentido o en otro. Así, somos testigos del auge de movimientos de extrema izquierda y de extrema derecha. Con aroma a sistemas ya superados, estos extremos ‘2.0’ se presentan sin duda como una amenaza para la Unión.

¿Sabrá Europa salir de esta?

4 COMENTARIOS

    • Muchas gracias Luz María por compartir. Me alegro de que te haya resultado interesante. Esa es la idea, que tengamos unas cuantas perspectivas para juzgar un momento tan histórico como este.

      Saludos,

      Gonzalo

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