Sólo estuve un par de veces en el madrileño Café Berlín. Creo que fue suficiente para poder contar que allí se respiraba el aire que desprenden los sitios con solera. Uno de las pocos espacios aún reservados al jazz en la ciudad, el Berlín, mutaba en una relajada sala de baile conforme avanzaba la madrugada.

Café Berlín
El Café Berlín de Jacometrezzo.

Con 40 años de historia a sus espaldas y tras haber pasado sus baches, el Café Berlín estaba de nuevo lleno de vida. Hasta que llegaron los indios con la chequera. Los nuevos dueños, la familia Mohinani, desembolsaron lo suficiente para comprar todo el inmueble donde se ubicaba el local (estaba en la entreplanta de la calle Jacometrezo 4) y los dos bloques contiguos (el 6 y el 8).

Los tres edificios pertenecían a la misma familia, los Alonso Barceló. Sin duda, los Mohinani, con una fortuna forjada en el textil, adquirían un emplazamiento inmejorable. A apenas unos metros de la Plaza de Callao y la Gran Vía. El Berlín ha vuelto a abrir en otro local cercano. Expulsado pero no derrotado.

Lo cierto es que esta venta ejemplifica bien una de las consecuencias que ejerce el capital y el exceso de demanda en las grandes ciudades. Así, los centros urbanos son el terreno perfecto para que el dinero campe a sus anchas. La economía de mercado encuentra en estos núcleos urbanos un suelo perfectamente abonado para la especulación.

La del Berlín no es la única. Otra venta muy sonada fue la de uno de los inmuebles más emblemáticos de Madrid, el Edificio España, que ocupa todo un lateral de la plaza del mismo nombre. Inaugurado en 1953, con sus 117 metros fue en aquel momento la torre más alta de la capital. Nadie sabía qué hacer con él hasta que llegó un pez gordo conocido como ‘Wanda’.

El edificio España
El edificio España

Wang Jianlin, dueño de Wanda Group, quería primero tirar el edificio para posteriormente reconstruirlo, algo a lo que el Ayuntamiento se negó. Ahora Ayuntamiento y Wanda parecen haber acordado que el proyecto siga para adelante de manera que el Edificio España pase a ser una suma de hotel, apartamentos de lujo y centro comercial. En este caso, el que todavía, más de medio siglo después, sigue siendo el octavo edificio más alto de la ciudad, se encontraba vacío.

Con estos procesos en los que el capital impone sus normas, las ciudades pierden inevitablemente su personalidad y ceden parte de su patrimonio entregadas a los dinerales que multimillonarios están dispuestos a pagar  por inmuebles cuya rentabilidad está más que garantizada. Es sin duda una consecuencia perversa del capital. Y el desenlace es sabido: cualquier centro urbano se parece a otro en su pérdida de carácter.

Calle comercial en Colonia
¿Familiar? Es una calle comercial de Colonia.

Madrid parece un claro ejemplo. El panel de propietarios del centro de la capital está cambiando a marchas forzadas. Y no sólo son los fondos buitre y los millonarios tradicionales los que se abalanzan sobre los edificios más cotizados.

Con la bolsa de capa caída y la economía china en barrena, ricos chinos, filipinos, indios y del sudeste asiático han encontrado en los inmuebles de las grandes capitales europeas el lugar perfecto para poner su dinero a buen recaudo.

Tomando como ejemplo la Gran Vía, más de una decena de edificios se han vendido en los últimos dos años. Un ritmo frenético para la actividad inmobiliaria de la que es probablemente la calle más emblemática de la ciudad de Madrid.

La centenaria arteria madrileña es el claro reflejo de un ‘boom’ inversor que lleva dinero fresco a edificios emblemáticos. No hay más que ver al que fuera sede del Grupo Prisa convertido en un macro Primark, en manos de Amancio Ortega y alquilado a su competencia.

Edificio Primark de Plaza España
Edificio de Primark en la Gran Vía madrileña.

Además del dueño del Grupo Inditex, en los 1,3 kilómetros de longitud de la Gran Vía recientemente han comprado inmuebles aseguradoras como Axa, inversores mexicanos o grupos hoteleros como el español VP. “El interés por la Gran Vía engloba a prácticamente a todos los actores del mercado: promotores, fondos, inversores privados, compañías inmobiliarias y especialistas hoteleros”, explicó Elvira Rodríguez, directora de Inversión High Street de la consultora Aguirre Newman a Expansión.

El fenómeno al que asistimos no es nuevo, como relata Eduardo García Alfonso en su artículo ‘Ciudades neoliberales’. Hace ya años que “se viene desarrollando la expulsión de los arrendatarios locales, incapaces de pagar las elevadas rentas que los propietarios exigen ahora, son sustituidos por las multinacionales de la globalización”.

Así, el comercio del centro de Madrid en particular y el de las grandes ciudades en general está a medio camino entre el cierre de establecimientos tradicionales y la apertura de franquicias de todo tipo que vienen a sustituir al comercio tradicional. Desde los ya tradicionales Zara, H&M, Burger King o Vips, pasando por los nuevos fenómenos del tapeo en España, como el 100 Montaditos. Modelos ante los que el pequeño comercio no puede competir. Es lo que hay quien ya ha bautizado como ‘ciudad franquicia‘.

Se diluye la personalidad que confieren a las ciudades los pequeños comercios y se produce lo que el sociólogo George Ritzer etiquetó como “Mcdonaldización de la sociedad“. Según este proceso, la oferta comercial se homogeiniza de manera que se diluyen las diferencias entre lo que uno puede consumir en Madrid, Nueva York, Berlín o Pekín.

“Las autoridades municipales aplauden estos cambios”, se lamenta García Alfonso, porque “supone una imagen mediática que atrae turistas a la ciudad, genera ingresos para las arcas locales y permite que los ediles se hagan la foto para subir a las redes sociales con un Me gusta”.

Lo cierto es que vemos como pasan los años y el capital diluye la personalidad de nuestras ciudades, convertidas en refugio para multinacionales que pueden permitirse el pago de esas cantidades ante el gran retorno que reciben (caso Primark) o inversores multimillonarios conscientes de que tales edificios difícilmente perderán valor. El caso del Café Berlín es sólo otra muestra que ha saltado a la luz. Esperemos que no nos cierren el Toni 2.

3 COMENTARIOS

  1. ¡Buenísimo post! Lo único malo es la envidia que me corroe porque es el típico artículo que me habría encantado escribir a mí y, por no correr, cualquier cosa que prepare deslucirá al lado del tuyo jaja

  2. Estos hechos sólo vienen a confirmar la decadencia europea. ¿Dónde queda el romanticismo y el sentimiento de lo nuestro? ¿Globalización o Capitalización? Un post auténtico Gonzalo, sigue así :)

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