La organización territorial de la península Ibérica durante la Reconquista

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Este artículo forma parte de la serie “La organización territorial de la península ibérica y España“. Artículo anterior: la organización territorial de la península Ibérica en tiempo de  al-Ándalus. 

La Reconquista es el periodo que corre paralelo a la presencia de los munsulmanes en la península Ibérica. Contrariamente a lo que pudiera pensarse, si bien duró casi ochocientos años (desde la Batalla de Covadonga en 722 a la Toma de Granada en 1492), no durante todo este tiempo hubo enfrentamientos de manera continua. Sumados todos los años en que hubo guerras no fueron ni cien. Menos aún si tenemos en cuenta que únicamente se luchaba durante el buen tiempo (primavera-verano).

Mapa Reconquista
Mapa detallado de la Reconquista (en inglés).

Durante este periodo, más allá de las batallas, tiene lugar la repoblación y la organización del territorio reconquistado, mediante las cuales se irán configurando las bases de los reinos peninsulares. Así, los reinos cristianos fueron adquiriendo su forma en torno a lo que terminaron por ser cuatro cinco grandes núcleos en el siglo XII: el Reino de Portugal (ya independiente desde 1143), el Reino de León (que se uniría posteriormente a Castilla), el Reino de Castilla, el Reino de Navarra y el Reino de Aragón.

Península Ibérica antes de la batalla de las Navas de Tolosa.
Península Ibérica antes de la batalla de las Navas de Tolosa.

Los primeros esquemas de organización territorial en los núcleos políticos de la reconquista se redujeron a la creación de pequeños distritos militares. El proceso de territorialización en todos los reinos fue confuso debido a la existencia de señoríos que contaban con su propia organización. Hasta el S. XII el territorio de la “España” (entendida como una unidad para simplificar) cristiana se ordenó de manera general mediante condados (comitatus) de extensión variable, con diversas particularidades.

Así, en Asturias-León aparecieron pronto las mandaciones de límites inseguros, que en algunos casos coincidían con comarcas naturales. Sus encargados (mandans) actuaban en nombre del rey. Posteriormente se empezó a hablar de condes que contaban con una dignidad personal superior, aunque no ligada siempre al gobierno de un condado.

Expansión del reino de Asturias del siglo VIII al X.
Expansión del reino de Asturias del siglo VIII al X.

Castilla fue en origen un condado al sur del reino astur-leonés, con numerosas fortalezas. El conde Fernan González se independizó de León y unificó los diversos condados que componíanel territorio y que se constiturían en reino en 1035.

Condados de Castilla
Condados de Castilla 930-970. Fuente.

En los núcleos del Pirineo oriental, la influencia del Imperio Carolingio y sus esquemas feudales explican la temprana organización del territorio en condados. Allí los condes tenían delegados (vicarios y bayles) pero no se delimitaron claramente distritos en cada condado.

Condados pirenaicos en torno al siglo X
Condados pirenaicos en torno al siglo X, en tiempo del Califato.

Posteriormente, en Aragón y Navarra las demarcaciones encomendadas a los magnates fueron conocidas como honores y su gobierno conferido en beneficio. Ya partir del siglo XII, la organización territorial se hizo más compleja en todos los reinos hispánicos debido al ritmo de la reconquista y a la afirmación de las monarquías.

En Castilla, en la Baja Edad Media, el territorio seguía ordenado en los condados o tenencias, a cuyo frente el rey situaba como tenente a un noble. A lo largo de los siglos XII y XIII se consolidaron los reinos cristianos de la Península Ibérica, que llegaron a conquistar la mayoría de los reinos musulmanes con la excepción de Granada. En el siglo XIII se produjo también la unión definitiva de los reinos de Castilla y de León bajo el nombre de la Corona de Castilla.

En Castilla y Navarra aparecieron las merindades, a cuyo frente se situaba un merino. Esta figura experimentó un importante incremento de funciones. Concretamente, en Navarra, las merindades se crean en el siglo XIII bajo el reinado de Teobaldo II (1253-1270). De este modo, el territorio del reino de Navarra queda dividido en cuatro merindades más la tierra de Ultrapuertos que no se configuró como tal. A su vez el Valle era una confederación de aldeas y villas bajo la autoridad de uno o varios bayles menores a las órdenes del Merino.

Merindades de Navarra en el siglo XIII. Wikipedia.
Merindades de Navarra en el siglo XIII. Wikipedia.

En el lado castellano, también en el siglo XIII, durante el reinado de Fernando III, se instituyó la figura del merino mayor y los territorios comprendidos por los reinos de León, Castilla y Galicia (unidos por la corona), al que posteriormente se añadió Murcia, quedaron ordenados en cuatro grandes circunscripciones territoriales o distritos, al frente de cada uno se encontraba un merino mayor.

Alfonso X comenzó a poner al frente de los territorios reconquistados o adelantamientos a un adelantado de la frontera y posteriormente un adelantado mayor. Los adelantados mayores fueron delegados del rey que rigieron los distritos fronterizos con amplias competencias gubernativas, judiciales, militares y económicas.

A partir de 1230 ya hay Merinos Mayores en los reinos de León y Castilla, a los que Femando III añade otro en Galicia y Alfonso X otro más en Murcia, en 1252, a la par que crea, al año siguiente, el Adelantamiento Mayor de la Frontera o Andalucía. Desde 1258, los Merinos Mayores son sustituidos por Adelantados Mayores en Castilla, León y Murcia. Mientras que en Murcia y Andalucía se consolidaron los Adelantamientos Mayores, en Castilla, León y Galicia se observa, durante los siguientes decenios, una alternancia algo confusa entre Adelantados Mayores y Merinos Mayores.

Enrique II concluyó con aquella situación, al establecer que Castilla, León, Galicia, Andalucía y Murcia tendrían Adelantados Mayores. Se puede suponer que el ámbito teórico de acción de los Adelantados de León y Castilla comprendería también las respectivas zonas en la submeseta Sur y en las extremaduras.

Esta organización territorial se alteró pronto al ser sustituidos los adelantados por los alcaldes mayores y por los corregidores. La nueva organización, que comenzó a ser implantada desde el siglo XIV, tuvo carácter político y grandes repercusiones ya que suponía la posibilidad de administrar el territorio con criterios centralizadores que favorecían los intereses de la Corona. Las ciudades con voto en Cortes se erigieron como unidades de ordenación territoriales eficaces y manejables.

En la Corona de Aragón, la administración territorial no fue uniforme. En la Alta Edad Media el territorio se dividía en pequeños Honores o Tenencias vitalicias entregadas por el rey a gentes de confianza, apareciendo posteriormente los merinatos. En la Baja Edad Media, las circunscripciones territoriales eran las Honores, las Gobernaciones, las Universidades (municipios) y las Merindades (circunscripciones fiscales). Además los municipios se asociaron para defender el orden público constituyendo juntas con jurisdicción sobre el territorio global de los municipios confederados. Hubo también merinos con funciones análogas a las que en Cataluña tenían los bayles.

Expansión peninnsular del reino de Aragón. Fuente.
Expansión peninsular del reino de Aragón. Fuente.

La diversidad de los reinos que formaban la Corona de Aragón y la dispersión geográfica de sus territorios impuso que el monarca designara en ellos unos representantes suyos investidos de amplias facultades, sobre todo en el orden judicial, denominados genéricamente procuradores y procuradores generales o lugartenientes cuando eran el alter ego del monarca.

En los condados catalanes, que no se unieron a Aragón hasta 1150, la articulación y administración del territorio descansó durante mucho tiempo en las estructuras feudales del comienzo, centradas en la existencia de 14 ó 15 condados, algunos de ellos sin conde propio o teniéndolo durante etapas muy cortas. Por su parte, los batlles o bayles, en principio eran simples administradores de zona por encargo de los  condes y señores, aunque en el siglo XII se afianzan ya como oficiales públicos, jueces locales y agentes fiscales.

Los condados catalanes en el siglo
Los condados catalanes en el siglo XI.

Tras la independización del imperio carolingio en el S. XII, en Cataluña aparecen como nuevas demarcaciones territoriales las Baylías, que ostentaban una acumulación de competencias locales, acumulando funciones de policía, paz pública, jefatura de tropas, represión de crímenes y recaudación de tributos. Por encima de los Bayles estaba el Bayle general. La función administrativa propiamente dicha corresponde a las vegerías desde el siglo XII y a sus titulares, los vegueres.

Cataluña, Valencia y Mallorca ya formaban en la Baja Edad Media tres Baylías a cuyo frente se encontraban, en cada una, un bayle general que, como administrador del monarca y alto magistrado territorial, recibía de él por delegación toda clase de poderes.

En Valencia, el territorio quedó dividido en distritos o gobernaciones formados sobre la base de una circunscripción territorial denominada Justiciazgo (que fueron en el siglo XIII doce, y cuatro en el XIV). Al frente de cada uno había un justicia cuya autoridad se proyectaba a cuestiones judiciales, de orden público y de recaudación de impuestos. Además, los jurados junto con las parroquias elegían al bayle, que tenía competencias administrativas pero no jurisdiccionales.

El reino de Mallorca constituyó una Gobernación o Lugartenencia. Existieron en esa época dos vegueres, competentes uno en la ciudad y otro en el resto de la isla, con jurisdicción civil y criminal, pudiendo apelarse sus sentencias ante el Gobernador. Además, existía un Bayle con competencias ambiguas.

Una organización peculiar de tiempo de la reconquista la constituyeron las comunidades de villa y tierra, una forma de organización política de la Extremadura castellana, resultante de la organización de las tierras conquistadas por el Reino de Castilla a Al-Ándalus entre los siglos XI y XII.

Comunidades de villa y tierra de la Extremadura castellana
Comunidades de villa y tierra de la Extremadura castellana

En el Reino de Aragón, en la Extremadura aragonesa existieron unas instituciones parecidas, las comunidades de aldeas aragonesas. Las comunidades de aldeas son las de Calatayud (amarillo en el mapa inferior), Daroca (azul), Teruel (rojo) y Albarracín (verde), todas ellas con fuero. A veces se extiende la denominación a otras zonas más orientales, como el Bajo Aragón histórico y el Maestrazgo.

las comunidades de aldeas aragonesas
las comunidades de aldeas aragonesas

* Más información: en este artículo sobre la administración territorial y local en la España medieval.

Este artículo forma parte de la serie “La organización territorial de la península ibérica y España”. Artículo siguiente: Organización territorial de la península Ibérica con los Reyes Católicos. Consulta toda la serie.

7 COMENTARIOS

  1. Donde pone Reino de León ponga Reino de Galicia y entonces no caerá en la invención, asi se conocía al Reino en el mundo, así se referio incluso un Papa.

  2. El artículo cita la unión de los condados catalanes a Aragón en 1150, y en el parrafo siguiente, tras la independencia…, en referencia a Cataluña.
    Al respecto quiero citar la existencia del tratado de Corbeil, el cual demuestra:
    Que la unión de algunos territorios, no todos, primera errata, de lo que hoy conocemos como Cataluña a la Corona de Aragón, se produce en 1258, no en 1150, segunda errata, pudiendo deducir facilmente, que no podia existir Cataluña en esa época si parte de sus rerritoruos pertenecían al rey francés, tercera errata.
    https://es.m.wikipedia.org/wiki/Tratado_de_Corbeil

    Tambien me gustaría hacer referencia a la “Marca Hispanica”, que se omite totalmente en este artículo y que es fundamental, en mi opinión, en la epoca de la Reconquista, ya que, ademas de frenar la invasión musulmana hacia Europa, junto con su nacimiento de las manos de Ludovico, rey francés, este nombra el primer Conde de Barcelona.
    https://es.m.wikipedia.org/wiki/Marca_Hisp%C3%A1nica

    Obviamente no voy a creer, sin antes contrastar, el resto del artículo.

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